Las universidades deben anticiparse al nuevo perfil del auditor frente al avance de la IA

Las universidades deben anticiparse al nuevo perfil del auditor frente al avance de la IA

La Auditoría Financiera atraviesa una transformación que obliga a replantear la manera en que se forman los futuros profesionales. Hoy, las universidades no solo deben enseñar normativa y procedimientos, sino desarrollar criterio, capacidad analítica, ética y competencias que permitan responder a escenarios cada vez más complejos.

“El auditor financiero del futuro ya no es un ejecutor de tareas rutinarias de teneduría de libros y contaduría, sino un socio estratégico capaz de interpretar información financiera y no financiera, evaluar riesgos emergentes, asesorar la toma de decisiones ejecutivas y salvaguardar la fe pública en los mercados”, sostiene José Luis Machaca, director de la carrera de Auditoría Financiera y Control de Gestión de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) sede La Paz.

Para Machaca, esta transformación obliga a repensar la formación universitaria. Ya no basta con transmitir procedimientos contables tradicionales, la academia debe preparar profesionales capaces de comprender entornos complejos, adaptarse a nuevas herramientas y convertir la información en insumos útiles para la toma de decisiones.

“La profesión atraviesa uno de los procesos de transformación más profundos y acelerados de su historia”, afirma. La inteligencia artificial, la automatización robótica de procesos y la analítica predictiva están modificando tareas que antes concentraban buena parte del trabajo del auditor financiero.

En este nuevo contexto, las universidades deben sostener una base técnica sólida. El dominio de las Normas Internacionales de Información Financiera, las Normas Internacionales de Auditoría y el marco normativo boliviano continúan siendo indispensables, pero ahora deben integrarse con capacidades analíticas, tecnológicas y estratégicas.

“La academia debe pasar de la auditoría tradicional de revisión documental a la auditoría basada en riesgos y soportada en herramientas de analítica masiva de datos”, señala Machaca. Esto implica formar estudiantes capaces de identificar patrones, detectar irregularidades, evaluar riesgos y emitir criterios respaldados por evidencia.

La transformación digital también redefine las competencias que deben desarrollarse en el aula. El manejo de herramientas tecnológicas deja de ser complementario y se convierte en parte central del perfil profesional, junto con habilidades como el pensamiento crítico, la interpretación de datos y la capacidad de adaptación.

A ello se suma un nuevo campo de acción vinculado con la sostenibilidad. La adopción de estándares como las NIIF S1 y S2 (normas internacionales de divulgación corporativa) amplía las responsabilidades de los profesionales, que deberán evaluar información relacionada con riesgos climáticos, capital humano, aspectos sociales y gobierno corporativo.

Para responder a estas demandas, Machaca considera que las universidades deben actualizar permanentemente sus contenidos y metodologías. La formación debe acercarse a los escenarios reales de la profesión, para que los estudiantes no solo conozcan la normativa, sino que sepan aplicarla frente a problemas concretos.

Ese proceso también exige comprender la realidad regulatoria boliviana. El futuro auditor deberá desenvolverse entre estándares internacionales y disposiciones nacionales en materia tributaria, contable y gubernamental, lo que demanda criterio para interpretar correctamente cuándo y cómo corresponde aplicar cada marco normativo.

“Comprender cuándo y cómo aplica un pronunciamiento técnico local frente a la adopción supletoria de las NIIF es clave para el ejercicio legal y ético de la profesión”, explica Machaca. La formación universitaria debe, por tanto, fortalecer la capacidad de análisis y no limitarse a la memorización de normas.

Otro eje fundamental es la internacionalización. La articulación con organismos como la Asociación Interamericana de Contabilidad permite acercar a los futuros profesionales a buenas prácticas regionales y a estándares que facilitan su desempeño en mercados cada vez más conectados.

“El alineamiento con los Estándares Internacionales de Educación de la Federación Internacional de Contadores constituye la brújula para garantizar que los auditores y contadores públicos bolivianos sean reconocidos y competitivos en cualquier mercado del mundo”, sostiene el director de carrera.

Desde esta perspectiva, el rol de las universidades no consiste únicamente en acompañar los cambios de la profesión, sino en anticiparlos. El aprendizaje práctico, el contacto con situaciones reales, el uso responsable de tecnología y la formación ética deben integrarse para desarrollar profesionales capaces de responder a escenarios que todavía están en construcción.

“El futuro de la profesión en Auditoría no dependerá exclusivamente de la velocidad con la que avancen los algoritmos o el software automatizado, sino de la capacidad crítica de los profesionales para utilizar la tecnología y la IA con ética, discernimiento y liderazgo”, concluye Machaca. 

En ese desafío, la universidad ocupa un lugar central: formar hoy al profesional que el mercado exigirá mañana.

En esa línea, Unifranz orienta su modelo educativo a una formación vinculada con los desafíos reales del entorno profesional, a través de experiencias prácticas, resolución de problemas y desarrollo de competencias que permitan a sus estudiantes responder a escenarios de transformación. Este enfoque cuenta con el respaldo de la certificación internacional QS Stars, que reconoció a la universidad con cuatro estrellas a nivel institucional y destacó áreas como empleabilidad, impacto social, infraestructura y calidad académica.