Informe de la UNESCO advierte que la educación superior debe transformarse para responder a los desafíos globales

La educación superior mundial atraviesa una transformación profunda impulsada por la tecnología, los cambios en el mercado laboral y la necesidad de construir sistemas más inclusivos y flexibles. Así lo establece el nuevo Informe mundial sobre tendencias de la educación superior de la UNESCO, que identifica desafíos estructurales y nuevas demandas formativas que hoy redefinen el rol de las universidades en el mundo.
El estudio, presentado por el Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC), analiza datos de 146 países y advierte que, aunque la matrícula universitaria global alcanzó los 269 millones de estudiantes en 2024, persisten brechas importantes en acceso, calidad, financiamiento y pertinencia educativa. El documento también señala que las instituciones enfrentan la presión de adaptarse a la transformación digital, la inteligencia artificial y los cambios acelerados en las competencias requeridas por el entorno profesional.
En ese escenario, varias de las tendencias identificadas por la UNESCO coinciden con modelos educativos que ya empiezan a implementarse en universidades de la región, como el modelo transformador de Unifranz, enfocado en el aprendizaje experiencial, el desarrollo de competencias y la formación integral.
El informe subraya que la educación superior ya no puede centrarse únicamente en la transmisión de contenidos teóricos. Por el contrario, destaca la necesidad de formar estudiantes capaces de adaptarse, resolver problemas complejos y desenvolverse en contextos cambiantes. En línea con esa visión, Gustavo Montaño, vicerrector académico nacional de Unifranz, sostiene que el nuevo paradigma educativo exige una transformación más profunda del proceso de enseñanza.
“Somos agentes de transformación de la sociedad. Estamos convencidos de que cada esfuerzo educativo que impulsamos permitirá que nuestros estudiantes no solo se formen, sino que se desarrollen plenamente y se conviertan en los agentes de cambio que el país necesita”, afirma.
Uno de los principales hallazgos del informe de la UNESCO es la creciente necesidad de pertinencia entre la formación universitaria y las demandas sociales y económicas. El organismo advierte que, en muchas regiones, el crecimiento de la educación superior no ha estado acompañado por oportunidades laborales equivalentes, generando una desconexión entre academia y mercado laboral.
Frente a ello, el modelo educativo transformador de Unifranz plantea una formación centrada en proyectos integradores, resolución de problemas reales y evaluación por competencias, elementos que coinciden con las recomendaciones internacionales sobre innovación educativa.
“El estudiante aprende a aprender y desarrolla las competencias para resolver cualquier desafío al que se enfrente no solo en el momento en que se integre al entorno profesional, sino en todos los momentos de la etapa de su vida a través del aprendizaje”, explica Montaño.
La UNESCO también alerta sobre el impacto de la transformación digital y la inteligencia artificial en la educación superior. Según el informe, para 2025 solo una de cada cinco universidades en el mundo cuenta con políticas formales relacionadas con IA, pese a que estas tecnologías están modificando los procesos de enseñanza, evaluación y producción de conocimiento.
En ese contexto, el modelo de Unifranz incorpora competencias digitales y rutas académicas flexibles que permiten a los estudiantes personalizar parte de su formación y actualizarse continuamente frente a los cambios tecnológicos y profesionales.
Otro punto central del informe internacional es la importancia de fortalecer habilidades transversales como el pensamiento crítico, la creatividad, la comunicación efectiva y el trabajo colaborativo. Estas capacidades son consideradas fundamentales para enfrentar escenarios de incertidumbre y transformación permanente.
Caroline Ayala, coordinadora nacional de Desarrollo Curricular de Unifranz, señala que precisamente ese es uno de los ejes del modelo educativo de la universidad. “El objetivo del modelo como tal es primero formar profesionales integrales capaces de generar valor y transformar su entorno. Es decir, transformar la sociedad, transformar su entorno laboral”, sostiene.
La académica agrega que la educación superior debe preparar a los estudiantes para desenvolverse en entornos globales y multidisciplinarios. “Esto implica desarrollar no solo conocimientos disciplinares sólidos, sino también competencias transversales esenciales como el pensamiento crítico, la creatividad, la resolución de problemas complejos y la comunicación efectiva”, afirma.
El informe de la UNESCO también enfatiza la necesidad de fortalecer la internacionalización y la cooperación académica. La movilidad estudiantil internacional pasó de 2,1 millones de estudiantes en 2000 a 7,3 millones en 2023, aunque el acceso continúa siendo desigual entre regiones y grupos sociales.
Ante este panorama, el organismo internacional concluye que la educación superior debe avanzar hacia modelos más inclusivos, resilientes y orientados al futuro. En esa línea, las tendencias identificadas por la UNESCO muestran coincidencias con propuestas educativas que priorizan flexibilidad, aprendizaje continuo, competencias y conexión con la realidad social y laboral.