Turismo creativo: cómo convertir la identidad de un territorio en experiencias y oportunidades

El turismo creativo propone que el visitante pase de observar un destino a participar en experiencias vinculadas con su cultura, sus saberes, sus oficios y su identidad. La presentación del libro “Apostar por el Turismo Creativo”, de Alex Paredes Lazo, puso esta idea en el centro del cierre del IV Foro Internacional de Economía Creativa (FIEC 2026), realizado el 17 y 18 de septiembre en Cochabamba.
La UNESCO describe el turismo creativo como una modalidad que permite al viajero desarrollar su potencial creativo mediante cursos o experiencias características del lugar que visita y que favorece la participación activa de las comunidades. Desde esa perspectiva, la creatividad puede convertirse en un componente del desarrollo territorial cuando conecta patrimonio, innovación y oportunidades para la comunidad.
El planteamiento se articuló con el concepto de la cuarta edición del FIEC 2026: “Creatividad que conecta. Oportunidades que transforman”. El foro, organizado por la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), reunió en Cochabamba a especialistas, emprendedores, académicos, gestores culturales y representantes de distintos sectores para analizar la relación entre creatividad, territorio, tecnología, turismo y nuevos modelos de negocio.
La rectora de Unifranz, Verónica Ágreda de Pazos, planteó la discusión de la siguiente manera: “Una playa se gasta con el uso, mientras que un oficio se fortalece cada vez que alguien lo enseña”.

La idea lleva la conversación hacia una pregunta de fondo: ¿cómo generar desarrollo en territorios cuyos recursos naturales son finitos y que necesitan nuevas alternativas económicas? La respuesta pone el foco en las personas, en aquello que una comunidad sabe hacer, crear, transmitir y transformar en una experiencia.
¿Qué es el turismo creativo?
El turismo creativo es una modalidad turística en la que el visitante participa activamente en experiencias relacionadas con la cultura y la creatividad del territorio que visita. Puede incluir actividades vinculadas con artesanía, gastronomía, música, danza, diseño, fotografía, literatura, lenguas, oficios y otros saberes locales.

La UNESCO explica que este enfoque busca que el viajero no sea únicamente un observador, sino que pueda aprender, crear o interactuar con creadores y comunidades locales. La organización también vincula el turismo cultural y creativo con la generación de oportunidades para actividades basadas en creatividad y propiedad intelectual, desde la artesanía tradicional hasta las industrias culturales.
Para Ágreda, esa transformación ya modifica la relación entre viajeros y comunidades.
“El viajero dejó de conformarse con mirar y ahora quiere participar, quiere vivir una experiencia”, afirmó.
La mirada coincide con el trabajo de Alex Paredes Lazo, especialista en economía creativa y turismo creativo y autor de “Apostar por el Turismo Creativo”. La obra reúne 38 casos de América Latina y el Caribe y plantea este nuevo enfoque como una vía para convertir el patrimonio cultural y las experiencias creativas en desarrollo territorial.
Del patrimonio a una oportunidad para quedarse
La discusión no se limita al visitante. También tiene que ver con quienes habitan los territorios.
Uno de los desafíos planteados por Ágreda es la fuga de talentos, jóvenes, artesanos, artistas y emprendedores que muchas veces buscan oportunidades lejos de sus comunidades. Desde esa perspectiva, el turismo creativo puede convertirse en una herramienta para generar nuevas razones para permanecer, emprender y desarrollar capacidades en el propio territorio.
Paredes Lazo plantea, además, la necesidad de dispersar los flujos turísticos y llevar visitantes hacia distintos lugares, evitando que la actividad se concentre únicamente en los destinos tradicionales. La gastronomía, la artesanía, la agricultura, las lenguas y los saberes ancestrales pueden así pasar de ser únicamente expresiones culturales a formar parte de experiencias capaces de generar actividad económica.
La propuesta del libro también pone la mirada en la relación entre industria, emprendedores y Estado. La Red Nacional de Territorios Creativos de Chile, de la que Paredes forma parte, describe su trabajo como una articulación territorial orientada a poner en valor la cultura y las industrias creativas como alternativas de desarrollo local.
¿Qué busca el turista?
Para Paredes Lazo, la transformación del visitante también supone un cambio en la manera de diseñar productos turísticos.
“El espectador, como lo conocíamos antes de la pandemia, ha muerto”, sostuvo. En su lugar aparece un visitante que busca interactuar y convertirse en co-creador de la experiencia.
La diferencia es significativa. Ya no se trata solamente de vender una ruta o mostrar un atractivo, sino de construir experiencias capaces de conectar personas, conocimientos e identidad. La UNESCO identifica precisamente la participación activa y la interacción con las comunidades como rasgos distintivos del turismo creativo.
Esta mirada coincide con el enfoque que Unifranz llevó al IV Foro Internacional de Economía Creativa: conectar talento, conocimiento, tecnología y oportunidades para explorar nuevas formas de desarrollo territorial. La agenda del FIEC 2026 incluyó turismo creativo, gastronomía, clústeres, inteligencia artificial y nuevos modelos de negocio.
Una economía cuyo yacimiento está en las personas
La economía creativa desplaza la mirada tradicional sobre los recursos. Su principal activo puede encontrarse en lo que las personas saben, imaginan, crean y comparten.
“Todo lo que hacemos en economía creativa […] entrega posibilidades. Y estamos llenos de posibilidades”, resumió Paredes Lazo.
La frase sintetiza el desafío de convertir esas posibilidades en experiencias, emprendimientos, productos y servicios sin perder la identidad que les da origen. Para ello, academia, empresas, emprendedores, comunidades e instituciones públicas necesitan generar condiciones para que el talento pueda transformarse en oportunidades.
En Cochabamba, la pregunta queda abierta. Quizá el próximo gran recurso de un territorio no sea algo que pueda extraerse, sino algo que pueda aprenderse, compartirse y volver a crear.