Turismo creativo en Bolivia: identidad, cultura e innovación que pueden generar desarrollo local

¿Qué ocurre cuando el visitante deja de observar un destino y comienza a participar de la vida, las costumbres y los conocimientos de una comunidad? Esa pregunta abre paso al turismo creativo en Bolivia, una forma de viajar en la que conocer un lugar implica involucrarse, aprender y vivir experiencias conectadas con su identidad.
Para Bolivia, caracterizada por su diversidad cultural, geográfica y productiva, este enfoque ofrece una oportunidad. Renovar su oferta turística y generar actividad económica en comunidades y municipios que no necesariamente cuentan con grandes infraestructuras o atractivos consolidados.
“El turista quiere experiencia, quiere vivencias, quiere ser parte de lo que se construye para él”, afirmó Alex Paredes, experto en economía creativa y turismo creativo, durante su conferencia magistral “Reinventar el destino: Turismo creativo como estrategia de desarrollo territorial”.
La ponencia fue presentada en el IV Foro Internacional de Economía Creativa (FIEC) de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), realizado el 17 y 18 de septiembre de 2026 en Cochabamba. El planteamiento propone pasar de un turismo centrado en la contemplación hacia otro basado en la participación.
Aprender una técnica artesanal, preparar un alimento tradicional, conocer un proceso productivo o recorrer una comunidad junto a sus habitantes pueden convertirse en experiencias con valor cultural y económico.
La identidad también genera valor
El turismo creativo se relaciona con la economía creativa porque utiliza cultura, conocimiento, talento e innovación para desarrollar productos, servicios y experiencias. En lugar de separar identidad y actividad económica, busca conectarlas para que el valor generado permanezca vinculado con el territorio.
“El turismo creativo es 100% colaborativo, requiere la participación del entorno para construir la oferta”, sostiene Paredes.
Desde la academia, Mónica Pacheco, coordinadora del Centro de Investigación, Innovación y Transformación Digital en Turismo (CIINTUR) de Unifranz, coincide en el potencial de esta relación entre creatividad, identidad y territorio.
“La economía creativa potencia la diversificación del turismo. Aporta frescura e innovación, porque pone en el centro la identidad y la capacidad de generar experiencias únicas para el visitante”, explica Pacheco.
Esta perspectiva coincide con la UNESCO, que reconoce a las industrias culturales y creativas como motores del crecimiento económico y el desarrollo sostenible, debido a su capacidad para combinar creatividad y emprendimiento, generar empleo y producir valor cultural. Aplicada al turismo, esta mirada permite convertir la cultura y el patrimonio de los territorios en oportunidades económicas sin desvincularlos de las identidades, los valores y los significados que representan.
Una tradición puede articular recorridos, talleres y actividades junto con quienes conservan ese conocimiento. Lo mismo puede ocurrir con la música, los textiles, la agricultura, las festividades, los relatos locales o los oficios transmitidos entre generaciones.
Un producto adquiere otra dimensión cuando se conecta con su origen, sus protagonistas y el lugar donde fue creado. Paredes utiliza como ejemplo el vino: una botella puede vincularse con la historia de las familias productoras, el paisaje, las técnicas de elaboración, la arquitectura de las bodegas, la gastronomía y las rutas del territorio.
Así, una experiencia turística puede articular a productores, emprendedores y prestadores de servicios de un mismo territorio.
Turismo creativo en Bolivia, una oportunidad para nuevos destinos
Uno de los mayores potenciales del turismo creativo es que permite pensar el desarrollo más allá de los destinos tradicionalmente posicionados. Los territorios pequeños no necesitan reproducir modelos externos para diferenciarse, su principal fortaleza puede estar en aquello que ya poseen y que difícilmente puede repetirse en otro lugar.
“Cada uno de nuestros pueblos eslo hace único, no se repite, no es repetible”, sostuvo Paredes.
En Bolivia, esta perspectiva puede contribuir a diversificar los circuitos turísticos y abrir oportunidades para comunidades con menor presencia en las rutas convencionales. Una experiencia bien articulada puede movilizar servicios de alimentación, transporte, artesanía, hospedaje y guiado, permitiendo que una parte mayor de los recursos permanezca en el territorio.
Convertir la identidad en una experiencia turística tampoco significa comercializar cualquier práctica cultural. El desafío está en construir propuestas respetuosas con las comunidades, el patrimonio y el territorio.
Pacheco amplía esta mirada desde la sostenibilidad: “El turismo ha sido reconocido dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) por su carácter multidimensional. Es necesario repensar constantemente su papel en la construcción de un futuro sostenible”.
Añade que “el sentido de pertenencia es clave para la construcción de la identidad del turista, quien vuelve al destino y lo recomienda”.
El FIEC conectó creatividad, turismo y desarrollo territorial
La reflexión sobre turismo creativo formó parte de la cuarta versión del Foro Internacional de Economía Creativa de Unifranz, desarrollada bajo el concepto “Creatividad que conecta. Oportunidades que transforman”.
El encuentro reunió a especialistas nacionales e internacionales, emprendedores, académicos, gestores culturales, empresarios y representantes institucionales para analizar cómo el talento y la creatividad pueden convertirse en innovación, emprendimiento y desarrollo.
La agenda abordó economía creativa, inteligencia artificial, futuro del trabajo, turismo y gastronomía creativa, clústeres, tecnología y nuevos modelos de negocio. Además de su conferencia, Paredes desarrolló una clase magistral sobre modelos de negocio aplicados al turismo creativo y presentó su libro “Apostar por el turismo creativo”.
La discusión dejó un aporte especialmente relevante para Bolivia: reinventar un destino no significa transformarlo en algo que no es ni construir necesariamente nuevos atractivos. El punto de partida puede estar en reconocer aquello que el territorio ya posee y encontrar maneras innovadoras, participativas y sostenibles de compartirlo.
El turismo creativo invita así a dejar de pensar únicamente en qué lugares puede visitar el viajero y comenzar a preguntarse qué puede vivir, aprender y crear junto con las personas que habitan el destino. Cuando la comunidad participa en esa construcción, la identidad deja de ser solo un recurso de promoción y puede convertirse en una fuente de valor cultural, emprendimiento y desarrollo local sin perder su esencia.