Multitarea y aprendizaje: cómo las interrupciones afectan la atención y la concentración

La multitarea puede crear una sensación de productividad, pero cuando una persona alterna constantemente entre mensajes, aplicaciones, clases o tareas de estudio, la atención se fragmenta y el aprendizaje puede volverse menos profundo. Proteger la concentración no significa eliminar la tecnología, sino aprender a usarla con propósito, reducir interrupciones y permitir que el cerebro complete ciclos de atención sostenida.
La falta de atención y concentración puede convertirse en una barrera para el aprendizaje, especialmente cuando las interrupciones son constantes. En un entorno marcado por múltiples estímulos digitales, una educación innovadora también debe ayudar a los estudiantes a reconocer cómo proteger su capacidad de enfocarse, procesar información y completar tareas.
“La atención es un recurso limitado. Cada vez que interrumpimos una tarea para atender otra, el cerebro debe invertir energía en volver a enfocarse, y ese proceso tiene un costo cognitivo”, explica James Robles, director del Instituto de Neurociencias de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz).
¿Por qué la atención es clave para aprender?
La atención funciona como una puerta de entrada al aprendizaje. Permite seleccionar información relevante, mantenerla activa mientras se trabaja con ella y favorecer su almacenamiento posterior. Cuando el foco se interrumpe de manera repetida, comprender instrucciones, relacionar conceptos, organizar ideas y recordar contenidos puede resultar más difícil.
La psicología cognitiva describe este fenómeno como costo de cambio de tarea: al pasar de una actividad a otra, la mente necesita ajustar sus reglas de control, recuperar el contexto anterior y volver a orientar sus recursos. Ese proceso puede parecer breve, pero se acumula cuando las interrupciones son constantes.
La multitarea fragmenta la atención y reduce la calidad del aprendizaje
El problema no siempre está en realizar varias actividades durante el día, sino en intentar atenderlas al mismo tiempo. Revisar mensajes mientras se estudia, cambiar de una aplicación a otra o alternar entre una lectura y una notificación obliga a recuperar el foco una y otra vez.
“La multitarea genera una ilusión de productividad, pero en realidad fragmenta la atención y disminuye la calidad del aprendizaje y del desempeño”, señala Robles.
Esta fragmentación también puede afectar la formación profesional, porque muchas actividades académicas requieren lectura comprensiva, análisis, resolución de problemas y capacidad para sostener una tarea hasta concluirla.
Una revisión y metaanálisis publicado en 2025 sobre estudiantes universitarios encontró una asociación negativa, aunque pequeña, entre la frecuencia de uso del smartphone y el rendimiento académico. Entre los comportamientos analizados, la multitarea durante las clases presentó uno de los efectos negativos más marcados.
“El exceso de estímulos digitales y de tareas simultáneas fragmenta la atención, impide la consolidación de la memoria y reduce la eficacia de cualquier esfuerzo cognitivo”, advierte Cristofer Ortiz Flores, docente de la carrera de Psicología de Unifranz.
¿Cómo afecta la multitarea a la memoria de trabajo?
La memoria de trabajo permite mantener información activa mientras se resuelve un problema, se interpreta una lectura o se relacionan conceptos. Cuando una persona cambia continuamente de tarea, esa memoria se sobrecarga: parte del esfuerzo mental se destina a recuperar el hilo, no a comprender mejor.
“La práctica frecuente de realizar varias tareas a la vez sobrecarga la memoria de trabajo y fragmenta la concentración, generando errores y retrasos constantes. Aunque sentimos que avanzamos, la mente realmente se dispersa y el rendimiento disminuye significativamente en tareas que requieren atención sostenida”, agrega Ortiz.
El celular y las pantallas no son el problema: el uso sin autorregulación sí puede serlo
La tecnología puede apoyar el aprendizaje cuando se usa con una finalidad clara. El problema aparece cuando las herramientas diseñadas para captar la atención interrumpen constantemente los procesos de estudio. La American Psychological Association advierte que las tecnologías educativas deben diseñarse y utilizarse evitando la multitarea, porque los entornos que capturan atención pueden interferir con el aprendizaje.
Por eso, el objetivo no debería ser prohibir toda tecnología, sino enseñar autorregulación digital. El estudiante necesita aprender cuándo una herramienta aporta al estudio, cuándo distrae y cómo organizar su entorno para reducir interrupciones innecesarias.
Reducir interrupciones ayuda a recuperar el foco
La concentración no depende únicamente de la voluntad. También puede fortalecerse mediante hábitos y entornos que reduzcan las distracciones. Establecer objetivos concretos, organizar el tiempo, silenciar notificaciones y trabajar por periodos de atención continua son acciones sencillas que pueden favorecer un estudio más efectivo.
“La concentración se fortalece cuando reducimos las interrupciones, trabajamos con objetivos claros y permitimos que el cerebro complete ciclos de atención sin estímulos constantes”, explica Robles.
Una estrategia útil consiste en separar bloques de trabajo profundo de momentos específicos para revisar mensajes o plataformas. De esta manera, el estudiante no depende de la reacción inmediata a cada estímulo y puede dedicar más recursos cognitivos a comprender, producir y resolver.
El descanso también influye en la concentración y el rendimiento
La atención sostenida también necesita descanso. Una revisión sistemática y metaanálisis publicado en 2026 encontró una relación positiva entre la calidad del sueño y el rendimiento académico. Otra revisión sobre exposición a pantallas en universitarios reportó asociaciones adversas con salud mental, calidad del sueño, molestias físicas y desempeño académico.
Esto no significa que toda exposición a pantallas produzca los mismos efectos, pero sí refuerza una idea central: estudiar mejor también implica cuidar las condiciones que permiten al cerebro enfocarse, descansar y consolidar información.
¿Cómo puede la universidad formar estudiantes con mayor atención y autonomía?
Fortalecer la atención no significa volver a una educación sin tecnología. Significa incorporar tecnología con propósito, diseñar actividades que reduzcan distracciones innecesarias y promover estrategias de autorregulación. Las universidades pueden ayudar enseñando a planificar tareas, gestionar tiempos, verificar avances y reconocer los límites de la multitarea.
Los proyectos integradores, las actividades aplicadas y el aprendizaje basado en problemas pueden contribuir porque obligan al estudiante a sostener procesos: investigar, analizar, decidir, ejecutar, corregir y comunicar resultados. En esas experiencias, la concentración se convierte en una competencia para aprender con mayor profundidad.
Aprender a concentrarse también es una competencia del futuro
En una época de estímulos permanentes, la capacidad de enfocarse adquiere valor académico y profesional. Leer con profundidad, resolver problemas, tomar decisiones, argumentar y crear requieren atención sostenida. La multitarea puede hacer que una persona sienta que avanza, pero no siempre permite aprender mejor.
Por ello, fortalecer la atención no implica renunciar a la tecnología, sino aprender a usarla de forma consciente. Crear espacios sin interrupciones, establecer prioridades, hacer pausas y desarrollar estrategias de autorregulación puede ayudar a que los estudiantes aprovechen mejor su tiempo y conviertan la concentración en una herramienta para aprender con mayor profundidad.