Periodismo transmedia y storytelling global: la nueva forma de contar historias en la era digital

El periodismo ya no vive únicamente en periódicos impresos, noticieros televisivos o portales web. Hoy, una historia puede comenzar en una transmisión en vivo, expandirse en un podcast, viralizarse en TikTok y profundizarse mediante reportajes interactivos. En medio de la revolución digital, el periodismo transmedia se consolida como una de las principales herramientas para conectar con audiencias globales cada vez más hiperconectadas, participativas y exigentes.
La transformación no solo cambió las plataformas de difusión, sino también la manera en que los periodistas construyen relatos y generan impacto. El storytelling global —la capacidad de crear narrativas capaces de cruzar fronteras culturales y emocionales— se convirtió en un componente central del nuevo ecosistema mediático.
“Hoy se necesita un periodista integral, crítico, ético y altamente preparado en herramientas digitales. Sin dejar de lado las habilidades tradicionales, la sensibilidad para contar historias humanas, debe tener resiliencia frente a la presión y un profundo compromiso con el servicio a la sociedad”, afirma Jannette Jacobs, directora de la carrera de Periodismo de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
El concepto de periodismo transmedia va más allá de publicar el mismo contenido en distintas plataformas. La lógica actual consiste en fragmentar y enriquecer una historia mediante formatos complementarios: videos verticales, podcasts, infografías interactivas, transmisiones en vivo, reels o reportajes multimedia. Cada pieza aporta una perspectiva diferente y busca ampliar la experiencia narrativa de las audiencias.
Para Mónica Salvatierra, docente en la carrera de Periodismo de Unifranz, el cambio tecnológico obligó a los periodistas a reinventar sus lenguajes y dinámicas de producción.
“Cuando aparecieron los portales digitales, los periodistas seguíamos privilegiando los medios tradicionales. Pero fue diferente con la llegada de la pandemia. Tuvimos un aprendizaje acelerado y vimos el alcance de informar a través de internet. A partir de ahí ha sido un proceso de aprendizaje constante porque tienen otro lenguaje, otras narrativas y recursos”, señala.
La pandemia por el COVID-19 aceleró un proceso que ya venía transformando las redacciones. El trabajo remoto, las transmisiones en vivo y el consumo masivo de contenido digital consolidaron nuevos hábitos de información. Según el informe “Digital 2026: Bolivia” de DataReportal, el país registra más de nueve millones de usuarios de internet y más de 9,4 millones de identidades activas en redes sociales, evidenciando que las plataformas digitales dejaron de ser complementarias para convertirse en el principal espacio de circulación de noticias.
En este contexto, el periodista ya no solo escribe o reportea. También transmite, edita, administra redes sociales, analiza métricas y construye comunidades digitales.
“Tenemos que pensar cómo presentar el material de la manera más atractiva posible. El rigor periodístico y la responsabilidad social no deben perderse, pero eso no significa que informar tenga que ser aburrido”, explica Salvatierra.
La transformación digital también abrió nuevas oportunidades narrativas. El streaming en vivo, por ejemplo, modificó la manera de cubrir acontecimientos y acercó a las audiencias a experiencias más inmediatas e interactivas.
“El streaming ha rejuvenecido el periodismo, especialmente entre los jóvenes, que ahora tienen acceso directo a redes sociales y herramientas para transmitir en vivo. Esto representa una democratización del periodismo que antes era más difícil de alcanzar”, sostiene Álvaro Irusta, periodista y docente en Unifranz.
Sin embargo, la velocidad y la presión por viralizar contenidos también generaron desafíos éticos. La búsqueda permanente de clics y visibilidad digital muchas veces reduce los tiempos de verificación y aumenta el riesgo de desinformación.
“En la carrera por el clic, la verificación se vuelve un lujo que pocos se dan. El algoritmo destaca lo escandaloso y lo inmediato, y nos está empujando a la banalidad”, advierte Zulema Alanes, expresidenta de la Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia.
Frente a esta saturación informativa, el storytelling aparece como una herramienta para recuperar profundidad y generar conexión emocional con las audiencias. La lógica ya no consiste únicamente en transmitir datos, sino en construir experiencias narrativas capaces de humanizar temas complejos.
“Las historias juegan un rol central dentro de lo noticioso y lo periodístico porque más allá del dato seco, la declaración o la enumeración de acciones, tienen una misión humanizante de los sucesos, generan conexiones afectivas, pueden contribuir al cambio social y generan empatía”, explica Gabriel Romano, periodista y docente de la carrera de Periodismo de Unifranz.
El académico sostiene que el storytelling permite traducir problemas complejos en relatos cercanos y comprensibles para distintas audiencias. Una crisis económica, un conflicto social o el cambio climático adquieren otra dimensión cuando se narran desde experiencias humanas concretas.
“El storytelling es fundamental en el periodismo porque transforma la información en experiencias significativas y memorables, facilita la comprensión de temas complejos, genera empatía y ofrece un contexto más profundo”, añade Romano.
En las universidades, esta transformación ya impacta en la formación profesional. Unifranz, por ejemplo, impulsa laboratorios multimedia, salas de streaming y metodologías basadas en proyectos prácticos para preparar periodistas capaces de desenvolverse en ecosistemas digitales y narrativas globales.
“Las crisis solo asustan a quienes no quieren evolucionar. Lo que estamos viviendo es el parto de una nueva forma de contar nuestra historia como bolivianos”, concluye Jacobs.
En un entorno donde las audiencias consumen información desde múltiples pantallas y plataformas, el periodismo transmedia y el storytelling global ya no son tendencias pasajeras. Se consolidan como herramientas estratégicas para construir relatos más humanos, participativos y capaces de conectar realidades locales con conversaciones globales.