¿Cómo el Foro Internacional de Innovación Educativa ayudará a que un estudiante se forme para el 2030?

La educación que durante décadas prometió una ruta predecible hacia el empleo y el desarrollo profesional enfrenta hoy uno de sus mayores desafíos. Los cambios tecnológicos, sociales y económicos están obligando a repensar qué significa aprender y para qué educamos.
«El contrato educativo que organizó la escuela, la universidad y la formación profesional durante buena parte del siglo XX ya no responde plenamente a los desafíos del presente ni del futuro. Hoy esa promesa de estudiar, obtener un título y acceder a una trayectoria previsible es cada vez más incierta», afirma Alejandro Zegarra, vicerrector adjunto de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz, sede Santa Cruz.
Ante este escenario, surge una pregunta que marcará el rumbo de los sistemas educativos en los próximos años: ¿qué debería aprender un estudiante que se graduará en 2030? La respuesta va mucho más allá de los contenidos académicos o de una profesión específica.
«Un estudiante al 2030 debería aprender mucho más que información o una carrera profesional. Debería aprender a pensar, discernir, crear, colaborar y tomar decisiones en contextos cada vez más complejos», sostiene Zegarra.
El pensamiento crítico se perfila como una de las competencias más importantes para las nuevas generaciones. También será fundamental aprender a convivir con la inteligencia artificial desde una perspectiva ética, creativa y responsable, diferenciando la información del conocimiento y la evidencia de la manipulación.
«Muchas tareas serán automatizadas, pero lo más humano seguirá siendo valioso. La comunicación, la empatía, el liderazgo, la resiliencia y la capacidad de trabajar con otros serán habilidades cada vez más relevantes», señala la autoridad académica.
La transformación educativa responde a un contexto global marcado por profundas tensiones y cambios acelerados. La incertidumbre climática, la sobreinformación, las nuevas dinámicas laborales y el avance de la inteligencia artificial están modificando la manera en que las personas viven, trabajan y aprenden.
«Educar ya no puede significar preparar a los estudiantes para repetir el mundo que existe. Debe significar prepararlos para comprenderlo, transformarlo y hacerlo más humano», enfatiza Zegarra.
La construcción de esta nueva visión educativa requiere la participación de todos los sectores de la sociedad. Instituciones educativas, empresas, Estado, familias y organizaciones civiles están llamadas a dialogar para definir las competencias, valores y aprendizajes que demandará el futuro.
Precisamente bajo el lema “Un nuevo contrato educativo para el 2030”, el VII Foro Internacional de Innovación Educativa (FIIE 2026) de Unifranz reunirá el 8 y 9 de julio en Santa Cruz a líderes educativos, organismos internacionales, empresas, investigadores y autoridades para debatir cómo debe transformarse la educación frente a los desafíos tecnológicos, sociales y laborales del presente.
El encuentro buscará construir propuestas concretas en torno a la empleabilidad, la inteligencia artificial, las políticas públicas y las nuevas formas de aprendizaje que marcarán el futuro de la región.
Para Zegarra, el papel del foro es abrir preguntas, conectar miradas y movilizar compromisos colectivos. «El futuro ya entró en las aulas y estamos llamados a rediseñar juntos el contrato educativo que las nuevas generaciones merecen. La innovación educativa debe entenderse como una transformación profunda del sentido de educar y de la calidad de los aprendizajes», concluye.
El 2030 no es una fecha lejana, es la generación que hoy ocupa las aulas y que mañana deberá enfrentar desafíos que aún están aprendiendo a comprender. Por ello, el VII Foro Internacional de Innovación Educativa convoca a educadores, líderes, empresas, gobiernos y familias a una misma conversación: diseñar una educación que no solo prepare para el futuro, sino que permita construir uno más humano, justo y sostenible.