¿Cómo convertir el talento y la identidad de un territorio en oportunidades económicas?

Un territorio no solo puede generar valor a partir de sus recursos naturales. También puede hacerlo desde su identidad, conocimiento, creatividad y talento. Esta fue una de las principales ideas planteadas por Carlos Eduardo Bares, secretario de Turismo y Cultura del Gobierno Departamental de Tarija, durante la conferencia magistral “De la marca al territorio: cómo construir un clúster creativo”, desarrollada en el marco del IV Foro Internacional de Economía Creativa de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz).
El encuentro, que se desarrolla bajo el concepto “Creatividad que conecta. Oportunidades que transforman”, reúne en Cochabamba a especialistas, académicos, emprendedores y representantes de distintos sectores para analizar cómo la economía creativa puede contribuir al desarrollo de los territorios.
¿Cómo puede un territorio transformar su identidad en valor económico?
Para Bares, uno de los primeros pasos consiste en reconocer que la identidad y las capacidades de las personas también constituyen recursos económicos. Su reflexión parte de la experiencia de Tarija, un departamento cuya economía estuvo históricamente vinculada al gas y al extractivismo y que actualmente busca diversificar sus fuentes de desarrollo.
“La próxima materia prima que tenemos que poner sobre la mesa es nuestra identidad y la gente”, afirmó durante su exposición.
El planteamiento supone ampliar la mirada sobre lo que puede producir un territorio. En el caso tarijeño, Bares identificó capacidades ya existentes en gastronomía, artesanía, música, eventos y vitivinicultura. El desafío, explicó, consiste en potenciar ese talento y conectarlo para generar actividades económicas sostenibles.
La propuesta se relaciona con el concepto de economía creativa, que comprende actividades cuyo valor depende en buena medida de la creatividad, el conocimiento, la cultura y la propiedad intelectual. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) identifica a las industrias creativas y culturales como un ámbito con potencial para generar empleo, innovación y nuevas oportunidades económicas en América Latina.
¿Por qué el turismo puede convertirse en una experiencia creativa?
La experiencia presentada durante el Foro mostró también cómo un producto tradicional puede convertirse en una experiencia de mayor valor. Bares relató que el trabajo desarrollado alrededor de las bodegas permitió identificar que los visitantes no buscaban únicamente comprar vino, sino conocer a los productores, recorrer los paisajes, acercarse a la gastronomía, escuchar música y relacionarse con la cultura local.
“Tarija ya nos estaba mostrando que nosotros desde el punto de vista de la bodega estábamos construyendo experiencias”, explicó.
Esta mirada coincide con el turismo creativo, que busca involucrar al visitante en actividades relacionadas con la cultura y los conocimientos de las comunidades. La UNESCO señala que el turismo cultural y creativo puede generar nuevas formas de participación y contribuir al desarrollo de las comunidades.
En este modelo, la gastronomía, la música, los oficios, el patrimonio y las historias locales dejan de funcionar como elementos aislados y pasan a formar parte de una experiencia integral.
Por eso, Bares planteó que el talento también puede ser entendido como una forma de infraestructura. “Eso es infraestructura, eso es talento y eso se exporta y la identidad se exporta”, sostuvo.
¿Qué papel cumplen los clústeres creativos?
Convertir capacidades dispersas en oportunidades económicas requiere, además, conectar a los distintos actores de un territorio. Ese es el punto de partida del concepto de clúster creativo, una red de colaboración en la que empresas, emprendedores, profesionales e instituciones pueden complementar sus capacidades.
Bares utilizó como ejemplo el desarrollo del turismo de bodas en Tarija. Bodegas, organizadores de eventos, gastronomía, decoración, floristería y otros servicios comenzaron a integrarse alrededor de una misma actividad, generando una cadena de proveedores y oportunidades.
“Podemos desarrollar un clúster creativo en Tarija, un ecosistema de colaboración económica donde entren todos”, señaló.
Desde esta perspectiva, las instituciones públicas pueden actuar como facilitadoras y articuladoras, mientras que las empresas y los trabajadores creativos ocupan un papel central en la generación de productos, inversión e innovación.
Del talento local a productos que puedan llegar al mundo
La experiencia tarijeña presentada por Bares contempla llevar esta lógica al territorio mediante la identificación y certificación de rutas y circuitos turísticos en sus 11 municipios. La propuesta busca desarrollar experiencias que integren cultura, gastronomía y participación de las comunidades, además de reducir la concentración de la actividad turística en determinadas temporadas.
El objetivo final es transformar esas capacidades en productos de mayor valor que puedan llegar a mercados nacionales e internacionales. Para Bares, ese proceso no se limita al turismo tradicional: también puede incluir música, contenidos audiovisuales, diseño, historias y tecnología.
“Podemos exportar toda esta identidad”, afirmó.
La experiencia presentada en el IV Foro Internacional de Economía Creativa muestra así una ruta posible: identificar el talento, profesionalizarlo, conectarlo con empresas, convertirlo en productos y desarrollar experiencias capaces de representar a un territorio.
El desafío, en última instancia, consiste en construir procesos que trasciendan las gestiones de turno y permitan que la creatividad se convierta en una estrategia de desarrollo sostenida. “Los gobiernos tienen periodos, pero los territorios tienen procesos”, resumió Bares al explicar la necesidad de pensar el desarrollo territorial más allá de los ciclos políticos.