La IA no te quitará el trabajo, pero sí puede cambiar lo que haces en él

La inteligencia artificial (IA) dejó de ser una promesa tecnológica para convertirse en una herramienta que ya modifica la manera en que las personas trabajan, toman decisiones y desarrollan sus profesiones. El debate, por ello, comienza a cambiar: más que preguntarse qué empleos desaparecerán, el desafío consiste en entender qué tareas serán automatizadas, cuáles adquirirán mayor valor y qué nuevas capacidades necesitarán los profesionales.
El panorama laboral confirma que la transformación será profunda. El Foro Económico Mundial (WEF) estima que hasta 2030 podrían crearse 170 millones de nuevos puestos de trabajo y desplazarse 92 millones, lo que supondría un crecimiento neto de 78 millones de empleos. Al mismo tiempo, 39% de las competencias centrales requeridas en el mercado laboral cambiarían durante este periodo.
La IA está entre los principales motores de ese cambio. El WEF identifica la inteligencia artificial, el big data, las redes y la ciberseguridad entre las competencias tecnológicas de crecimiento más rápido, pero las coloca junto a capacidades como pensamiento creativo, resiliencia, flexibilidad, curiosidad y aprendizaje permanente.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) aporta una precisión importante: uno de cada cuatro trabajadores en el mundo se encuentra en una ocupación con algún grado de exposición a la IA generativa, pero el resultado más probable no es la desaparición del empleo, sino su transformación.
Nuevas competencias
En otras palabras, el profesional no necesariamente será reemplazado por una máquina; probablemente trabajará con ella.
“Hoy tenemos Inteligencias Artificiales para todo”, señala Miguel Velarde, coordinador de Reclutamiento y Selección de Unifranz, al explicar que existen herramientas para generar textos, programar códigos, crear imágenes, producir videos, componer música o desarrollar chatbots. Para el académico, el desafío consiste en “aprender a manejarlas y aprender de ellas para automatizar tareas y funciones y evolucionar en profesionales más eficaces”.
La transformación también alcanza a las profesiones que tradicionalmente no estaban asociadas con la tecnología. Un abogado puede utilizar IA para revisar grandes volúmenes de documentos; un arquitecto puede generar y evaluar alternativas de diseño; un comunicador puede apoyarse en herramientas generativas; un administrador puede analizar información para tomar decisiones; mientras un ingeniero puede desarrollar soluciones basadas directamente en modelos de inteligencia artificial.
Fabiola Cadima, directora de la carrera de Ingeniería de Sistemas de Unifranz, observa que “la inteligencia artificial es una puerta súper amplia, abierta al mundo”. La expansión de este campo está creando perfiles vinculados con ciencia de datos, machine learning, desarrollo de soluciones inteligentes, automatización y otras especialidades que hace pocos años prácticamente no existían.
La importancia de ser humano
El cambio, sin embargo, no consiste únicamente en aprender a utilizar una herramienta. También exige desarrollar capacidades que permitan cuestionar sus resultados. Ariel Villarroel, experto de la Jefatura de Enseñanza Aprendizaje (JEA) de Unifranz, sostiene que “las habilidades blandas son cada vez más valoradas por los empleadores”, porque complementan las competencias técnicas y pueden marcar la diferencia en el desempeño profesional.
Entre esas capacidades aparecen el pensamiento crítico, la creatividad, la comunicación, el liderazgo y la resolución de problemas. Ariel Quispe, experto en educación superior y Jefe de Educación y Aprendizaje de Unifranz, explica que “las competencias blandas nos ayudan a saber relacionarnos con los demás, tener comunicación efectiva, asertiva para crear cohesión, sinergia en el equipo de trabajo”.
La razón es sencilla: una herramienta puede producir una respuesta, pero corresponde al profesional determinar si esa respuesta es correcta, pertinente, ética y útil para resolver un problema concreto. La OIT también advierte que la integración de la IA requiere gestionar la transición de manera que mejore las condiciones laborales y la productividad, en lugar de limitarse a automatizar tareas.
Esto modifica también la idea de preparación profesional. Pablo Ardaya, director Nacional de Talento Humano de Unifranz, sostiene que “los nuevos profesionales definitivamente deben llevar consigo una serie de competencias entre duras y blandas”. La experiencia práctica adquiere especial relevancia porque, como explica, “la única forma de estar preparados es saber de lo que se trata el trabajo”.
El desafío se vuelve todavía mayor en un escenario de aprendizaje permanente. El WEF señala que la actualización y el perfeccionamiento de habilidades serán determinantes para afrontar la transformación del mercado laboral, mientras que las competencias relacionadas con IA y datos estarán entre las que más crecerán.
En Bolivia, esta transformación también puede observarse desde el mercado laboral. El Observatorio Nacional del Trabajo (ONT) de Unifranz ha identificado competencias como liderazgo, trabajo en equipo, responsabilidad, proactividad, inglés, Excel y metodologías ágiles entre las capacidades requeridas para empleos remotos. Ronald Bedregal, coordinador nacional del ONT, explica que “las principales competencias sobre todo que se requieren, tanto técnicas como transversales son el idioma inglés, el manejo de Excel, metodologías ágiles de proyectos” junto con habilidades como liderazgo y trabajo en equipo.
La respuesta, entonces, no parece estar en competir contra la IA, sino en aprender a trabajar con ella. Y allí aparece uno de los desafíos centrales de la educación superior: formar profesionales que no solo sepan utilizar nuevas tecnologías, sino que puedan comprenderlas, cuestionarlas y convertirlas en soluciones.
En ese camino, Unifranz ha incorporado la inteligencia artificial y las competencias digitales dentro de la formación de sus estudiantes, al tiempo que impulsa el aprendizaje práctico y la actualización permanente. La carrera de Ingeniería de Sistemas, por ejemplo, cuenta con formación especializada en Inteligencia Artificial e Internet de las Cosas, mientras sus docentes y estudiantes trabajan sobre aplicaciones de estas tecnologías para problemas reales.
La apuesta trasciende una carrera. Si la IA está modificando simultáneamente la ingeniería, el diseño, la comunicación, los negocios y otras áreas, la verdadera ventaja profesional será combinar conocimiento especializado con pensamiento crítico, creatividad y capacidad de adaptación. El futuro del trabajo no será, necesariamente, humano contra máquina: será de profesionales capaces de convertir la tecnología en una herramienta para hacer mejor su trabajo.