¿Qué cifras indican un colesterol elevado?

El colesterol alto continúa siendo uno de los principales factores de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares, pero también uno de los más silenciosos. En la mayoría de los casos no presenta síntomas y solo puede detectarse mediante un análisis de sangre. Por ello, conocer qué cifras realmente deben generar preocupación resulta fundamental para prevenir complicaciones.
Para Marie Paulette Étienne Morales, médico nutrióloga y docente de la carrera de Medicina de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), el problema comienza mucho antes de que aparezcan las enfermedades cardíacas.
«Las grasas saturadas presentes en alimentos fritos, en chips, papas y comidas fritas son muy difíciles de eliminar. Si encima usamos aceites reutilizados, como ocurre en muchos puestos de comida callejera, el daño es aún mayor», explica la especialista.
La docente señala que el colesterol cumple funciones esenciales en el organismo, como participar en la formación de membranas celulares y hormonas. Sin embargo, cuando aumenta por encima de los niveles saludables, el colesterol LDL —conocido como «malo»— comienza a depositarse en las paredes de las arterias, formando placas que reducen el flujo sanguíneo y favorecen enfermedades como la aterosclerosis, el infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular.
A diferencia del LDL, el colesterol HDL ayuda a retirar el exceso de colesterol de la sangre para llevarlo al hígado, donde es eliminado. El equilibrio entre ambos resulta determinante para mantener una buena salud cardiovascular.
La magnitud del problema queda reflejada en un estudio de la Fundación Bioquímica Argentina, citado en el informe, que indica que tres de cada diez adultos en América Latina presentan colesterol elevado, una prevalencia que preocupa a los especialistas por su estrecha relación con las enfermedades cardiovasculares.

¿Qué cifras del colesterol requieren mayor atención?
Durante décadas, una cifra de 220 mg/dL de colesterol total era considerada automáticamente una señal de alerta. Sin embargo, investigaciones recientes muestran que este dato, por sí solo, ya no basta para determinar el riesgo cardiovascular.
De acuerdo con un estudio publicado en la revista Men’s Health, elaborado, entre otros, por la nutricionista Núria Coll y el médico Carlos González Álvarez, sostiene que el colesterol total únicamente representa la suma de diferentes partículas presentes en la sangre y no permite conocer cuántas de ellas son realmente capaces de obstruir las arterias.
Por ello, recomiendan incorporar la medición de la Apolipoproteína B (ApoB), un marcador que cuantifica el número de partículas potencialmente dañinas. Según estos expertos, una persona puede presentar 220 mg/dL de colesterol total, pero si su ApoB es baja, el riesgo cardiovascular también puede ser reducido.
Otro dato que merece especial atención es el colesterol HDL. Aunque tradicionalmente se lo conoce como el «colesterol bueno», las investigaciones citadas advierten que cuando supera los 100 mg/dL puede perder parte de su efecto protector e incluso adquirir características proinflamatorias, por lo que valores excesivamente elevados tampoco deben interpretarse automáticamente como beneficiosos.
Los investigadores también destacan el valor del índice ApoB/ApoA1, considerado uno de los indicadores más precisos para estimar el equilibrio entre las partículas que favorecen la formación de placas en las arterias y aquellas que ayudan a proteger el sistema cardiovascular. Este parámetro ofrece una evaluación más personalizada que el colesterol total.
Para Étienne, sin embargo, ningún marcador sustituye la importancia de la prevención. La especialista insiste en que los hábitos alimenticios continúan siendo el principal factor modificable.
«Comer rico no es sinónimo de comer bien. El problema no está en los platos típicos en sí, sino en los excesos y en la forma en que los combinamos», afirma.
La docente explica que combinar en una sola comida arroz, papa, fideo, pan o yuca incrementa considerablemente el consumo de carbohidratos y favorece el sobrepeso, condición estrechamente relacionada con la hipercolesterolemia.
A ello se suman otros factores de riesgo como el sedentarismo, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, la diabetes, la insuficiencia renal y la predisposición genética.
Frente a este panorama, la especialista recomienda incorporar grasas saludables como aceite de oliva y palta, aumentar el consumo de alimentos fermentados como el yogur natural, realizar actividad física al menos dos o tres veces por semana y efectuar controles médicos periódicos.
«La única forma de conocer el perfil lipídico es mediante un análisis de sangre. Mientras más temprano se detecte una alteración, mayores son las posibilidades de prevenir complicaciones», enfatiza.