Odontología digital: cómo la tecnología y la práctica clínica transforman la formación profesional

Odontología digital: cómo la tecnología y la práctica clínica transforman la formación profesional

La odontología digital está transformando la manera en que los futuros profesionales aprenden a diagnosticar, planificar y ejecutar procedimientos clínicos. Escáneres intraorales, sistemas de imágenes 3D, simuladores hápticos y herramientas de realidad virtual permiten practicar, visualizar y recibir retroalimentación antes de asumir mayores responsabilidades con pacientes.

La tecnología, sin embargo, no reemplaza la práctica clínica ni el criterio profesional. Su mayor valor educativo aparece cuando se integra con métodos tradicionales, objetivos pedagógicos claros, supervisión docente y experiencias reales con pacientes.

«No basta con formar odontólogos que conozcan los tratamientos tradicionales. Hoy necesitan dominar herramientas digitales, comprender las nuevas tecnologías y desarrollar pensamiento crítico para resolver casos complejos desde una visión integral», sostiene Álvaro Ibáñez, director de la carrera de Odontología de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) El Alto.

¿Qué es la odontología digital y por qué importa en la formación?

La odontología digital integra tecnologías que permiten capturar, procesar, visualizar y utilizar información clínica en formato digital. Entre ellas se encuentran los escáneres intraorales, la radiografía y tomografía digital, los sistemas CAD/CAM, la impresión 3D, la planificación virtual y los simuladores.

En la universidad, estas herramientas pueden acercar al estudiante a flujos de trabajo que ya forman parte de clínicas y centros odontológicos. El objetivo no es aprender a operar un equipo de manera aislada, sino comprender cómo la tecnología se integra al diagnóstico, la planificación, la comunicación con el paciente y la ejecución de procedimientos.

Los escáneres intraorales conectan teoría, visualización y práctica

Los escáneres intraorales permiten obtener representaciones digitales tridimensionales de dientes y tejidos, y pueden utilizarse para visualizar preparaciones, analizar resultados y familiarizar a los estudiantes con flujos digitales de restauración y planificación.

Un estudio publicado en 2026 con estudiantes de segundo año de Tufts University School of Dental Medicine encontró que el 96,6% de los participantes consideró que el uso del escáner intraoral mejoró su capacidad para visualizar preparaciones de incrustaciones cerámicas y funcionó como un complemento útil de las clases teóricas.

«Contar con escáner intraoral, escáner facial y otras tecnologías dentro de la facultad permite acortar estos procesos», explica Vladimir Israel Galván Padilla, cirujano maxilofacial y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

La práctica digital también puede mejorar la retroalimentación

Una de las ventajas educativas de los flujos digitales es que permiten revisar resultados con mayor detalle. En lugar de limitar la evaluación a una observación puntual, determinadas herramientas pueden generar modelos tridimensionales que ayudan a comparar preparaciones y discutir errores con el docente.

Un estudio con 81 estudiantes de cuarto año integró escáneres intraorales a un modelo de aprendizaje autodirigido para preparación dentaria. Los autores reportaron mejoras tanto en conocimiento teórico como en habilidades prácticas, aunque señalan que todavía se necesitan estudios sobre el impacto a largo plazo en desempeño clínico.

Los simuladores permiten practicar habilidades antes de atender pacientes

La simulación ofrece un entorno controlado para repetir procedimientos, recibir retroalimentación y desarrollar destrezas psicomotoras sin trasladar inmediatamente el aprendizaje a un paciente real.

Una revisión sistemática de 23 estudios y 1.303 participantes encontró mejoras estadísticamente significativas en habilidades motoras de estudiantes de odontología después del entrenamiento con simuladores hápticos. Los estudios incluidos abarcaron áreas como odontología restauradora, odontopediatría, prostodoncia, periodoncia, implantología y cirugía dental.

El resultado no significa que la simulación sea superior en todos los escenarios. La evidencia muestra beneficios, pero también diferencias según el tipo de simulador, la duración del entrenamiento, la retroalimentación y la forma en que se combina con la enseñanza convencional.

¿Qué aportan la realidad virtual y la realidad aumentada?

La realidad virtual y la realidad aumentada amplían las posibilidades de entrenamiento al crear entornos tridimensionales en los que el estudiante puede practicar tareas, explorar anatomía, planificar procedimientos y recibir información en tiempo real.

Una revisión sistemática publicada en 2026 analizó 25 ensayos controlados aleatorizados sobre realidad aumentada y virtual en educación odontológica y cirugía oral y maxilofacial. La mayoría de los estudios reportó resultados iguales o superiores a la formación convencional, especialmente en precisión, habilidades técnicas y confianza del estudiante, aunque la heterogeneidad metodológica limita las comparaciones directas.

La misma revisión señala que algunas intervenciones no mostraron ventajas claras y que una secuencia híbrida —tecnología más práctica convencional— puede ofrecer mejores resultados que utilizar la simulación de manera aislada.

La planificación digital amplía las posibilidades de aprendizaje clínico

«Contamos con herramientas para la planificación de implantes mediante simulación, así como para la cefalometría en 3D, los trazados y la planificación de tratamientos de ortodoncia», explica Alina Alanoca, docente de Odontología de Unifranz.

Estas herramientas permiten analizar relaciones espaciales y discutir alternativas terapéuticas antes de la ejecución clínica. La reconstrucción tridimensional también puede ayudar a explicar los casos al paciente y facilitar la comunicación sobre procedimientos complejos.

«La reconstrucción de estas imágenes es, además, más didáctica y facilita la comprensión del paciente», agrega Alanoca.

El flujo digital se convierte en una competencia profesional

«La odontología está apuntando a que nosotros tengamos un flujo netamente digital clínico», explica Gerson Coca, experto en odontología digital y docente de Odontología de Unifranz.

La familiaridad con herramientas digitales puede facilitar la transición desde la universidad hacia entornos clínicos donde la captura de datos, la planificación y la fabricación asistida por computadora ya forman parte del trabajo cotidiano.

Pero esa familiaridad necesita ir acompañada de principios clínicos sólidos. Un escáner puede generar información, una simulación puede permitir repetir una tarea y un software puede apoyar una planificación; la interpretación del caso, la indicación terapéutica y la responsabilidad clínica siguen dependiendo del profesional.

La tecnología no reemplaza la experiencia clínica

Las herramientas digitales aportan oportunidades de práctica y visualización, pero no reproducen completamente la complejidad biológica, emocional y contextual de la atención de un paciente. Por ello, la formación odontológica necesita combinar simulación, práctica preclínica y experiencia clínica supervisada.

«Para los estudiantes, tener acceso rápido a estas tecnologías permite recibir los datos de manera inmediata y familiarizarse con herramientas que utilizarán en su práctica profesional», señala Galván.

La revisión de 2026 sobre realidad aumentada y virtual coincide con esta lógica: las tecnologías inmersivas muestran potencial para mejorar entrenamiento y confianza, pero la evidencia favorece su integración como complemento dentro de programas formativos estructurados.

¿Qué necesita una universidad para integrar odontología digital?

Incorporar equipos no es suficiente. La integración efectiva exige docentes capacitados, acceso equitativo a la tecnología, actividades alineadas con competencias, protocolos de uso, mantenimiento y oportunidades suficientes de práctica.

Una investigación cualitativa publicada en 2026 sobre experiencias de estudiantes y supervisores clínicos en Reino Unido identificó beneficios del escaneo intraoral para la preparación profesional, pero también barreras como disponibilidad limitada de equipos, presión de tiempo y diferencias en alfabetización digital entre docentes.

Esto muestra que la transformación digital del currículo no depende solo de comprar tecnología. Requiere diseñar cómo se utilizará, en qué momento del aprendizaje, con qué objetivos y cómo se relacionará con la práctica clínica convencional.

Tecnología, práctica y criterio clínico deben avanzar juntos

«Queremos que nuestros estudiantes lleguen al mercado laboral preparados para trabajar con las mismas herramientas que hoy utilizan las clínicas más modernas. La tecnología dejó de ser un complemento para convertirse en una competencia profesional indispensable», sostiene Ibáñez.

La formación odontológica se acerca así a un modelo híbrido: tecnología para visualizar y practicar, simulación para desarrollar habilidades, docentes para orientar y práctica clínica para aprender a tomar decisiones frente a pacientes reales.

El desafío no es digitalizar por digitalizar. Es utilizar la tecnología para que el estudiante pueda aprender haciendo, recibir mejor retroalimentación y llegar a la práctica clínica con competencias más cercanas a las exigencias de su futura profesión.