STEM+ y conservación: la educación que nace del territorio

STEM+ y conservación: la educación que nace del territorio

¿Puede una escuela formar ciudadanos capaces de enfrentar el cambio climático sin enseñarles a comprender el lugar donde viven? Para la investigadora chilena Lorena Medina, la respuesta es no. La educación del futuro debe partir del territorio, dialogar con los saberes locales y conectar la ciencia con las experiencias cotidianas de los estudiantes. 

Ese fue el eje de su conferencia «Educar con pertinencia territorial. Aportes desde la conservación biocultural y el modelo STEM+», presentada durante el VII Foro Internacional de Innovación Educativa (FIIE) 2026, organizado por la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz).

La académica, investigadora del Cape Horn International Center (CHIC) y especialista en innovación educativa, sostuvo que los grandes desafíos ambientales y sociales no podrán resolverse con currículos homogéneos, sino con propuestas pedagógicas capaces de reconocer la diversidad de los territorios y convertirla en una oportunidad de aprendizaje.

«Cada territorio tiene sus propias particularidades; responde a un desarrollo social, histórico y cultural que no puede ser desconocido», afirmó durante su exposición.

Según Medina, uno de los principales problemas de los sistemas educativos latinoamericanos es que continúan priorizando la transmisión de contenidos antes que la construcción de aprendizajes significativos.

«El principio orientador de la pertinencia territorial debería conectar directamente con lo situado que debe ser todo aprendizaje. Muchas veces olvidamos entender el aprendizaje como experiencia y no solamente como un saber», explicó.

Para la especialista, cuando el aprendizaje logra conectar con la realidad de los estudiantes, deja de ser una actividad basada en la memorización y se convierte en una experiencia transformadora.

«Todos los que somos profesores hemos visto esa mirada que refleja que alguien aprendió. Esa sensación de ‘hoy aprendí algo y algo pasó conmigo’. Eso ocurre porque hubo una experiencia, no solo información», señaló.

Del territorio al aula

Durante la conferencia, Medina planteó que la educación debe construirse desde el diálogo entre el conocimiento científico y los saberes que existen en las comunidades. «Necesitamos considerar el diálogo de saberes, los fondos de conocimiento que existen en los territorios y que van mucho más allá de la universidad. La pregunta es cómo integramos esos conocimientos para comprender mejor el mundo que rodea a nuestros estudiantes», sostuvo.

Ese enfoque, explicó, forma parte de lo que denomina conservación biocultural, una propuesta que busca fortalecer simultáneamente la diversidad biológica, cultural y lingüística mediante procesos educativos vinculados al entorno.

La investigadora advirtió que la escuela puede contribuir, incluso sin proponérselo, a la pérdida de esa diversidad cuando desconoce las características del lugar donde enseña.

«Toda vez que no trabajamos de manera situada y enseñamos únicamente desde una mirada global, terminamos homogeneizando y dejando de reconocer nuestro territorio», afirmó al presentar los resultados de las investigaciones que desarrolla en Puerto Williams, en el extremo sur de Chile.

Allí, junto con un equipo interdisciplinario de seis universidades chilenas y una estadounidense, impulsa proyectos que integran investigación científica, educación escolar y trabajo comunitario para promover una enseñanza vinculada al patrimonio natural y cultural.

STEM+ con identidad

Uno de los conceptos centrales de la conferencia fue el modelo STEM+, una evolución del enfoque tradicional de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Para Medina, el signo «+» representa una visión integral de la educación.

«¿Por qué no pensamos el plus como algo verdaderamente integral? Detrás de STEM+ hay un enfoque holístico que recoge muchas de las ideas impulsadas por la UNESCO y los Objetivos de Desarrollo Sostenible», explicó.

La académica sostuvo que este modelo no busca únicamente fortalecer las competencias científicas, sino desarrollar capacidades para comprender problemas complejos desde distintas disciplinas.

«No se trata de contenidos teóricos, sino de conocimiento flexible, aplicable a contextos interdisciplinarios y conectado con problemas reales», señaló.

En ese sentido, defendió la necesidad de que las escuelas trabajen de forma colaborativa y abandonen la lógica de asignaturas aisladas.

«Problemas como el cambio climático, la sustentabilidad o la relación con el territorio no pueden abordarse desde una sola disciplina. Son desafíos complejos que requieren trabajo interdisciplinario y también transdisciplinario, con participación de las comunidades», afirmó.

Durante la entrevista concedida en el marco del FIIE, Medina explicó que la tecnología también debe entenderse desde esa perspectiva.

«La tecnología es una proyección de nuestras capacidades humanas. En lugar de rechazarla, tenemos que preguntarnos cómo nos vinculamos con ella para potenciar nuestras habilidades y comprender mejor nuestro entorno», indicó.

Escuelas que también aprenden

Otro de los mensajes de la investigadora fue que la transformación educativa no depende únicamente de los docentes, sino de la capacidad de las instituciones para aprender colectivamente. «Si la institución educativa como institución no se transforma, no puede pretender transformar a nadie», sostuvo.

A su juicio, las escuelas necesitan convertirse en organizaciones donde exista liderazgo distribuido, investigación permanente y espacios de colaboración entre profesores.

«Tenemos que pasar a sistemas más flexibles, más permeables a los cambios, con liderazgos abiertos, mayor participación y voces de todos los actores», afirmó. Esa transformación también implica fortalecer la justicia educativa.

Según Medina, integrar los saberes científicos con los conocimientos tradicionales permite reducir brechas, dignificar las culturas locales y construir una educación ambiental más pertinente.

«La conservación biocultural y la educación STEM+ dialogan porque ambas promueven la pertinencia cultural y territorial, validan los saberes locales y ayudan a construir una mirada integral del territorio», explicó.

Las reflexiones compartidas por Lorena Medina se alinearon con uno de los principales objetivos del FIIE 2026: impulsar modelos educativos capaces de responder a los desafíos del siglo XXI sin perder de vista las realidades locales. En un contexto marcado por la crisis climática, la transformación tecnológica y la necesidad de formar ciudadanos con pensamiento crítico, la especialista planteó que la innovación educativa no consiste únicamente en incorporar nuevas herramientas, sino en recuperar el vínculo entre la escuela, la comunidad y el territorio. Solo desde esa conexión, concluyó, será posible construir una educación que transforme tanto a las personas como a los lugares donde viven.