Redes sociales: cómo evitar la trampa de la comparación

Redes sociales: cómo evitar la trampa de la comparación

Las redes sociales se han convertido en una vitrina donde millones de personas muestran los mejores momentos de sus vidas. Fotografías cuidadosamente editadas, videos producidos con inteligencia artificial y publicaciones que acumulan miles de «me gusta» pueden generar una sensación de éxito permanente. Sin embargo, detrás de esa aparente perfección se esconde una de las trampas más frecuentes de la era digital: la comparación constante.

Para la psicóloga clínica Madai Aramayo, invitada a Catarsis Podcast de la carrera de Psicología de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) El Alto, la necesidad de compararse con otras personas tiene una explicación biológica, pero las redes sociales han llevado ese mecanismo a un nivel que puede afectar la autoestima y la salud mental.

«Muchas veces cuando subimos una fotografía, lo que se activa primero es nuestro sistema de recompensa: el quiero más likes, quiero más comentarios, quiero más aceptación y esto es algo totalmente evolutivo, es parte de nosotros», explica Aramayo.

Según la especialista, el cerebro humano está programado para comparar con el fin de sobrevivir y pertenecer a un grupo. En el pasado esa capacidad permitía identificar aliados o evaluar riesgos, pero en la actualidad el problema surge cuando las comparaciones se realizan sobre aspectos subjetivos e imposibles de medir objetivamente, como la popularidad, la belleza o la aceptación que reflejan las plataformas digitales.

«Estamos configurados para compararnos. Ahora, ¿dónde está el fallo en la actualidad? Que ya nos comparamos con cosas que no son medibles. Entonces, cuando es algo subjetivo, como los likes, sí o sí nos vamos comparando», afirma.

Esa búsqueda constante de validación activa el sistema de recompensa del cerebro mediante la liberación de dopamina cuando una publicación recibe interacción. Sin embargo, el efecto contrario ocurre cuando otra persona obtiene mayor reconocimiento, generando frustración, inseguridad e incluso sentimientos de envidia.

Aramayo señala que esta dinámica puede afectar directamente el autoconcepto, especialmente entre adolescentes y jóvenes que construyen parte de su identidad en los entornos digitales. Cuando el valor personal comienza a depender de indicadores externos, como la cantidad de seguidores o reacciones, la autoestima queda expuesta a la aprobación de los demás.

A ello se suma otro fenómeno cada vez más frecuente: el uso de filtros e inteligencia artificial para modificar la apariencia física. Las imágenes que circulan en internet rara vez muestran la realidad cotidiana, sino versiones cuidadosamente seleccionadas y editadas.

«Es como comparar un escaparate de una tienda, que se va a ver totalmente perfecto, con la trastienda que nosotros solamente estamos viendo. Todos publicamos las mejores poses, nuestro mejor ángulo y no vamos a publicar esas pequeñas grietas que tenemos en nuestro cotidiano porque nos hace vulnerables», sostiene la psicóloga.

Las consecuencias de esta comparación permanente pueden reflejarse en ansiedad, inseguridad, baja autoestima y una percepción distorsionada de la propia imagen. Incluso, la necesidad constante de aprobación puede provocar que las personas modifiquen su comportamiento únicamente para obtener reconocimiento digital.

Frente a este escenario, Aramayo propone desarrollar una relación más consciente con las redes sociales. El primer paso consiste en preguntarse cuál es la verdadera intención antes de publicar una fotografía.

«Antes de subir una fotografía preguntarnos: ‘¿Estoy subiendo esta fotografía porque realmente quiero hacerlo de manera auténtica o porque quiero recibir más likes?'», recomienda.

La especialista también invita a revisar el contenido que consumimos diariamente. Elegir cuidadosamente las cuentas que seguimos puede marcar una diferencia importante en el bienestar emocional.

«Tenemos que empezar a preguntarnos quién soy, pero desde una manera totalmente auténtica; curar nuestros feeds, porque están totalmente predispuestos a que nosotros nos comparemos», explica. Agrega que vale la pena preguntarse si las personas que seguimos inspiran, motivan y aportan al proyecto de vida propio o si únicamente alimentan la comparación y la insatisfacción.

El entorno familiar también desempeña un papel clave. En lugar de vigilar o cuestionar el uso de las redes sociales, Aramayo recomienda crear espacios de diálogo donde padres e hijos compartan el contenido que consumen y conversen sin juicios.

«Lo primero es crear espacios donde podamos interactuar sin redes sociales. Y si queremos interactuar con ellas, sentarnos juntos, ver los reels y comenzar a curar qué es lo que queremos ver constantemente», aconseja.

La especialista considera que interesarse genuinamente por los gustos digitales de los adolescentes fortalece la confianza y facilita que expresen cómo se sienten frente a las presiones de las plataformas.

La reflexión forma parte de un nuevo episodio de Catarsis Podcast, producido por la carrera de Psicología de Unifranz El Alto, un espacio dedicado a abordar temas relacionados con la salud mental desde una perspectiva profesional y cercana. En esta entrega, Madai Aramayo invita a recordar que el verdadero valor personal no se mide en «likes», sino en la autenticidad con la que cada persona construye su propia historia, un mensaje que puede escucharse completo en las plataformas oficiales del podcast.