Jóvenes e IA: así cambian las relaciones en la generación Z

La inteligencia artificial dejó de ser una herramienta futurista para convertirse en una presencia cotidiana en la vida de millones de jóvenes. Desde organizar tareas académicas hasta brindar compañía emocional, la IA está redefiniendo la manera en que la generación Z se informa, aprende, trabaja y construye vínculos. Para quienes nacieron en la era digital, conversar con una inteligencia artificial ya no es una novedad, sino una práctica cada vez más habitual que transforma su relación con la tecnología y, en algunos casos, también con otras personas.
La generación Z, integrada por jóvenes nacidos entre mediados de los años noventa y la primera década de los 2000, ha crecido rodeada de internet, redes sociales y dispositivos inteligentes. Esa familiaridad con el entorno digital explica por qué son también quienes más rápidamente han incorporado la inteligencia artificial a sus rutinas diarias.
Un estudio de Jigsaw, grupo especializado en seguridad de Google, revela que los jóvenes de entre 18 y 24 años muestran una creciente confianza en los sistemas de IA generativa y en los algoritmos que determinan gran parte de los contenidos que consumen en línea. La investigación concluye que esta generación prioriza la rapidez y la eficiencia al momento de interactuar con la tecnología.
“Buscan pasar el tiempo y han importado heurísticas de confianza después de familiarizarse con los algoritmos. Por encima de todo, lo que más valoran es la eficiencia y no han tenido reparos en utilizar IA generativa para alcanzar sus objetivos rápidamente, incluso cuando ello es a expensas de la precisión”, señala el estudio.
La inteligencia artificial se ha convertido en una especie de asistente permanente. Los jóvenes la utilizan para estudiar, generar contenido, resolver dudas, planificar actividades e incluso para recibir orientación en decisiones cotidianas. La relación es tan estrecha que algunos expertos consideran que la IA ya forma parte de la identidad digital de esta generación.
Andrea Henao, miembro de la Jefatura de Enseñanza Aprendizaje (JEA) de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), sostiene que la nueva relación entre jóvenes y tecnología refleja una evolución significativa en la forma de entender la innovación digital. “Los jóvenes ya no ven la IA como una herramienta rígida, sino como un acompañante que debe ajustarse a sus valores, aspiraciones y procesos. Esa relación más madura impulsa a las instituciones y empresas a pensar en modelos de IA más centrados en el usuario”, afirma.
La demanda de personalización es una de las características más marcadas de esta nueva etapa. Según una investigación de Google Workspace y The Harris Poll, más del 92% de los jóvenes líderes profesionales espera que las herramientas de inteligencia artificial se adapten a su estilo de comunicación, preferencias y necesidades específicas. Para ellos, la personalización ya no es un valor agregado, sino una condición básica.
Sin embargo, el fenómeno trasciende el ámbito educativo y laboral. Cada vez más jóvenes utilizan chatbots conversacionales como espacios de apoyo emocional. Aplicaciones diseñadas para mantener conversaciones empáticas están ganando popularidad entre adolescentes y adultos jóvenes que buscan compañía, escucha y comprensión en entornos digitales.
“Los jóvenes buscan en la IA una presencia constante que les ofrece contención emocional sin exigir reciprocidad. La interacción con estos sistemas permite experimentar cercanía y apoyo en momentos de soledad, pero también puede generar dependencia afectiva si no se acompaña de relaciones humanas reales”, explica Carmen Aguilera, docente de la carrera de Psicología de Unifranz.
La posibilidad de conversar con una inteligencia artificial las 24 horas del día, sin temor al juicio o al rechazo, resulta especialmente atractiva para quienes enfrentan situaciones de aislamiento o ansiedad social. No obstante, especialistas advierten que esta cercanía también plantea riesgos.
“La dependencia emocional hacia la IA puede obstaculizar el desarrollo de habilidades sociales esenciales como la empatía y el manejo de frustración. Es importante que los jóvenes aprendan a equilibrar la interacción virtual con relaciones humanas reales para fortalecer su bienestar emocional”, añade Aguilera.
Los estudios muestran que muchos jóvenes perciben a la inteligencia artificial como una “compañera intelectual” capaz de ayudarles a resolver problemas, organizar ideas o practicar conversaciones difíciles. Sin embargo, los expertos coinciden en que la tecnología no puede reemplazar los vínculos humanos ni la interacción social necesaria para el desarrollo emocional.
La creciente confianza de la generación Z en la inteligencia artificial revela una transformación cultural profunda. La tecnología ya no es únicamente una herramienta de consulta o entretenimiento; se ha convertido en un interlocutor cotidiano que acompaña procesos de aprendizaje, productividad y socialización. El desafío, según especialistas, será encontrar un equilibrio entre las ventajas de esta nueva relación digital y la preservación de las conexiones humanas que siguen siendo fundamentales para el bienestar individual y colectivo.