Omar Bacarreza, el boliviano que apuesta por la revolución de la computación cuántica

Desde hace algunos años, la computación cuántica dejó de ser un concepto exclusivo de la ciencia ficción para convertirse en una de las principales apuestas tecnológicas del planeta. Gobiernos, universidades y empresas privadas invierten miles de millones de dólares en el desarrollo de máquinas capaces de procesar información a velocidades inimaginables. En ese escenario global aparece el nombre de Omar Bacarreza, un investigador boliviano que hoy trabaja en la frontera de esta tecnología emergente.
Nacido en La Paz y formado inicialmente en el Instituto Americano, Bacarreza construyó una carrera científica fuera del país, pero sin perder el vínculo con Bolivia. Su trayectoria comenzó en la Universidad Técnica Checa de Praga, donde estudió ingeniería civil y posteriormente realizó una maestría en ingeniería estructural y un doctorado en mecánica computacional.
Tras concluir sus estudios, se incorporó al Imperial College London, una de las instituciones académicas más prestigiosas del mundo, donde durante más de 15 años investigó materiales para la industria aeronáutica. Sin embargo, fue recién en 2018 cuando su carrera tomó un giro inesperado.
Mientras participaba en proyectos que requerían una capacidad computacional extraordinaria, uno de sus colegas sugirió explorar soluciones mediante computación cuántica. Hasta entonces, Bacarreza apenas conocía el tema. La experiencia despertó su interés y comenzó un proceso intensivo de formación que terminaría llevándolo a Orca Computing, una empresa londinense especializada en computadoras cuánticas fotónicas.
“Eso me abrió los ojos”, recuerda el investigador al explicar cómo descubrió una disciplina que hoy concentra buena parte de la atención científica y tecnológica mundial.
La computación cuántica funciona bajo principios completamente distintos a los de la informática tradicional. En lugar de utilizar bits —que solo pueden representar un cero o un uno— emplea “qubits”, unidades capaces de existir en múltiples estados simultáneamente gracias a fenómenos de la física cuántica como la superposición y el entrelazamiento.
Esa diferencia permite que ciertos cálculos puedan realizarse de manera exponencialmente más rápida que en una computadora convencional. Aunque la tecnología todavía enfrenta enormes desafíos técnicos, sus posibilidades son consideradas revolucionarias.
Bacarreza explica que una de las aplicaciones más inmediatas se encuentra en la criptografía y la seguridad informática. También menciona avances potenciales en simulación molecular, descubrimiento de medicamentos, optimización industrial y procesamiento masivo de datos.
“Se pueden resolver problemas que hoy serían imposibles o tomarían miles de años para una computadora clásica”, sostiene.
Sin embargo, aclara que las computadoras cuánticas no reemplazarán en el corto plazo a las tradicionales. Más bien, ambas tecnologías coexistirán y se complementarán. De hecho, las máquinas cuánticas actuales todavía son experimentales, sensibles a errores y extremadamente complejas de construir.
Algunas empresas estiman que los sistemas cuánticos verdaderamente funcionales requerirán infraestructuras gigantescas y millones de qubits estables para alcanzar todo su potencial. Aun así, el avance es acelerado y cada año aparecen nuevos desarrollos.
En medio de ese panorama, Bacarreza considera fundamental que países como Bolivia comiencen a formar profesionales en áreas vinculadas a física cuántica, inteligencia artificial y ciencias computacionales avanzadas.
Esa fue precisamente una de las ideas centrales que compartió recientemente durante una serie de master class brindadas en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), donde explicó a estudiantes bolivianos los principios básicos de la computación cuántica y sus posibles aplicaciones futuras.
Durante las sesiones académicas, el investigador abordó ejemplos concretos relacionados con agricultura, energía e industria. Explicó, por ejemplo, cómo esta tecnología podría ayudar a desarrollar cultivos resistentes a sequías y plagas mediante simulaciones avanzadas, o mejorar la distribución energética a través de sistemas de optimización compleja.
Más allá del aspecto técnico, Bacarreza insiste en la necesidad de generar una cultura científica capaz de conectar a Bolivia con los desafíos tecnológicos del futuro. A su juicio, el desarrollo cuántico no será exclusivo de las grandes potencias, sino una transformación global que impactará en prácticamente todos los sectores productivos.
Mientras el mundo compite por dominar la próxima gran revolución tecnológica, el investigador paceño continúa trabajando desde Londres en una disciplina que promete cambiar para siempre la manera en que la humanidad procesa información. Y aunque admite que todavía faltan años para que las computadoras cuánticas alcancen su madurez definitiva, está convencido de que el futuro ya comenzó.