Volver a estudiar después de los 25: cómo combinar universidad, trabajo y nuevas metas profesionales

Volver a estudiar después de los 25 no depende solamente de tener ganas. Para quienes ya trabajan, tienen familia o sostienen un emprendimiento, el desafío suele ser encontrar una modalidad que permita estudiar sin detener la vida laboral. En ese escenario, la flexibilidad, el acompañamiento y el aprendizaje a lo largo de la vida ganan peso en la formación profesional.
El mercado laboral también está empujando ese cambio. El Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum señala que los empleadores esperan que el 39% de las habilidades esenciales de los trabajadores cambie hacia 2030 y relaciona esa transformación con una mayor necesidad de aprendizaje continuo, actualización y reconversión profesional.
“Van a aparecer nuevos empleos, pero también será necesaria la reconversión de los empleos existentes. Eso implica nuevas competencias y nuevas necesidades de formación” explica Constanza Dietrich, directora de Educación Continua de la Universidad Católica de Salta, presidenta de RECLA y participante del Foro Internacional de Innovación Educativa 2026 de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz).
¿Por qué volver a estudiar después de los 25?
La universidad ya no está asociada únicamente a una etapa que comienza al terminar el colegio. UNESCO define la educación de adultos como parte central del aprendizaje a lo largo de la vida e incluye, entre sus objetivos, el desarrollo profesional, la actualización de capacidades y la existencia de trayectorias flexibles para personas que necesitan volver a formarse en diferentes momentos de su vida.
Esa necesidad puede aparecer por razones distintas: acceder por primera vez a estudios superiores, completar una carrera pendiente, buscar una segunda profesión, actualizar conocimientos o prepararse para asumir nuevas responsabilidades. La edad, por sí sola, no determina el valor de esa decisión; lo decisivo es cómo la formación encaja con la trayectoria y los objetivos de cada persona.
¿Qué cambia cuando una persona estudia y trabaja al mismo tiempo?
Cuando la vida laboral ya está en marcha, el tiempo se convierte en un recurso crítico. Horarios rígidos, traslados y jornadas extensas pueden hacer difícil sostener una carrera tradicional. Por eso, la flexibilidad no significa reducir la exigencia académica: significa distribuirla de manera distinta y permitir que el estudiante organice parte de su aprendizaje alrededor de responsabilidades que ya existen.
“La educación online es un modelo educativo donde por primera vez en la historia, con carácter masivo, mucha gente puede aprovechar y ser ellos el centro de la formación. Es la formación la que se ajusta a sus necesidades, no ellos a las necesidades de los centros educativos” sostiene Lluís Pastor, experto en innovación educativa online.
En Unifranz Online, esta lógica se aplica mediante una modalidad semipresencial que combina plataforma digital, recursos de aprendizaje, acompañamiento docente y talleres presenciales semanales. La oferta institucional incluye Administración de Empresas, Derecho, Ingeniería Comercial, Contaduría Pública y Publicidad y Marketing.
¿Qué significa volver a estudiar cuando ya existe experiencia laboral?
Para quienes regresan a la universidad después de varios años de trabajo, la formación no ocurre sobre una hoja en blanco. La experiencia previa puede ayudar a interpretar contenidos, conectar conceptos con situaciones reales y reconocer con mayor claridad para qué se estudia.
A sus 37 años, Juan Valencia trabaja en el sector educativo y cursa el cuarto semestre de Administración de Empresas.
“Por mi trabajo necesitaba actualizar mi formación, porque solo contaba con mi título de bachiller y no había podido acceder a estudios superiores. Buscando una modalidad flexible encontré Unifranz Online. Me animé porque puedo organizar mis tiempos y estudiar según mis horarios. Mi trabajo muchas veces demanda muchas horas y la educación tradicional no ofrece la flexibilidad que sí encontré aquí”, destaca Juan.
Durante años, las exigencias laborales le impidieron acceder a estudios superiores. Su decisión de volver a estudiar nació de una necesidad concreta: actualizar su formación y aspirar a mayores responsabilidades.
“Actualmente estudio Administración de Empresas, es una carrera que realmente me apasiona. Desde niño nunca me conformé con quedarme donde estaba; siempre quise seguir creciendo. En mi trabajo aspiro a ocupar un cargo de mayor responsabilidad y esta carrera me permitirá acceder a esa oportunidad”, añade Juan.
¿Cómo se integra lo aprendido con un emprendimiento?
Gean Carlos Zavala, de 32 años, combina su emprendimiento con la carrera de Publicidad y Marketing. Su experiencia muestra una de las ventajas potenciales de estudiar cuando ya se trabaja: algunos conocimientos pueden aplicarse de inmediato a problemas reales.
“Estaba buscando una modalidad nueva que se ajuste a no dejar de trabajar, y poder seguir estudiando y aprendiendo”, explica Gean Carlos Zavala.
En su caso, contenidos relacionados con publicaciones en redes sociales, producción de videos y manejo de marca ya forman parte de la gestión cotidiana de su negocio. La formación se convierte así en una herramienta que acompaña una actividad económica existente, en lugar de quedar separada de ella.
¿Es tarde para empezar una carrera a los 27, 30 o más años?
La sensación de que existe una “edad correcta” para entrar a la universidad puede convertirse en una barrera antes incluso de revisar las opciones disponibles. Christian Pérez Báez, de 27 años, trabaja como barista y estudia Administración de Empresas. Para compatibilizar ambas actividades, organiza su jornada entre el trabajo por la mañana y las tareas académicas por la tarde.
“A veces uno siente que ya es un poco mayor y que se le pasó el momento para volver a estudiar. Pero siempre es bueno ganar experiencia y aprender cosas nuevas”, relata Christian.
Su experiencia, muestra que retomar estudios puede implicar reorganizar horarios y hábitos, no necesariamente abandonar la actividad laboral que sostiene el presente.
¿Qué papel cumple la universidad frente a nuevas trayectorias profesionales?
Las trayectorias educativas son cada vez menos lineales. Una persona puede comenzar a trabajar antes de ingresar a la universidad, interrumpir una carrera, regresar años después o necesitar nuevas competencias para cambiar de función.
“Lo que menos tienen nuestros estudiantes es tiempo”, destaca Alejandro Castellanos, director nacional de Unifranz Online.
Frente a esa realidad, las instituciones pueden ampliar las posibilidades de acceso mediante modalidades flexibles y acompañamiento, sin convertir la flexibilidad en una reducción de estándares académicos.
“La universidad deja de ser un espacio exclusivo para quienes tienen tiempo completo y se convierte en una oportunidad real para quienes necesitan equilibrar múltiples responsabilidades”, agrega Castellanos.
La Recomendación sobre Aprendizaje y Educación de Adultos de UNESCO plantea precisamente la necesidad de ofrecer oportunidades y trayectorias flexibles, centradas en las personas y conectadas con sus necesidades sociales y laborales.
Las modalidades online o semipresenciales ofrecen mayor flexibilidad, pero siguen exigiendo organización, autonomía y compromiso. El objetivo no es “empezar de cero”, sino sumar formación académica a la experiencia que la persona ya construyó.
Volver a estudiar no es volver al punto de partida
Quien vuelve a la universidad después de los 25 llega con una trayectoria previa: trabajo, responsabilidades, aprendizajes informales, experiencia con clientes, equipos o problemas concretos. Esa experiencia no reemplaza la formación académica, pero puede darle contexto y propósito.
Para Juan Valencia, la decisión llegó después de años de trabajo. Su historia resume una idea que atraviesa también las experiencias de Gean Carlos y Christian: estudiar puede convertirse en una manera de construir el siguiente paso profesional sin negar lo ya recorrido.
“Nunca es tarde para empezar”, concluye Juan.
Más que volver al inicio, estudiar después de los 25 puede significar avanzar con una base diferente: la experiencia que ya se tiene y una meta profesional más clara.