Investigación universitaria: ¿Qué está detrás de la automedicación en adolescentes?

Un dolor de cabeza, una molestia muscular o un síntoma que parece menor puede terminar en una decisión tomada fuera del consultorio: elegir un medicamento a partir del consejo de un familiar, un amigo o de contenido encontrado en internet o redes sociales.
Esa realidad llevó a un grupo de estudiantes de Medicina de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) a investigar los patrones de automedicación en alumnos de secundaria. El trabajo se desarrolló entre febrero y junio de 2026 con estudiantes de primero a sexto de secundaria del colegio Hermano Pacífico Feleti, en La Paz – Bolivia, y reunió información de cerca de 180 participantes.
En el grupo estudiado, la información disponible en redes sociales y las recomendaciones de familiares y amigos aparecen como factores que influyen en la decisión de consumir medicamentos sin una indicación médica.
“Hallamos que existe una tendencia notable a la automedicación en los estudiantes de secundaria, lo cual nos da a pensar que la automedicación es una práctica común, pese a los problemas que puede traer”, señala Priscila Santa Cruz, estudiante de sexto semestre de Medicina en Unifranz e integrante del equipo investigador.
La investigación fue desarrollada por Mamani Miranda Edgar Miguel, Lopez Uscamayta Jesus Adrian, Santa Cruz Garnica Priscilla y Ayma Torres Damaris Johanna. La docente Guía fue la Dra. Miriam Bautista Calizaya.
El proyecto participó en la categoría póster del V Congreso Científico Nacional de OWSD Bolivia, realizado del 26 al 28 de agosto de 2026 en La Paz. El congreso reunió a aproximadamente 250 investigadores, entre estudiantes, docentes y profesionales de distintas universidades del país, además de invitados de Colombia y México.
Redes sociales, familiares y amigos: quién influye en la decisión
Uno de los hallazgos que llama la atención es el papel de las fuentes de información que influyen en el consumo. Según la investigación, los estudiantes recurren a la automedicación principalmente a partir de contenidos a los que acceden en redes sociales y de recomendaciones de personas de su entorno cercano.
“Ocurre más que nada por la información de las redes sociales y, además, por recomendación tanto de familiares como de sus amigos”, señala Santa Cruz.
En un entorno digital donde la información sanitaria circula con rapidez este dato es relevante. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la información de salud incorrecta o poco clara puede contribuir a decisiones perjudiciales, incluida la automedicación, y subraya la importancia de disponer de contenidos basados en evidencia.
Adolescentes: una etapa en la que se forman hábitos
Para el equipo investigador, la elección de trabajar con adolescentes responde también a la etapa en la que se encuentran. Es un periodo en el que se consolidan hábitos y criterios que pueden acompañar a las personas por el resto de su vida.
“Ellos están formando su criterio, razón por la cual son bastante susceptibles a la información que reciben tanto de redes sociales como de sus familiares y amigos”, sostiene Santa Cruz.
La observación no significa que toda información recibida en redes sociales sea incorrecta ni que las familias o los amigos sean por definición una fuente de riesgo. El problema puede surgir cuando la decisión sobre un medicamento depende de información que no ha sido evaluada clínicamente, esto aumenta la importancia de desarrollar alfabetización en salud y criterios para distinguir fuentes confiables.
Los analgésicos aparecen entre los medicamentos más utilizados
El estudio también identifica qué medicamentos predominan entre los estudiantes que se automedican. Los analgésicos aparecen como los más frecuentes dentro de la población investigada.
“Los medicamentos que más prevalecen son los que se usan contra el dolor”, explica Santa Cruz.
El hallazgo tiene un antecedente cercano en la evidencia boliviana, aunque en una población diferente. Un estudio publicado, en 2026, en la Revista Médica La Paz, del Colegio Médico, encontró una prevalencia de automedicación del 88% entre 316 estudiantes de una universidad privada de la ciudad de La Paz.
En ese trabajo, los analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos representaron el 71,6% de los medicamentos utilizados y el dolor fue el motivo más frecuente, con un 79,5%. Cabe aclarar que estos resultados corresponden a universitarios y no pueden extrapolarse directamente a adolescentes de secundaria.

El riesgo: aliviar el síntoma sin conocer la causa
Para Santa Cruz, uno de los riesgos de la automedicación indiscriminada es que el medicamento puede aliviar temporalmente una molestia sin abordar el problema que la provoca. Con ello la causa queda oculta.
“El uso indiscriminado de medicamentos va a ocasionar que se cubra la dolencia y no se trate la causa específica de la enfermedad”, advierte.
La OMS reconoce que existen intervenciones de autocuidado basadas en evidencia, incluidos algunos medicamentos de venta libre, pero señala que deben utilizarse dentro de un entorno seguro y con acceso a orientación profesional cuando sea necesario. También identifica como desafíos la información incorrecta o poco clara, los productos no regulados y la falta de acceso a trabajadores de salud para orientar sobre complicaciones o efectos adversos.
En el caso de los antibióticos, además, existe un riesgo colectivo, su uso indebido o excesivo contribuye al desarrollo de resistencia a los antimicrobianos. La OMS considera el uso inadecuado y excesivo de antibióticos uno de los principales impulsores de este problema.
Investigar un problema cotidiano para fortalecer la educación sanitaria
La investigación también puso a prueba la capacidad del equipo para trabajar directamente con estudiantes. Según Santa Cruz, una de las etapas más exigentes fue la recolección de información, realizada con aproximadamente 180 alumnos del establecimiento educativo.
Más allá de la cifra concreta de automedicación, el estudio abre una discusión sobre la educación sanitaria en edades tempranas. Nos lleva a preguntarnos cómo se construyen las decisiones frente a un dolor o una fiebre, qué fuentes se consultan y qué criterios permiten reconocer cuándo un síntoma requiere valoración profesional.
En ese sentido, el problema no se reduce a decirle a un adolescente que “no se automedique”, supone ayudarlo a identificar información confiable, comprender que un medicamento puede producir efectos adversos e interacciones y reconocer que el alivio de un síntoma no equivale necesariamente a haber tratado la causa.
La pregunta que queda abierta
La investigación de los estudiantes de Medicina pone el foco en un comportamiento cotidiano que ocurre en la intersección entre salud, familia y entorno digital.
Las redes sociales aportan velocidad y volumen a la circulación de información; familiares y amigos aportan confianza y cercanía; las farmacias facilitan el acceso a medicamentos. En medio de esa combinación, los adolescentes toman decisiones sobre su salud mientras todavía construyen sus propios criterios.
El desafío para la educación sanitaria, entonces, no consiste únicamente en advertir sobre los riesgos de la automedicación, también pasa por fortalecer la capacidad de evaluar información y saber cuándo una recomendación debe ser reemplazada por una consulta profesional.