Retos virales en redes sociales: los peligros que amenazan la salud física y mental de niños y adolescentes

Retos virales en redes sociales: los peligros que amenazan la salud física y mental de niños y adolescentes

Lo que comienza como un juego, una moda pasajera o una tendencia en TikTok puede convertirse en una situación de alto riesgo para niños y adolescentes. Los llamados retos virales o challenges se han multiplicado en los últimos años gracias al alcance de las redes sociales, donde millones de usuarios replican conductas con el objetivo de obtener visibilidad, aceptación o reconocimiento digital. Sin embargo, detrás de algunos de estos desafíos se esconden riesgos que pueden afectar la salud física, emocional y psicológica de los menores.

La preocupación está respaldada por la evidencia. Un estudio publicado en la revista científica Youth & Society encontró que uno de cada cuatro adolescentes participó en al menos un reto viral durante el último año. La investigación, realizada con 848 jóvenes de entre 11 y 17 años, confirma la creciente influencia que estos contenidos tienen sobre el comportamiento de los adolescentes.

Aunque existen retos recreativos o solidarios que buscan promover causas benéficas o actividades de entretenimiento, otros incentivan conductas peligrosas relacionadas con autolesiones, consumo de sustancias nocivas, privación del sueño o prácticas que ponen en riesgo la integridad física y mental de quienes participan.

Para James Robles, director de la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), el problema radica en que muchos adolescentes no alcanzan a dimensionar las consecuencias reales de estos desafíos.

“Estos famosos retos recurren a imágenes y estereotipos que pueden generar trastornos de alimentación o de conducta y pueden llegar a atentar contra la vida. Hay estas comunidades digitales, que tienen una visión un poco oscura de la vida y que inducen, incluso, al suicidio o autolesiones a los niños y adolescentes que los siguen”, afirma Robles.

La búsqueda de aceptación detrás de los desafíos

Los especialistas coinciden en que la necesidad de pertenecer a un grupo es uno de los principales motores que impulsan la participación en retos virales. La adolescencia es una etapa marcada por la construcción de identidad, la búsqueda de reconocimiento y la necesidad de aceptación social.

La investigación identificó que muchos jóvenes participan en estos desafíos para evitar sentirse excluidos y para obtener validación a través de comentarios, reproducciones y reacciones en redes sociales. Este fenómeno se amplifica debido a la velocidad con la que circulan los contenidos digitales y a la posibilidad de alcanzar audiencias masivas en cuestión de horas.

Sin embargo, para Robles, el verdadero peligro aparece cuando esa necesidad de aceptación se combina con una exposición constante a contenidos que pueden ser manipuladores o perjudiciales.

“Hoy en día, los niños y adolescentes están más expuestos y vulnerables ante tanta información que circula por Internet. Hay información buena y también aquella con fines delictivos, como la trata y tráfico de personas”, advierte el académico.

El especialista explica que muchos de estos retos utilizan mecanismos psicológicos que explotan la curiosidad, el miedo a quedar excluido o la necesidad de demostrar valentía frente a los demás. En los casos más graves, los menores pueden ser inducidos a compartir información privada, realizar acciones peligrosas o involucrarse en dinámicas que favorecen el acoso, la extorsión o el grooming.

Una amenaza distinta para niños y adolescentes

La vulnerabilidad frente a los retos virales varía según la etapa de desarrollo. En los niños, el riesgo está relacionado con la dificultad para distinguir completamente entre realidad y ficción, especialmente cuando los contenidos se presentan como juegos o desafíos.

“En el período de operaciones concretas, el pensamiento del niño es concreto. Según Jean Piaget, en esta etapa desde los 7 hasta los 12 años, los niños tienen una lógica para entender el mundo, desde un pensamiento lógico concreto, donde no hay abstracción todavía”, explica Robles.

En los adolescentes, aunque existe una mayor capacidad de razonamiento abstracto, persisten otros factores de riesgo asociados a la impulsividad, la presión social y la necesidad de reconocimiento. Esto puede llevarlos a asumir conductas que, en otras circunstancias, evitarían.

A ello se suma la sobreexposición en redes sociales. Fotografías, videos y publicaciones aparentemente inocentes pueden revelar información sensible sobre la ubicación, rutinas o entorno familiar de los menores, aumentando los riesgos de ciberacoso, manipulación o delitos digitales.

El papel de las familias en la prevención

Frente a este escenario, los especialistas sostienen que la prevención comienza en el hogar. Supervisar el uso de dispositivos, establecer límites claros y mantener una comunicación abierta son herramientas fundamentales para reducir la exposición a contenidos peligrosos.

“Generalmente, en los juegos, los niños reflejan su propia realidad, lo que están viviendo. Hay que estar atentos a los hijos, porque, por último, si bien es un trabajo que puede cansar, no va a durar más de 15 a 16 años. La vida pasa muy rápido (…). Es rol vital de los padres estar pendientes en todas las etapas de desarrollo de sus hijos, para evitar este tipo de incidentes”, alerta Robles.

El académico considera que la vigilancia debe estar acompañada de orientación y educación digital para que los menores desarrollen criterios propios al momento de interactuar en internet.

“Los padres deben brindar un ambiente seguro, de apoyo y afecto, establecer límites claros y proporcionar orientación sobre el uso adecuado de las redes sociales y la tecnología”, sostiene.

En un entorno donde las tendencias digitales nacen y se viralizan en cuestión de minutos, la clave no está en prohibir el acceso a la tecnología, sino en enseñar a utilizarla con responsabilidad. Detrás de cada reto viral puede existir una oportunidad de entretenimiento, pero también un riesgo que los menores no siempre son capaces de identificar por sí solos. La prevención, el acompañamiento y la educación digital siguen siendo las mejores herramientas para evitar que una simple tendencia termine convirtiéndose en una tragedia.