Inteligencia aumentada y el IA LAB: ¿cómo usar la IA sin reemplazar el criterio humano?

Inteligencia aumentada y el IA LAB: ¿cómo usar la IA sin reemplazar el criterio humano?

La inteligencia artificial (IA) puede procesar información, automatizar tareas y generar contenidos en segundos. Pero decidir si una respuesta es correcta, suficiente, ética o útil sigue requiriendo contexto, experiencia y responsabilidad humana.

Esa complementariedad es la base de la inteligencia aumentada. Este enfoque utiliza las capacidades de la IA para ampliar lo que las personas pueden hacer, sin convertir a la tecnología en la sustituta automática del razonamiento y la decisión humana.

“La inteligencia aumentada fusiona la inteligencia artificial con nuestra inteligencia como seres humanos, porque esta inteligencia es la que crea, da poder, domina y administra lo que se debe hacer” señala Fabiola Cadima, directora de la carrera de Ingeniería de Sistemas e Innovación Digital de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz).

En este marco, para la educación superior, el desafío ya no consiste solamente en incorporar nuevas herramientas. También implica formar profesionales capaces de comprender cómo funcionan, verificar lo que producen, reconocer sus límites y utilizarlas con un propósito definido.

¿Qué es la inteligencia aumentada y por qué pone el criterio humano en el centro?

Desde el IA Lab en Cochabamba, un laboratorio tecnológico de la Catedral de Innovación, Cadima plantea como funciona este enfoque: “Este es un laboratorio de inteligencia aumentada, no es un laboratorio de inteligencia artificial, sino un laboratorio que combina la tecnología con lo humano”.

La diferencia no está solamente en la herramienta utilizada, sino en la relación que se establece con ella. La IA puede analizar grandes volúmenes de datos, acelerar procesos, detectar patrones o producir textos, imágenes y código. Sin embargo, sus resultados dependen de los datos con los que trabaja, del diseño del sistema, de las instrucciones que recibe y del contexto en el que se utiliza.

Por eso, una respuesta generada por IA no debería convertirse automáticamente en una conclusión. Puede ser un insumo para analizar un problema, pero requiere comprobación, interpretación y una decisión posterior.

La Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial de la UNESCO establece que la responsabilidad final no debe desplazarse a los sistemas de IA y resalta la supervisión humana, la transparencia, la equidad y la rendición de cuentas como principios centrales.

¿Cómo saber cuándo confiar, comprobar o descartar una respuesta de IA?

Por la expansión de herramientas de inteligencia artificial, hoy existen más recursos para resolver una tarea, lo que también ha vuelto más difícil decidir cuál utilizar y qué resultados son confiables. El problema ya no consiste únicamente en acceder a información, sino en cómo filtrarla. 

Ante una respuesta de IA, el usuario necesita preguntarse de dónde provienen los datos, qué fecha tienen, qué evidencia respalda la afirmación, si existen otras fuentes que la  contradicen y qué consecuencias podría tener utilizar esa información sin verificarla. Esa capacidad es aún más importante cuando la IA interviene en ámbitos como salud, derecho, educación, finanzas, administración pública o toma de decisiones empresariales. 

Esto introduce un cambio importante para la formación profesional. El conocimiento técnico continúa siendo necesario, pero ya no es suficiente. Un estudiante también necesita aprender a formular preguntas, identificar errores, contrastar información, reconocer sesgos y evaluar las consecuencias de utilizar una solución automatizada.

“Los estudiantes tienen que aprender a filtrar, a utilizar la inteligencia artificial de forma eficiente” sostiene Cadima.

Para ello la alfabetización en IA va más allá de saber escribir un prompt o utilizar una plataforma. Tampoco debe limitarse a carreras como Ingeniería de Sistemas o Ciencia de Datos, ya que sus efectos alcanzan al periodismo, derecho, medicina, diseño, educación, administración, marketing y otras profesiones. Ya no se trata de si una carrera debe relacionarse con la IA, sino de cómo enseñar a utilizarla sin reducir la capacidad de pensar por cuenta propia.

¿Cómo cambia la formación universitaria y cómo se conecta con el IA LAB?

Para las universidades, responder a esa transformación no significa simplemente añadir herramientas a una asignatura. El desafío es crear experiencias donde los estudiantes comprendan qué puede hacer una tecnología, qué no puede hacer y qué responsabilidad asumen cuando deciden utilizarla.

La formación necesita distinguir entre manejar una aplicación y comprender el problema que se intenta resolver. Un profesional preparado para trabajar con IA debe poder decidir cuándo automatizar una tarea, cuándo revisar manualmente un resultado y cuándo una decisión requiere necesariamente intervención humana.

Este debate tiene una expresión concreta en el IA Lab de Unifranz Cochabamba. En 2025, este laboratorio fue presentado en la  Feria Exposición Internacional de Cochabamba (FEXCO) como un espacio interactivo donde estudiantes, profesionales, emprendedores y visitantes podían conocer y experimentar diferentes aplicaciones de inteligencia artificial.

La experiencia trasladó la tecnología fuera del aula y permitió observar de manera práctica cómo distintas herramientas pueden acelerar procesos o apoyar tareas. En 2026, la Catedral de Innovación de Unifranz Cochabamba incorporó el IA LAB dentro de un ecosistema orientado a vincular formación, tecnología, empresa y sociedad. 

Su enfoque coloca a la inteligencia artificial como aliada del pensamiento humano. No se trata solamente de automatizar, sino de utilizar la tecnología para analizar mejor y tomar decisiones con mayor información.

Cadima lleva esa visión un paso más allá al definir el espacio desde la inteligencia aumentada. Como explica, en este espacio ya no se trata de cuánto trabajo puede hacer una máquina por una persona, sino de qué puede hacer una persona con ayuda de una máquina sin dejar de comprender, evaluar y decidir.

“Es muy importante para la carrera de Sistemas y para todas las profesiones y la sociedad en general” explica Cadima.

De utilizar IA a desarrollar capacidades propias

El 26 de agosto de 2026, la Agencia de Gobierno Electrónico y Tecnologías de Información y Comunicación (AGETIC) y la UNESCO formalizaron un acuerdo para iniciar en Bolivia la Metodología de Evaluación del Estado de Preparación para la Inteligencia Artificial, conocida como RAM.

La herramienta, desarrollada por UNESCO a partir de su Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial, busca analizar las capacidades y brechas de los países. En Bolivia, el diagnóstico contempla cuatro dimensiones principales:marco normativo y regulatorio, estructura institucional, infraestructura técnica y datos, y talento humano.

Pero el futuro de la IA en Bolivia no depende únicamente de cuántas plataformas estén disponibles. También depende del talento capaz de comprenderlas.

Para ello formar profesionales preparados para este escenario requiere combinar competencias técnicas con pensamiento crítico, ética, creatividad, capacidad de verificación y responsabilidad sobre las decisiones. 

Para quienes desarrollarán sistemas inteligentes, esa responsabilidad comienza antes de que una herramienta llegue al usuario, mientras que para quienes utilizarán IA desde otras profesiones, implica aprender a reconocer qué puede delegarse y qué requiere necesariamente conocimiento, experiencia o juicio humano.

La inteligencia aumentada no plantea una competencia entre la inteligencia humana y la artificial, plantea una relación. El verdadero desafío no es conseguir que la IA piense por nosotros, sino aprender a utilizarla para pensar, crear y decidir mejor sin renunciar al criterio propio.