Lifelong Learning: el desafío educativo de América Latina

El aprendizaje a lo largo de la vida dejó de ser una aspiración pedagógica para convertirse en una necesidad estructural de América Latina. Esa fue una de las principales conclusiones del panel “Lifelong Learning en América Latina: ¿Está realmente preparado el ecosistema educativo?”, desarrollado en el marco del FIIE (Foro Internacional de Innovación Educativa), evento organizado por la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz).
El encuentro, moderado por Alejandro de La Reza, vicerrector de Postgrado de Unifranz, reunió a Santiago Acosta, rector de la Universidad Técnica Particular de Loja y presidente del Instituto Latinoamericano y del Caribe de Calidad en Educación Superior; Alejandro Castellanos, director de Unifranz EdTech; María de los Ángeles Ancona, jefa de la Unidad de Innovación, Calidad y Ambientes de Aprendizaje de la Universidad de Guadalajara; y Constanza Diedrich, presidenta de RECLA y vicerrectora de Postgrado y Educación Continua de la Universidad Católica de Salta.
Para Diedrich, el Lifelong Learning “no es una opción, sino que es una necesidad imperiosa” ante las profundas desigualdades sociales y laborales de la región. La transformación tecnológica y la inteligencia artificial, explicó, están generando nuevos campos de formación y, al mismo tiempo, demandan la reconversión de empleos existentes. Por ello, las competencias digitales, las habilidades interpersonales y las denominadas competencias blandas adquieren un papel cada vez más relevante.
Ancona coincidió en que las universidades deben transformar su modelo porque también cambió la manera en que las personas aprenden. Plataformas como YouTube, ChatGPT, Khan Academy, Duolingo y Coursera —que, según mencionó, registra 175 millones de personas— amplían las posibilidades de acceso al conocimiento. En este escenario, sostuvo que las instituciones deben formar profesionales capaces de “aprender, desaprender y reaprender” de manera continua, incluyendo a las propias universidades.
Desde la perspectiva boliviana, Castellanos puso el foco en la informalidad laboral, que situó alrededor del 50% en América Latina y cerca del 80% en Bolivia. Frente a un mercado que cambia a una velocidad que no permite esperar meses para actualizarse, consideró necesario superar los planes de estudio rígidos y avanzar hacia alternativas más flexibles. La experiencia de Unifranz EdTech, afirmó, muestra además una creciente demanda de microcredenciales y modalidades híbridas por parte de estudiantes adultos, cuyas motivaciones y necesidades son diferentes a las de los jóvenes que ingresan directamente a la universidad.
Acosta amplió el análisis al advertir que la transformación digital exige formar ciudadanos capaces de desenvolverse con solvencia en entornos digitales. Sin una educación a lo largo de la vida que fortalezca conocimientos, competencias y alfabetización digital, advirtió, los ciudadanos y países latinoamericanos corren el riesgo de quedar rezagados. Para revertir esta situación, planteó incorporar el Lifelong Learning a un gran pacto social por la educación, con compromisos, políticas, recursos y acciones concretas de universidades, Estado, empresas y sociedad.
El panel también evidenció que el discurso todavía está por delante de la transformación institucional. Diedrich sostuvo que las universidades están “parcialmente preparadas” y que el aprendizaje permanente debe incorporarse a su misión, planificación estratégica y arquitectura institucional. Esto implica reconocer trayectorias formativas flexibles, aprendizajes adquiridos fuera de la universidad y desarrollar una pedagogía específica para estudiantes adultos.
A su vez, Acosta identificó barreras de liderazgo, administrativas y culturales que dificultan la formación continua. En muchas instituciones, señaló, todavía se la considera una fuente adicional de ingresos y no una parte de la estrategia universitaria. Ancona agregó que también deben modificarse las normativas y los sistemas de evaluación para permitir microcredenciales y trayectorias acumulables.
Los panelistas coincidieron en que la respuesta requiere un ecosistema articulado. Para Ancona, el Estado debe impulsar políticas claras, las universidades transformar sus formas de enseñar y el sector productivo trabajar junto a las instituciones para actualizar los currículos. Diedrich planteó que las empresas deben considerar la formación continua como una inversión y generar condiciones para que sus trabajadores puedan capacitarse.
El desafío, en definitiva, es pasar “de una lógica de catálogo de cursos a una lógica de trayectorias de vida”, resumió Diedrich. El panel del FIIE dejó así una premisa central: el futuro de la educación latinoamericana no dependerá únicamente de crear más programas, sino de construir sistemas flexibles, inclusivos y conectados con las necesidades de las personas y del mundo del trabajo.