Los enemigos de la concentración: multitarea, pantallas y el ruido mental que debilita la atención

En la era de la hiperconectividad, la concentración se ha convertido en un recurso cada vez más escaso. Pantallas encendidas todo el día, exigencias de rendimiento constante y una mente que rara vez descansa configuran un escenario donde enfocar la atención resulta un verdadero desafío. La neurociencia y la psicología coinciden en una advertencia clara: los hábitos cotidianos modernos están deteriorando la capacidad de concentración, afectando la memoria, la productividad y el bienestar emocional.
“La práctica frecuente de realizar varias tareas a la vez sobrecarga la memoria de trabajo y fragmenta la concentración, generando errores y retrasos constantes. Aunque sentimos que avanzamos, la mente realmente se dispersa y el rendimiento disminuye significativamente en tareas que requieren atención sostenida”, afirma Cristofer Ortiz Flores, psicólogo y docente de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz.
La multitarea digital —responder mensajes, revisar redes sociales, atender correos y trabajar en paralelo— se ha normalizado como sinónimo de eficiencia. Sin embargo, la evidencia científica muestra lo contrario. Cada cambio de actividad implica un “costo cognitivo” que obliga al cerebro a reorganizar información, consumir más energía mental y perder foco.
“La multitarea digital no mejora la eficiencia, al contrario, reduce la capacidad de concentración y fragmenta la memoria operativa. Al cambiar de una tarea a otra, el cerebro necesita reajustarse constantemente, lo que genera pérdida de tiempo y un desgaste cognitivo que se acumula a lo largo del día”, advierte la American Psychological Association (APA).
Desde Unifranz se subraya que este impacto no se limita al corto plazo. “La multitarea prolongada genera estrés cognitivo, disminuye la capacidad de concentración y afecta la memoria inmediata y a largo plazo. Esto compromete la retención de información, la resolución de problemas y la eficiencia en actividades que requieren atención sostenida, incluso en tareas rutinarias”, añade Ortiz.
Investigaciones de la Universidad de Stanford, también citadas por Infobae, refuerzan esta conclusión: las personas que realizan multitarea intensiva recuerdan menos detalles relevantes y procesan la información de forma fragmentada, dificultando su consolidación en la memoria a largo plazo. El resultado es un aprendizaje superficial y un desempeño académico y laboral más bajo.
Pero la concentración no solo se ve amenazada por la multitarea. Otro enemigo silencioso es el pensamiento excesivo u overthinking, un hábito mental cada vez más frecuente en contextos de alta presión y comparación social.
“El pensamiento excesivo genera incertidumbre constante y puede llevar a la persona a un estado de parálisis y bloqueo. Disminuye la capacidad de concentración y vuelve caótica la toma de decisiones emergentes, afectando actividades cotidianas”, explica Consuelo Medina, psicóloga y docente de la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo, Unifranz.
A diferencia de la preocupación adaptativa, el overthinking es repetitivo, difuso e interminable. La mente queda atrapada en bucles de dudas que consumen recursos atencionales y energía emocional. “Vivimos en una sociedad que exige rendimiento constante. La comparación en redes sociales y la presión de estar siempre al día generan una tensión permanente”, advierte Medina, señalando que este contexto alimenta la rumiación mental.
El impacto se extiende al cuerpo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) —otra de las fuentes citadas por Infobae— alerta que el estrés prolongado asociado a la sobrecarga informativa y al uso intensivo de pantallas puede provocar fatiga, insomnio, ansiedad y depresión si no se incorporan medidas de autocuidado y descanso mental.
Desde Unifranz, los especialistas coinciden en que recuperar la concentración no implica “hacer más”, sino hacer mejor. Planificar tareas, reducir estímulos digitales, respetar el descanso y aprender a poner límites son estrategias clave. “El exceso de estímulos digitales y de tareas simultáneas fragmenta la atención, impide la consolidación de la memoria y reduce la eficacia de cualquier esfuerzo cognitivo. Mantener un enfoque disperso genera fatiga, ansiedad y disminuye la capacidad de aprendizaje y rendimiento diario”, concluye Ortiz.
En un mundo que premia la velocidad y la multitarea, la concentración emerge como un acto consciente y necesario. Identificar a sus enemigos es el primer paso para protegerla.