La arquitectura de un gigante: Pablo Choque y el arte de saltar sin miedo

La arquitectura de un gigante: Pablo Choque y el arte de saltar sin miedo

Con el número 4 en la espalda y sus 1,98 metros elevados en el aire, este cochabambino de 21 años ha convertido el ataque en una obra de arte. Máximo artillero de una Bolivia guerrera que acaba de inscribir su nombre en el Preolímpico de Voleibol de Río de Janeiro 2026. Pablo Choque Tovar es la prueba viviente de que el talento sin método es solo un chispazo fugaz.

Atrás quedaron los días en que un niño de diez u once años recorría canchas de barrio probando suerte. Hoy, tras haber vestido cuatro camisetas del vóley local —pasó por Nimbles, San Martín, Albert Einstein, regresó a San Martín y finalmente llegó a Olympic—, Choque entiende que las mentes de alto rendimiento no nacen en un golpe de suerte: se construyen día a día. 

Podría decirse que su trayectoria no fue una línea recta: fue una construcción hecha de entrenamientos, cambios, aprendizajes y perseverancia. Hoy, Pablo hace su propio diagnóstico, y lo hace a la altura de su carácter: sencillo. «Mi mayor talento es el ataque», señala en entrevista con la Universidad Privada Franz Tamayo, Unifranz.

Pablo agradeció a las 23 personas del seleccionado nacional, por empujar detrás de escena; y también a las instituciones que respaldan el deporte, como Unifranz, patrocinadora de la Copa Sudamericana de Voleibol Masculino.

En la Copa Sudamericana disputada en el coliseo José Casto Méndez hace unos días, Choque se convirtió en el máximo anotador de la Selección Boliviana: 83 puntos, 73 ataques, 8 bloqueos y 2 servicios. 

Manejar esas cifras y sobrellevar el peso de miles de almas gritando resultados requiere salud mental, madurez emocional y, sobre todo, educación. Aunque tuvo que pausar sus estudios de Fisioterapia para vestir la Verde en la Copa Sudamericana, su formación académica le otorga la estructura mental para leer el juego y dominar las emociones.

¿Cómo le hace ante un coliseo desbordante y ansioso de victoria? Pablo reconoce que la emoción y la presión son parte del juego. «Ya lo tengo bien trabajado», explica. Esa capacidad para gestionar lo que ocurre dentro y fuera de la cancha es precisamente una de las características de una «Mente de alto rendimiento».

Confiesa que equilibrar los estudios con el deporte es difícil, por eso tuvo que congelar temporalmente la carrera. No renuncia, sin embargo, a seguir formándose. Su mensaje para los jóvenes: «Métanle al deporte y aléjense de todas las cosas malas».

Cochabambino de cepa, amante del silpancho y el trancapecho, al clasificar al Preolímpico, Pablo no olvida a las 23 personas que conforman el seleccionado nacional, esos que empujan detrás de escena y aquellas instituciones que apuntalan con respaldo, como Unifranz, que apuesta por el talento y el deporte de élite. 

La Selección boliviana de voleibol que participó en la Copa Sudamericana 2026, en Cochabamba.

Pablo todavía quiere más. Piensa en el Preolímpico que se jugará en septiembre, y sueña con jugar en otros niveles, acaso fuera de Bolivia. Su historia demuestra que el alto rendimiento no aparece de la nada: se entrena, se educa y se construye.

A los jóvenes les deja otra consigna simple: la cancha es el mejor refugio. Hoy, anhela que el profesionalismo sea el norte del voleibol nacional, pero su mayor victoria ya ocurrió: enseñarle a un país entero que, para tocar el cielo, primero hay que saber formarse en la tierra.