Transformación de la formación universitaria: cómo cambia la preparación profesional

La universidad está replanteando cómo formar profesionales porque el trabajo cambia al mismo tiempo que avanzan la inteligencia artificial, la automatización y las nuevas ocupaciones. La preparación ya no puede limitarse a transmitir contenidos: también necesita desarrollar capacidad para adaptarse, resolver problemas, trabajar con tecnología, colaborar y seguir aprendiendo durante toda la trayectoria profesional.
“La transformación también es la inclusión de la transformación digital, de la automatización y de la aparición de nuevas profesiones que demandan habilidades que la sociedad está exigiendo en este momento”, explica Caroline Ayala, coordinadora nacional de Desarrollo Curricular de Unifranz.
El cambio responde a una transformación más amplia del mercado laboral. El Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum estima que el 39% de las habilidades centrales de los trabajadores cambiará o quedará desactualizado hacia 2030. El informe sitúa a la inteligencia artificial y los datos entre las habilidades de mayor crecimiento, junto con pensamiento analítico, resiliencia, flexibilidad, creatividad y aprendizaje permanente.
¿Por qué la universidad necesita cambiar la forma de enseñar?
Durante décadas, gran parte de la formación universitaria estuvo organizada alrededor de la transmisión de contenidos. Ese conocimiento continúa siendo fundamental, pero hoy resulta insuficiente si el estudiante no puede aplicarlo en situaciones nuevas.
“Bajo esa premisa de que durante la carrera era suficiente una formación basada solamente en contenidos para la vida profesional, hoy en día este conocimiento ya no es suficiente”, sostiene Ayala.
Por eso, las metodologías activas adquieren mayor importancia. Aprendizaje basado en proyectos, investigación, simulaciones, trabajo interdisciplinario y resolución de problemas permiten que el estudiante demuestre no solo qué sabe, sino también qué puede hacer con ese conocimiento.
La formación profesional pasa de contenidos a competencias
La transformación curricular no significa eliminar la base disciplinar. Significa complementarla con competencias que permitan utilizar ese conocimiento en contextos cambiantes.
“Las habilidades blandas como la comunicación efectiva, la conformación de equipos, el análisis crítico, son habilidades que hacen al nuevo profesional”, afirma Ronald Bedregal, coordinador del Observatorio Nacional del Trabajo y director de Ingeniería Económica de Unifranz.
Comunicación, pensamiento crítico, creatividad, adaptabilidad y trabajo colaborativo adquieren así un papel central. Estas capacidades ayudan a aplicar conocimientos técnicos frente a problemas que no siempre tienen una respuesta única.
La combinación de habilidades técnicas y humanas coincide con las tendencias identificadas por el World Economic Forum: mientras la IA, big data, redes y ciberseguridad crecen con rapidez, también aumentan en importancia la creatividad, la resiliencia, el liderazgo y el aprendizaje continuo.
¿Cómo cambia el aprendizaje cuando aparecen nuevas profesiones?
La aparición de nuevas funciones y perfiles hace difícil preparar a un estudiante para un único cargo o herramienta. La formación necesita enfocarse también en capacidades transferibles que puedan utilizarse en distintos escenarios laborales.
Esto implica enseñar a investigar, formular preguntas, analizar información, aprender nuevas herramientas y trasladar conocimientos entre contextos. Un profesional puede cambiar de función varias veces durante su vida laboral, por lo que la capacidad de aprender adquiere valor por sí misma.
El World Economic Forum señala que, si la fuerza laboral mundial se representara como 100 personas, 59 necesitarían formación adicional hacia 2030. Este dato muestra por qué el aprendizaje permanente ya no puede verse como una actividad posterior a la universidad, sino como una competencia que debe desarrollarse desde la formación inicial.
La inteligencia artificial también transforma la educación superior
La inteligencia artificial no solo modifica el mercado laboral: también cambia la experiencia universitaria. Puede apoyar la planificación, la investigación, la generación de materiales, el análisis de información y determinadas tareas administrativas.
Un estudio publicado en septiembre de 2026 por UNESCO IESALC y UNU-IAS, basado en 200 instituciones de educación superior de 19 países de América Latina y el Caribe, muestra que la IA ya está transformando enseñanza, aprendizaje, investigación y gestión institucional, al tiempo que plantea desafíos de gobernanza, ética y equidad.
Esto refuerza una idea central: incorporar IA no significa simplemente sumar herramientas. Las universidades necesitan criterios para decidir cómo utilizarla, qué competencias desarrollar y qué límites establecer.
La IA redefine el papel del docente
“La implementación de la Inteligencia Artificial potencia esta evolución al automatizar tareas administrativas y permitir que el docente se enfoque en ofrecer un acompañamiento pedagógico mucho más humano y profundo”, destaca Mario Ariel Quispe Orellana, jefe de Enseñanza y Aprendizaje de Unifranz.
En este escenario, el docente deja de concentrar su función en transmitir información y asume mayor responsabilidad como guía, diseñador de experiencias, orientador y fuente de retroalimentación.
UNESCO ha planteado que la integración de IA en educación debe mantener un enfoque centrado en las personas y en la pedagogía. La tecnología puede ampliar posibilidades, pero no sustituye la responsabilidad docente sobre los objetivos de aprendizaje, la evaluación ni el acompañamiento.
El estudiante también asume un papel más activo
Si el docente cambia, el estudiante también. En un modelo más activo, necesita investigar, contrastar información, tomar decisiones, colaborar y asumir responsabilidad sobre su proceso de aprendizaje.
Esto adquiere especial relevancia con la IA generativa. Obtener una respuesta rápida no equivale a aprender. El estudiante necesita evaluar si la información es correcta, comprender cómo llegó a una conclusión y ser capaz de aplicar ese conocimiento en un contexto diferente.
Las metodologías activas conectan la universidad con problemas reales
Proyectos integradores, casos, simulaciones e investigación aplicada permiten que los estudiantes se enfrenten a situaciones donde deben combinar conocimientos de distintas áreas y tomar decisiones.
Esta forma de aprendizaje también acerca la universidad al entorno. Empresas, organizaciones, instituciones y comunidades pueden convertirse en fuentes de problemas reales que alimenten proyectos académicos y permitan validar soluciones fuera del aula.
El valor de estas experiencias está en que el estudiante aprende en condiciones de mayor incertidumbre: debe interpretar información incompleta, trabajar con otras personas, recibir retroalimentación y ajustar su solución.
¿Qué significa formar profesionales para un entorno cambiante?
Formar para un entorno cambiante no significa anticipar con precisión todas las profesiones que existirán en el futuro. Significa desarrollar una base sólida y, al mismo tiempo, capacidades para responder cuando cambien las herramientas, los procesos o las necesidades.
El título universitario mantiene su valor como evidencia de una formación disciplinar, pero la preparación profesional también necesita demostrar capacidad de aplicación, criterio, autonomía y aprendizaje continuo.
La pregunta deja de ser únicamente qué contenidos debe dominar un estudiante al graduarse. También importa qué sabe hacer, cómo resuelve problemas, cómo utiliza la tecnología y qué tan preparado está para seguir aprendiendo.
La transformación educativa necesita ser permanente
La velocidad del cambio tecnológico hace que la transformación curricular no pueda ser un proceso aislado. Las universidades necesitan revisar periódicamente contenidos, metodologías, competencias y relación con el entorno.
Esa actualización no significa perseguir cada nueva herramienta. El objetivo es identificar cambios relevantes, incorporar evidencia y mantener una formación capaz de combinar conocimiento especializado con competencias transferibles.
La universidad que consigue ese equilibrio no forma únicamente para un primer empleo. Prepara profesionales con mayores herramientas para evolucionar durante una trayectoria laboral que probablemente cambiará varias veces.