La confianza también se aprende: ¿por qué formar líderes capaces de gobernar empresas con integridad?

La confianza también se aprende: ¿por qué formar líderes capaces de gobernar empresas con integridad?

La gobernanza corporativa ya no es un tema reservado a los directorios empresariales, códigos de conducta o áreas de cumplimiento, sino que es parte de la economía de un país. Y es que la desconfianza puede convertirse en una barrera para la inversión, la cooperación y la construcción de políticas públicas. Por ello es necesario formar profesionales capaces de tomar decisiones responsables, sostenerlas con transparencia y responder por sus consecuencias.

Esa fue una de las principales conclusiones del conversatorio “Gobernanza Transformacional y la acción colectiva para un buen gobierno corporativo”, desarrollado en el marco de la “III Cumbre Empresarial por los ODS: Un pacto por Bolivia”, organizado por Pacto Global Red Bolivia, la Organización de las Naciones Unidas en Bolivia, el Ministerio de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente y la Embajada de Suecia. 

En el evento, empresarios, representantes de organismos internacionales y la academia coincidieron en que la integridad ya no es una obligación de cumplimiento, sino  una capacidad que debe desarrollarse en organizaciones y en la formación de profesionales.

“Siempre se trata de enseñar con el ejemplo. No basta con contar con códigos, políticas de transparencia u organigramas si estos no se traducen en acciones concretas”, sostuvo Verónica Ágreda, rectora nacional de Unifranz, quien fue parte del conversatorio y llevó el debate hacia el terreno de la educación. 

Agreda conecta dos problemas que suelen abordarse por separado. Por un lado, las empresas necesitan estructuras capaces de prevenir riesgos, enfrentar escenarios complejos y construir confianza, y por el otro, las universidades tienen la responsabilidad de preparar a profesionales que no solo sepan hacer su trabajo, sino que comprendan las consecuencias de sus decisiones.

“Las decisiones que van a tomar a lo largo de su vida profesional y mucho más si están en gobernanza, van a implicar consecuencias y van a implicar dar respuestas sobre las decisiones que se han tomado”, explicó Agreda.

De códigos escritos a decisiones cotidianas

Uno de los puntos de coincidencia del conversatorio fue que el principal riesgo de la ética empresarial es convertirla en un documento que nadie consulta. Para Alfredo Salles, vicepresidente de Asuntos Corporativos de Sinchi Wayra, una gobernanza sólida no consiste en acumular políticas, sino en conseguir que estas se conviertan en comportamientos. 

Explica que en sectores como la minería, rubro de la empresa que representa, las empresas interactúan con comunidades, autoridades y otros actores en contextos complejos, esa diferencia puede determinar la posibilidad de operar y construir relaciones de largo plazo.

“La gobernanza parte de un principio básico que es la confianza. Para ello las políticas deben pasar del papel a la acción. En nuestra experiencia, capacitar al personal y a los grupos de interés, abrir canales de comunicación y establecer mecanismos para recibir quejas, reclamos y sugerencias son parte de ese proceso”, señaló Salles.

Asimismo, Alejandro Aguilar, gerente regional de Asuntos Corporativos de Cervecería Boliviana Nacional (CBN), advirtió que uno de los errores consiste en asumir que un código de ética es simplemente una norma que debe cumplirse.

“Estamos asumiendo que todos tienen un compromiso de actuar de cierta manera, de manera íntegra, independientemente de la situación en la que estés”, afirmó.

Pero en medio de todo existe otro desafío, que la ética no puede aplicarse mediante fórmulas copiadas de otros contextos. Aguilar explicó que las políticas deben adaptarse a las características del país, del sector y de los distintos grupos con los que se relaciona una organización. En Bolivia, señaló, las diferencias culturales y territoriales obligan a comprender el contexto antes de implementar mecanismos de gobernanza.

En el ámbito formativo esto implica que aprender ética no debe reducirse a memorizar normas, sino a desarrollar la capacidad de analizar situaciones reales, reconocer dilemas y tomar decisiones responsables en contextos diversos.

La integridad como ventaja competitiva

El debate planteó además un cambio de paradigma. Para Mónica Mendoza, representante de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) en Bolivia, la integridad empresarial está dejando de ser vista como un mecanismo de cumplimiento para convertirse en un activo estratégico.

“Se ha evolucionado de creer que solamente es una norma de cumplimiento, de cultura del compliance, a realmente ser un valor y activo estratégico”, explicó.

Indicó que las empresas que cuentan con mecanismos sólidos de integridad pueden mejorar su acceso a inversiones, participar en cadenas globales de valor, reducir costos asociados a la corrupción y generar mejores condiciones para atraer y retener talento. También vinculó la ética con la innovación, especialmente por la irrupción de la inteligencia artificial, donde la velocidad del cambio obliga a discutir no solo qué se puede hacer con la tecnología, sino bajo qué reglas debería hacerse.

La universidad como puente ante la desconfianza

Pero si la gobernanza necesita confianza, ¿qué ocurre cuando los principales actores de una sociedad desconfían entre sí? Agreda planteó que, en Bolivia, la desconfianza entre el Estado, el sector privado y la sociedad civil no es solamente un problema de clima social, sino también un costo porque puede bloquear la acción colectiva.

En ese escenario, indicó que la academia puede producir evidencia y generar puentes entre actores que difícilmente podrían construir soluciones por sí solos.

“El gran poder que tiene la academia es que al no tener un color político, al no tener un control o un poder que ejercer, es justamente quien puede poner la evidencia sobre la mesa”, afirmó.

Esta función cambia también la idea tradicional de universidad. Ya no se ocupa sólo de transmitir conocimiento dentro de las aulas, sino de utilizar investigación, datos y capacidades profesionales para comprender problemas públicos y aportar a su solución.