Residuos electrónicos: ¿qué pasa con los celulares y computadoras que dejamos de usar?

Un celular que deja de funcionar, una computadora que ya no se utiliza o un electrodoméstico reemplazado por uno nuevo pueden parecer objetos sin valor. Sin embargo, cuando millones de estos equipos llegan al final de su vida útil, forman uno de los flujos de residuos que más rápido crece en el mundo. El desafío no consiste solamente en reciclarlos: también implica repararlos, reutilizarlos y recuperar los materiales que contienen.
Para Fabiola Cadima, directora de la carrera de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) Cochabamba, abordar este problema requiere que la tecnología esté vinculada con soluciones concretas para el entorno. “El avance tecnológico no puede estar desvinculado de la realidad social. Tenemos una responsabilidad ética con el entorno”, sostiene.
La magnitud del problema ayuda a dimensionar ese desafío. El Global E-waste Monitor 2024, elaborado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y UNITAR, registró 62 millones de toneladas de residuos electrónicos generados en 2022. De ese volumen, apenas 22,3% fue documentado como recolectado y reciclado adecuadamente. Si la tendencia continúa, la generación podría alcanzar los 82 millones de toneladas en 2030.
¿Qué son los residuos electrónicos?
Los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, conocidos como RAEE, son aquellos equipos eléctricos o electrónicos que son descartados porque dejaron de utilizarse, quedaron obsoletos o ya no funcionan.
En esta categoría entran desde teléfonos celulares, computadoras y tablets hasta televisores, electrodomésticos, equipos de telecomunicaciones y otros dispositivos que funcionan con electricidad o baterías.
El problema es que estos objetos no son simplemente “basura”. Pueden contener materiales recuperables y, al mismo tiempo, sustancias que representan riesgos si son manipuladas o eliminadas de manera inadecuada.
Según Naciones Unidas, los residuos electrónicos generados en 2022 contenían aproximadamente 31 millones de toneladas de metales, además de plásticos y otros materiales. El valor de los metales contenidos en esos residuos fue estimado en unos 91.000 millones de dólares.
Esto convierte a los RAEE en un problema ambiental, pero también en una oportunidad para la economía circular.
¿Por qué los residuos electrónicos son un problema ambiental?
La rápida renovación de dispositivos es uno de los factores que alimentan el crecimiento de los residuos electrónicos. La expansión del consumo tecnológico se combina con ciclos de vida cada vez más cortos, dificultades de reparación y sistemas de gestión que no siempre tienen capacidad suficiente para recuperar los equipos.
Cuando los residuos electrónicos terminan en lugares inadecuados, pueden liberar sustancias peligrosas al ambiente. La UIT y UNITAR advierten que los RAEE pueden contener sustancias peligrosas, entre ellas mercurio, y que su gestión inadecuada incrementa los riesgos para las comunidades.
La dimensión ambiental también está relacionada con los materiales que se pierden. La recuperación de metales mediante el reciclaje electrónico permite reducir la necesidad de extraer nuevas materias primas. Naciones Unidas estima que en 2022 el reciclaje documentado de residuos electrónicos permitió evitar la extracción primaria de unos 900 millones de toneladas de mineral.
Por eso, reciclar tecnología no significa solamente evitar que un aparato termine en un botadero; también significa recuperar recursos que todavía tienen valor económico y productivo.
¿Qué ocurre con los residuos electrónicos en América Latina?
América Latina enfrenta un doble desafío: el crecimiento del consumo tecnológico y la limitada capacidad para gestionar adecuadamente los residuos que genera.
Un informe regional de la UIT señala que la generación de residuos electrónicos en los 13 países analizados por el Proyecto de Residuos Electrónicos de América Latina (PREAL) aumentó 49% entre 2010 y 2019, pasando de 0,9 a 1,3 millones de toneladas. Sin embargo, solamente 2,7% era recolectado para una gestión ambientalmente adecuada.
El mismo diagnóstico identificó a Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador y Perú entre los países que contaban con legislación específica sobre residuos electrónicos y sistemas relacionados con la responsabilidad extendida del productor dentro del grupo analizado.
La situación regional también está marcada por la informalidad, la falta de infraestructura y las dificultades para recuperar materiales contenidos en los equipos. Un diagnóstico más reciente de la UIT y ONUDI identifica precisamente estos factores entre los principales obstáculos para consolidar sistemas integrales de gestión de RAEE en América Latina.
¿Qué se puede hacer con un celular o una computadora que ya no usamos?
La primera alternativa no necesariamente debería ser el reciclaje.
Si un dispositivo todavía funciona, reutilizarlo o repararlo puede prolongar su vida útil y evitar que se convierta prematuramente en un residuo. Puede pasar a otro usuario, utilizarse para una tarea diferente o ser reacondicionado.
Cuando la reutilización ya no es viable, el siguiente paso debería ser su entrega a sistemas o gestores especializados que permitan recuperar materiales y realizar una disposición adecuada de los componentes que no pueden aprovecharse.
Esta lógica responde a los principios de la economía circular: mantener productos y materiales en uso durante el mayor tiempo posible y reducir la generación de residuos.
La UIT y ONUDI recomiendan fortalecer precisamente sistemas que incorporen reparación, reutilización, recuperación de materiales y reciclaje, en lugar de concentrarse exclusivamente en la disposición final.
ReUseTech: una plataforma para darle una segunda vida a la tecnología
Una experiencia surgida desde el ámbito universitario busca llevar esta idea a una solución digital.
ReUseTech, desarrollada por Alba Gómez, estudiante de Ingeniería de Sistemas de Unifranz, plantea conectar a personas que tienen dispositivos electrónicos en desuso con otras personas o instituciones que puedan necesitarlos. La propuesta parte de una pregunta sencilla: ¿un equipo que ya no sirve para su propietario necesariamente es un residuo?
“ReUseTech es una plataforma enfocada en el reciclaje y la donación de dispositivos electrónicos”, explica Gómez. El proyecto busca facilitar la reutilización y donación de tecnología mediante una plataforma que conecta a donantes con posibles beneficiarios.
El funcionamiento incorpora herramientas tecnológicas. El usuario puede registrar un dispositivo y un sistema de inteligencia artificial ayuda a identificar el equipo y completar parte de la información necesaria para publicarlo. Posteriormente, quienes estén interesados pueden contactar al donante mediante un chat privado.
El proyecto contempla además una evolución del sistema para analizar características como la marca y el estado del dispositivo y sugerir si el equipo tiene potencial para ser donado, reciclado o descartado.
La propuesta busca así intervenir en una etapa anterior al reciclaje: evitar que un dispositivo que todavía puede ser útil se convierta en residuo.
¿Puede la tecnología ayudar a reducir la basura tecnológica?
La experiencia de ReUseTech muestra una de las posibilidades: utilizar herramientas digitales para conectar oferta y necesidad.
Una computadora que permanece guardada en una vivienda puede tener poco valor para su propietario, pero ser útil para un estudiante, una escuela o una organización. Crear mecanismos que permitan identificar esos equipos y conectarlos con quienes los necesitan puede extender su vida útil y, al mismo tiempo, contribuir a reducir la brecha digital.
Gómez plantea precisamente que la plataforma podría establecer alianzas con refugios, centros educativos rurales e instituciones públicas que requieran equipos tecnológicos.
La iniciativa fue desarrollada dentro de los Proyectos Integradores de Unifranz, donde los estudiantes aplican conocimientos adquiridos en diferentes asignaturas para resolver problemas reales. En el caso de ReUseTech, el proyecto articula programación, inteligencia artificial, diseño de sistemas y gestión de proyectos con una problemática ambiental y social.
Del residuo al recurso: qué propone la economía circular
La economía circular cambia la pregunta. En lugar de preguntarse únicamente dónde depositar un producto cuando deja de utilizarse, plantea cómo mantenerlo útil durante más tiempo y cómo recuperar los materiales que contiene.
En el caso de los dispositivos electrónicos, esto puede traducirse en varias acciones: reparar antes de reemplazar, reutilizar equipos funcionales, reacondicionar dispositivos, recuperar componentes y reciclar los materiales cuando el producto ya no puede tener una segunda vida.
La dimensión económica tampoco es menor. Naciones Unidas calcula que los residuos electrónicos de 2022 contenían recursos recuperables por miles de millones de dólares, pero gran parte de ese valor se pierde cuando los equipos terminan en sistemas de disposición inadecuados.
En Bolivia, además, la gestión de RAEE forma parte de los esfuerzos para fortalecer capacidades y desarrollar sistemas específicos de manejo. Documentos oficiales del Gobierno de Bolivia han contemplado acciones relacionadas con regulación, sensibilización, capacitación y fortalecimiento de gestores de residuos electrónicos.
¿Qué debería hacer una persona con un dispositivo electrónico que ya no utiliza?
Antes de desechar un equipo, se pueden considerar cuatro alternativas:
- Repararlo, si el costo y las condiciones técnicas lo permiten.
- Reutilizarlo, aunque sea para una función diferente.
- Donarlo o entregarlo a otra persona, si todavía funciona.
- Llevarlo a un gestor autorizado, cuando ya no pueda reutilizarse y deba entrar en un proceso de reciclaje o disposición especializada.
No se recomienda mezclar los RAEE con los residuos domésticos comunes. Documentos técnicos oficiales bolivianos señalan que estos residuos deben mantenerse separados y ser gestionados mediante operadores autorizados, debido a la presencia potencial de componentes peligrosos.
El problema de la basura electrónica comienza mucho antes de que un dispositivo llegue a un botadero. Empieza cuando un equipo deja de utilizarse y se decide qué hacer con él.
Extender su vida útil, encontrarle un nuevo usuario o recuperar sus materiales son decisiones que pueden convertir un residuo potencial en un recurso. Proyectos como ReUseTech muestran que esa transición también puede convertirse en un espacio para la innovación en educación, la tecnología y la búsqueda de soluciones con impacto ambiental y social.
La pregunta, entonces, no es solamente qué hacemos con la tecnología cuando deja de servirnos, sino cuánto más puede servir antes de convertirse realmente en basura.