Unifranz lanza el Instituto de Innovación Educativa para convertir experiencias de aula en conocimiento que transforma

Unifranz lanza el Instituto de Innovación Educativa para convertir experiencias de aula en conocimiento que transforma

La Universidad Franz Tamayo (Unifranz) pone en marcha su Instituto de Innovación Educativa (IIE), una capacidad institucional orientada a investigar, experimentar, sistematizar y transferir conocimiento para contribuir a la transformación de la educación superior. Su concepto rector resume esta apuesta: “Del aula que innova al conocimiento que transforma”.

¿Por qué crear un Instituto de Innovación Educativa?

La educación superior enfrenta cambios acelerados en la tecnología, el mundo laboral y las formas de aprender. En este escenario, innovar no significa incorporar herramientas por tendencia, sino formular preguntas sobre problemas reales, investigar, probar alternativas, recoger evidencia y utilizar los aprendizajes para mejorar.

Ariel Villarroel, coordinador nacional del IIE, señala que la innovación educativa debe entenderse como un proceso sistemático. El instituto busca que las experiencias desarrolladas en las aulas puedan convertirse en conocimiento compartido, analizado, adaptado y transferido.

Esta mirada coincide con el debate internacional. El Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo de la UNESCO advierte que la evidencia sobre el valor añadido de la tecnología educativa todavía es limitada y plantea priorizar los objetivos de aprendizaje, el contexto y las necesidades de estudiantes y docentes.

¿Qué hará el Instituto de Innovación Educativa?

El IIE trabajará sobre un ciclo que parte de un problema o pregunta y avanza hacia la investigación, el diseño, la experimentación, la generación de evidencia, el aprendizaje y, cuando corresponda, la transferencia o el escalamiento.

Su propósito es promover la transformación de la educación mediante la investigación, el desarrollo, la difusión y la implementación de prácticas innovadoras en la enseñanza y el aprendizaje. El instituto tendrá cuatro frentes de acción: investigación aplicada, desarrollo profesional docente, diseño curricular y apoyo a la implementación.

En la práctica, esto significa estudiar experiencias educativas, acompañar su diseño y experimentación y generar evidencia que permita decidir qué ajustar, sostener, adaptar o escalar.

Cinco líneas para investigar el futuro del aprendizaje

La agenda inicial se organiza en cinco áreas: Tecnología Educativa e Innovación Digital; Aprendizaje Activo y Experiencial; Desarrollo de Competencias y Formación Integral; Métodos Alternativos de Evaluación y Acreditación; y Educación Continua y Aprendizaje a lo Largo de la Vida.

También incorpora personalización y flexibilidad curricular, inclusión y equidad, colaboración interdisciplinaria y educación global y multicultural. El enfoque dialoga con el Learning Compass 2030 de la OCDE, que destaca la agencia de los estudiantes, el bienestar y el desarrollo de competencias para afrontar contextos cambiantes.

Del aula a un ecosistema de innovación

El lanzamiento contempla tres componentes visibles: las Comunidades de Innovación Educativa, la Plataforma de Innovación Educativa y el Observatorio de Innovación Educativa. A ellos se suma el Laboratorio de Experimentación Educativa como dispositivo metodológico transversal.

Las comunidades constituyen el primer hito, con una convocatoria inicial dirigida a docentes a tiempo completo. Allí podrán compartir experiencias, identificar problemas educativos, formular preguntas investigables y desarrollar proyectos entre asignaturas, carreras, facultades o sedes.

La Plataforma se proyecta como una memoria digital de proyectos y experiencias, mientras que el Observatorio tendrá como función futura identificar tendencias, analizar cambios y sistematizar evidencia. Ambos se desarrollarán por etapas y solo se comunicarán como disponibles cuando sus funcionalidades hayan sido implementadas y validadas.

Innovar con propósito y evidencia

El IIE parte de una premisa: la innovación educativa no debe confundirse con tecnología. La inteligencia artificial y las herramientas digitales pueden formar parte de las soluciones, pero su incorporación dependerá de los objetivos de aprendizaje, la evidencia disponible y el contexto.

Para Villarroel, esta perspectiva permite pasar de hacer cosas nuevas a aprender de manera sistemática qué prácticas pueden mejorar la enseñanza. La UNESCO coincide en que la tecnología educativa debe evaluarse por su pertinencia y capacidad de fortalecer los procesos de aprendizaje, en lugar de asumirse como un fin en sí misma.

La hoja de ruta del Instituto se proyecta hasta 2028. Durante este periodo, las comunidades impulsarán proyectos; los pilotos generarán evidencia; la Plataforma organizará progresivamente el conocimiento; y el Observatorio contribuirá a interpretar tendencias y difundir aprendizajes.

Con esta estructura, Unifranz busca consolidar una cultura en la que investigar, experimentar, documentar y compartir formen parte de la innovación educativa: que las experiencias no queden aisladas en el aula, sino que puedan convertirse en evidencia, conocimiento y soluciones con potencial de transformación.