Vivir sin dejar pendientes: la historia de María Paula Muñoz y su regreso a la universidad

«Vivir es urgente». Esa frase acompaña a María Paula Muñoz desde hace varios años y resume la forma en que decidió enfrentar la vida. Para ella, no significa correr ni hacer todo deprisa, sino vivir con propósito, sin dejar que los sueños se conviertan en asuntos pendientes.
Con esa convicción, a sus 59 años volvió a la universidad para estudiar Derecho en Unifranz Online, una carrera que había intentado cursar en dos ocasiones anteriores, pero que las circunstancias de la vida la obligaron a postergar.
«La primera vez quedé embarazada de mi hija y era un embarazo de alto riesgo. La segunda vivía en otra ciudad y surgió la oportunidad de regresar a Santa Cruz. Las dos veces dejé la carrera por buenas razones. Hoy entiendo que cada cosa tiene su tiempo y este era el mío», cuenta.
Después de décadas dedicadas al trabajo, la familia y múltiples proyectos personales, decidió que había llegado el momento de cumplir ese sueño que nunca desapareció del todo.
«No quiero dejar cosas pendientes en mi vida. A veces uno piensa: ‘¿Por qué no lo hice antes?’. Pero ese pensamiento no aporta nada. Lo importante es que hoy lo estoy haciendo», afirma.
Su historia representa una realidad cada vez más frecuente. Muchas personas llegan a la adultez con metas académicas que quedaron en pausa por razones laborales, familiares o económicas. Hoy, gracias a modalidades educativas más flexibles, esos proyectos vuelven a ser posibles.
Una modalidad que se adapta a una vida llena de responsabilidades
María Paula trabaja ocho horas al día en una oficina. Además, acompaña a su esposo en un emprendimiento gastronómico, participa en diferentes actividades, comparte tiempo con sus tres hijos y cuida de 21 perros que forman parte de su familia. En medio de esa agenda, también encontró espacio para convertirse nuevamente en estudiante.
«La única manera de estudiar era hacerlo en una modalidad como esta, que se adapta perfectamente a mi vida», explica.
La organización fue clave. Además de asistir a los encuentros presenciales, reservó un espacio fijo en su rutina para estudiar todos los días.
«Me puse horarios. Todos los días necesito dedicar por lo menos una hora y media a la universidad. Aunque esté en mi casa, ese tiempo lo respeto como si estuviera en una clase presencial. Eso me permitió disfrutar el primer semestre y terminarlo con satisfacción», relata.
Para Alejandro Castellanos, director nacional de Unifranz Online, esa posibilidad responde justamente a la esencia del modelo educativo.
«La flexibilidad de Unifranz Online actúa como un puente que derriba las barreras del tiempo y el espacio, devolviéndoles a los estudiantes el control de su agenda», señala.
Según Castellanos, la mayoría de quienes eligen esta modalidad comparten una característica: «Lo que menos tienen nuestros estudiantes es tiempo». Por ello, el modelo combina contenidos virtuales, talleres presenciales y acompañamiento docente para que las personas puedan compatibilizar estudio, trabajo y vida familiar.
«La universidad deja de ser un espacio exclusivo para quienes tienen tiempo completo y se convierte en una oportunidad real para quienes necesitan equilibrar múltiples responsabilidades», sostiene.
Para María Paula, esa combinación entre virtualidad y presencialidad ha sido determinante. «No podría estudiar en una modalidad cien por ciento presencial porque tendría que dejar de trabajar, y esa opción simplemente no existe para mí. En cambio, este formato me permite avanzar, tener contacto con los docentes y compartir con compañeros. Formamos un grupo de estudio entre seis personas y aprendemos muchísimo unos de otros».
Nunca es tarde para volver a empezar
Regresar a la universidad después de tantos años también significó enfrentarse a nuevos desafíos. Compartir aulas con personas varias décadas menores, adaptarse a nuevas tecnologías y recuperar hábitos de estudio exigió disciplina, pero también la confirmó en una idea que siempre la ha acompañado.
«Está fantástico animarse a ser principiante otra vez, a aprender, a compartir con personas de veinte, treinta o cuarenta años menores que uno. Todo eso me fortalece. No me quita nada de quien soy; al contrario, me hace crecer».
Castellanos considera que ese compromiso personal es uno de los mayores desafíos de la educación online.
«La motivación dura unas semanas; después aparece la disciplina. Por eso les decimos a nuestros estudiantes que esta es una decisión de largo aliento y que es importante hablar con la familia y con el entorno laboral para construir ese apoyo», explica.
En el caso de María Paula, la decisión también estuvo acompañada por su esposo, quien fue el primero en sugerirle que conociera la propuesta académica de Unifranz Online cuando ella decidió retomar el proyecto de estudiar Derecho.
Hoy, después de completar su primer semestre, asegura que no cambiaría esa decisión por nada.
«El tiempo es lo único que no recuperamos. Si tienes ganas de estudiar, hazlo. Uno se adapta. Lo importante es no quedarse con esa sensación de que pudo haberlo intentado y no lo hizo.»
Su historia demuestra que la educación no tiene una edad determinada. Mientras existan las ganas de aprender y una modalidad que entienda la realidad de quienes trabajan, tienen familia y múltiples responsabilidades, siempre habrá espacio para empezar de nuevo.
Porque, como repite María Paula cada vez que habla de sus sueños, vivir es urgente.