Tres de cuatro adolescentes en Cochabamba luchan contra su propia mente; Unifranz tiene datos y respuestas

Tres de cuatro adolescentes en Cochabamba luchan contra su propia mente; Unifranz tiene datos y respuestas

Lo esencial: Un estudio de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) Cochabamba aplicado a 1.254 adolescentes reveló que el 85,2% presenta sintomatología ansiosa, el 77,5% depresiva y el 69,3% de estrés en niveles que van de leve a muy severo. No es una tendencia preocupante, es una emergencia silenciosa.

Por qué importa: Bolivia tiene solo cinco centros públicos de salud mental para doce millones de habitantes y la incidencia de estos problemas de salud mental en la población adolescente es una señal de alerta que se debe tomar en cuenta. El malestar no desaparece al terminar el colegio — el In Sight Lab de Unifranz lo confirma con 359 estudiantes atendidos en menos de un año.

El estudio de Unifranz, aplicado a jóvenes de 12 a 18 años de 15 unidades educativas identificó cuatro factores que se combinan y que configuran condiciones de estrés tóxico: violencia intrafamiliar, presión socioeconómica, incertidumbre vocacional y cultura digital adversa. Las mujeres presentan mayor carga sintomática en las tres dimensiones.

El dato más sorprendente del centro de aprendizaje de la carrera de Psicología In Sight Lab, señala que los estudiantes de Medicina encabezan la demanda de atención con el 54,6% del total. Quienes estudian la mente y el cuerpo también se quiebran.

Unifranz ya está respondiendo con terapia cognitivo-conductual, educación socioemocional, psicoeducación familiar y orientación vocacional. Cada intervención se hace con evidencia científica y cada una pensada para Bolivia.

El dato que reencuadra todo: La OMS advirtió que el 50% de los trastornos mentales en adultos comienza antes de los 14 años. Unifranz confirma esa estadística con datos propios desde Cochabamba.

Por qué esto va más allá de un estudio universitario: El vicerrector de Unifranz Cochabamba, Rolando López, lo formuló con precisión: «La medicina del futuro no solo debe curar enfermedades — debe aprender a comprender a las personas, prevenir el sufrimiento emocional y construir bienestar desde edades tempranas».