Un nuevo contrato educativo para el 2030: aprender durante toda la vida

Un nuevo contrato educativo para el 2030: aprender durante toda la vida

La tecnología está transformando la forma en que las personas aprenden, trabajan y se relacionan con el conocimiento. Sin embargo, para los educadores, el verdadero desafío no está solo en incorporar herramientas digitales al aula, sino en potenciar aquello que sigue siendo esencialmente humano: el pensamiento crítico, la creatividad, la ética y la capacidad de aprender.

Para Humberto Portocarrero, subdirector del Colegio Saint Andrews, “el mayor desafío ya no es incorporar tecnología al aula. Ese es probablemente el desafío más visible, pero no el más importante. El verdadero reto es rediseñar el aprendizaje”.

Portocarrero sostiene que muchas instituciones educativas continúan organizando la enseñanza bajo una lógica en la que el conocimiento era escaso y el docente era la principal fuente de información. Sin embargo, en un contexto en el que los estudiantes acceden de manera inmediata a contenidos mediante la inteligencia artificial, la escuela debe asumir un nuevo rol.

“El valor de la escuela ya no está en transmitir contenidos, sino en desarrollar comprensión conceptual, pensamiento crítico, capacidad de transferencia, juicio ético y aprendizaje autónomo”, afirma. Para ello, considera necesario revisar profundamente el currículo, las metodologías, la evaluación y, especialmente, la formación continua de los docentes.

Vladimir Peñaranda, director del colegio San Francisco de la Tercera Orden, coincide en que preparar a los estudiantes para un mundo en constante cambio exige desarrollar competencias del siglo XXI, entre ellas el pensamiento crítico, la creatividad, la resolución de problemas y las habilidades digitales.

A estas capacidades, Peñaranda suma la importancia de fortalecer las habilidades blandas, la inteligencia emocional, la gestión de emociones y la tolerancia a la frustración. “Tenemos que formar estudiantes capaces de adaptarse a los constantes cambios tecnológicos y laborales”, señala, y remarca que la educación debe responder también a las necesidades emocionales y sociales de los estudiantes.

En ese escenario, la innovación educativa, la investigación y el aprendizaje permanente aparecen como elementos esenciales para mejorar la calidad educativa. Peñaranda plantea que los docentes deben comprender mejor cómo aprenden hoy los estudiantes y adaptar sus prácticas a nuevas formas de procesar la información, apoyándose en la neurociencia y en procesos de formación continua.

“Hay que trabajar en una formación permanente, con e-learning, con plataformas mucho más dinámicas de aprendizaje, y generarle al profesor todas las herramientas para que pueda no solamente actualizarse, sino hacer investigación”, sostiene. Para el director, esta actualización debe partir también de las necesidades reales de cada colegio, universidad y comunidad educativa.

Respecto al uso de la inteligencia artificial, ambos educadores coinciden en que la tecnología debe ser entendida como una herramienta de apoyo y no como un reemplazo del proceso educativo. “La tecnología no reemplaza la enseñanza, es una herramienta”, afirma Peñaranda, al destacar que el rol docente sigue siendo fundamental para guiar, motivar, acompañar y formar en valores.

Portocarrero complementa esta mirada al señalar que las herramientas cambian con rapidez, pero las capacidades humanas seguirán siendo el verdadero diferencial. Por ello, considera fundamentales el pensamiento crítico, la creatividad, la alfabetización digital e inteligencia artificial desde una perspectiva ética, y la capacidad de aprender a aprender. “La IA puede responder muchas preguntas, pero sigue siendo el ser humano quien debe formular las preguntas correctas”, puntualiza.

Estas reflexiones forman parte del debate que impulsa el VII Foro Internacional de Innovación Educativa (FIIE 2026), un espacio que busca reunir a especialistas, autoridades, docentes, investigadores, estudiantes, universidades y actores vinculados al desarrollo educativo del país. Para Peñaranda, este tipo de iniciativas permiten conocer experiencias exitosas, tendencias educativas y avances tecnológicos de otros contextos.

Desde la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), Pedro Sáenz, vicerrector de la sede La Paz, explica que el FIIE es un espacio destinado a fomentar el diálogo, la reflexión y la construcción colectiva frente a los grandes desafíos de la educación. “La importancia está justamente en poder conectar al país con conversaciones internacionales en una temática tan importante como es la educación”, señala.

Sáenz sostiene que Bolivia no puede quedarse como espectadora frente a los cambios globales, sino que debe participar, proponer, adaptar y generar conocimiento desde su propia realidad. En ese marco, el foro plantea la idea de un nuevo contrato educativo hacia el 2030, entendido como una educación más flexible, pertinente y conectada con las distintas etapas de la vida.

El mensaje es claro: el futuro de la educación no se construye mañana, sino con las decisiones que se toman hoy. “El desafío no es reemplazar al humano con tecnología, sino usar esa tecnología para potenciar más lo humano que tenemos dentro de los procesos educativos”, afirma Sáenz. 

“Hoy en día ya no es suficiente pensar que la educación es una etapa que termina con un título”, afirma el vicerrector. Para Sáenz, el mundo laboral cambia con rapidez, las competencias profesionales se transforman y la inteligencia artificial modifica la forma en que las personas aprenden, trabajan y viven. Por ello, la educación debe acompañar a las personas a lo largo de toda la vida.

Para Unifranz, el FIIE busca abrir una conversación profunda sobre innovación, inteligencia artificial, empleabilidad, políticas públicas y cooperación internacional, para que Bolivia sea parte activa de la transformación educativa.

Para Peñaranda, la importancia de espacios como el FIIE radica en que permiten fortalecer las capacidades de quienes trabajan directamente en educación, impulsar la innovación y contribuir a la mejora continua del sistema educativo boliviano. Además, considera clave que las conclusiones de estos encuentros no se queden solo en documentos, sino que puedan socializarse con docentes, instituciones y entidades responsables de la gestión educativa.

Portocarrero coincide en que estos espacios son fundamentales porque ningún actor educativo posee por sí solo todas las respuestas. “La educación enfrenta desafíos demasiado complejos para ser abordados desde miradas aisladas”, afirma. En ese sentido, sostiene que el FIIE permite compartir evidencia, contrastar experiencias y construir consensos sobre hacia dónde debe evolucionar la educación.