Metaverso en la educación: así transforman el aprendizaje los entornos inmersivos

La educación está dejando atrás el modelo tradicional basado exclusivamente en libros, pizarras y clases magistrales. El avance del metaverso y de tecnologías como la realidad virtual (RV) y la realidad aumentada (RA) está dando paso a una nueva forma de aprender, en la que los estudiantes pueden recorrer el interior del cuerpo humano, practicar procedimientos médicos, visitar sitios históricos o participar en laboratorios virtuales sin salir del aula.
Más que una tendencia tecnológica, los entornos inmersivos comienzan a consolidarse como herramientas que buscan enriquecer la experiencia educativa, eliminar barreras geográficas y acercar el conocimiento de manera más interactiva. Aunque todavía existen desafíos relacionados con la conectividad, los costos y la capacitación docente, expertos consideran que estas plataformas marcarán el futuro de la enseñanza.
El metaverso es un espacio virtual tridimensional en el que las personas interactúan mediante avatares y que combina tecnologías como la realidad virtual, la realidad aumentada y otras herramientas digitales. En el ámbito educativo, esta convergencia permite que el aprendizaje deje de ser pasivo para convertirse en una experiencia vivencial.
«El metaverso, una tecnología emergente, presenta oportunidades para optimizar la educación mediante enfoques innovadores. A través de entornos virtuales tridimensionales, el aprendizaje inmersivo se convierte en una realidad», explica Marcelo Pacheco, director de la carrera de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz).
Las posibilidades son amplias. En ciencias, los estudiantes pueden explorar estructuras moleculares en tres dimensiones; en medicina, ingresar a un quirófano virtual o recorrer órganos del cuerpo humano; mientras que en arquitectura e ingeniería pueden diseñar y analizar proyectos en escenarios digitales antes de llevarlos a la práctica.
Para Roly Lázaro, coordinador nacional de Bibliotecas de Unifranz, estas herramientas representan un cambio profundo en la formación de los futuros profesionales. «Gracias al metaverso, los estudiantes de las carreras de Ciencias de la Salud ahora pueden utilizar tecnología inmersiva que les permite experimentar en carne propia entornos en 3D, permitiéndoles sumergirse en la anatomía y la histología humanas», señala.
La educación inmersiva también rompe las limitaciones físicas. Un estudiante puede asistir a conferencias internacionales, participar en seminarios o desarrollar proyectos colaborativos con compañeros de otros países sin necesidad de viajar. Asimismo, el acceso a bibliotecas virtuales y repositorios académicos internacionales amplía las posibilidades de investigación.
«Las conferencias y seminarios pueden realizarse en el metaverso, permitiendo que estudiantes de cualquier lugar participen sin la necesidad de desplazarse. Asimismo, las simulaciones prácticas en campos como la medicina se vuelven más realistas», destaca Pacheco.
Esta capacidad para conectar a estudiantes y docentes de diferentes regiones responde a una necesidad creciente en un mundo cada vez más globalizado. De hecho, un estudio del Foro Económico Mundial (WEF) estima que la educación y la formación serán uno de los sectores donde el metaverso tendrá mayor impacto durante los próximos años.
La transformación no consiste únicamente en digitalizar un aula convencional. Los especialistas coinciden en que el verdadero potencial radica en diseñar experiencias que serían imposibles en un entorno físico. Los alumnos pueden caminar por el Coliseo romano, explorar el sistema nervioso desde el interior o analizar el comportamiento de un microorganismo en tiempo real.
«En estos espacios tridimensionales, los estudiantes no solo asisten a una clase desde una pantalla, sino que interactúan directamente con objetos en 3D, recorren la estructura de una célula humana desde adentro o caminan virtualmente por monumentos históricos como el Coliseo romano o la Gran Muralla China. Esta forma de aprender transforma el conocimiento abstracto en experiencias concretas, multisensoriales y memorables», sostiene Gabriel Choque, docente de Ingeniería de Sistemas de Unifranz.
Diversas universidades ya experimentan con estas plataformas. Stanford, la Universidad Sergio Arboleda de Colombia y otras instituciones han comenzado a incorporar campus virtuales y simulaciones inmersivas para fortalecer la formación práctica. En Bolivia, Unifranz desarrolla su propio ecosistema digital.
«Hemos hecho un Metaverso llamado Unifranz. Uno se pone las gafas y puede entrar a la universidad digitalizada. Eso ya hemos realizado y queremos impulsar el desarrollo de videojuegos utilizando las gafas de realidad virtual y aumentada que tenemos», afirma Pacheco.
No obstante, la adopción de estas tecnologías también plantea importantes desafíos. La inversión en infraestructura, la disponibilidad de dispositivos, la calidad de la conexión a internet y la capacitación de docentes son algunos de los principales obstáculos. A ello se suman preocupaciones relacionadas con la privacidad de los datos, la ciberseguridad y la brecha digital entre instituciones con diferentes niveles de acceso tecnológico.
Sergio Valenzuela, docente de Ingeniería de Sistemas de Unifranz, advierte que «implementar la educación en el metaverso presenta desafíos técnicos importantes, desde la necesidad de una conexión a internet estable y el acceso a dispositivos adecuados, hasta la creación de entornos virtuales seguros y accesibles».
Especialistas coinciden en que el metaverso no reemplazará la educación tradicional, sino que la complementará mediante metodologías más dinámicas, colaborativas y personalizadas. La combinación entre clases presenciales, recursos digitales y experiencias inmersivas podría convertirse en uno de los modelos predominantes durante la próxima década.
Más que una innovación tecnológica, el metaverso representa un cambio en la manera de construir conocimiento. En lugar de memorizar conceptos, los estudiantes pueden experimentarlos, interactuar con ellos y resolver problemas en escenarios simulados que se asemejan cada vez más al mundo real. Esa transición, impulsada por la convergencia entre educación y tecnología, comienza a redefinir el aula del siglo XXI.