IA y competencias humanas transforman el diseño educativo

La irrupción de la inteligencia artificial está obligando a replantear una de las preguntas más importantes para la educación: ¿qué capacidades seguirán siendo exclusivamente humanas en un mundo donde una máquina puede diseñar cursos, generar contenidos o resolver problemas en cuestión de segundos?
Para Ricardo Román, director del colegio Alberto Blest Gana de Chile —reconocido entre los 100 colegios más innovadores del mundo—, la respuesta no pasa por competir con la tecnología, sino por fortalecer aquello que ninguna inteligencia artificial puede reemplazar: el pensamiento crítico, la creatividad, la empatía y la capacidad de inspirar a otros.
Esa fue una de las principales reflexiones que compartió durante el panel «Diseño instruccional en la era de la IA: herramientas, criterios y nuevas competencias», realizado en el marco del VII Foro Internacional de Innovación Educativa (FIIE) 2026, organizado por la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), que reunió en Santa Cruz de la Sierra a especialistas nacionales e internacionales para debatir el futuro de la educación.
En entrevista concedida durante el evento, Román advirtió que el avance de la inteligencia artificial está transformando las bases mismas de la educación y obligará a escuelas y universidades a redefinir su misión.
«Está todo en juego. Están en juego los colegios, están en juego las universidades; se está transformando todo desde el fondo. No sabemos qué instituciones van a sobrevivir y lo que importa es la capacidad de adaptarse», afirmó.
Para el educador chileno, esa adaptación no significa reemplazar a los docentes por algoritmos, sino preparar a los estudiantes para desenvolverse en un entorno donde la inteligencia artificial será parte de la vida cotidiana.
«Vamos a tener que formar a jóvenes para un mundo que va a estar cambiando radicalmente. No se trata de darle la espalda a las tecnologías, sino de apropiarse de ellas de una manera productiva y creativa», sostuvo.
Román explicó que, aunque todavía es difícil definir cuáles serán las competencias exclusivamente humanas en el futuro, existen capacidades que hoy resultan indispensables para trabajar junto a la inteligencia artificial.
«Por ahora, la creatividad, el pensamiento crítico, la manera de decidir por nosotros, la empatía y todo lo que pertenece al ámbito ético y emocional siguen siendo profundamente humanos. Pero eso no está asegurado; somos nosotros quienes tendremos que esforzarnos por seguir desarrollando esas capacidades», señaló.
Del profesor que enseña al mentor que guía
Durante el panel, Román compartió la experiencia del colegio Alberto Blest Gana, donde comenzaron a utilizar ChatGPT en las aulas apenas una semana después de su lanzamiento público. Lejos de prohibir la tecnología, decidieron incorporarla como una herramienta de aprendizaje.
«Más que preocuparnos por la inteligencia artificial, hay que aprender a usarla y regularla. Lo mismo ocurrió con el celular: el desafío no es prohibir, sino enseñar a utilizar estas herramientas con sentido», afirmó.
Sin embargo, sostuvo que la discusión sobre la IA no puede separarse de la crisis que atraviesa la educación. «La escuela está en crisis. Las promesas que hacía de garantizar un trabajo estable dejaron de tener sentido, los alumnos pierden el interés y muchos profesores están agotados. En ese contexto llega la inteligencia artificial», explicó.
Frente a ese escenario, su institución trabaja sobre tres pilares: comprender cómo aprende el cerebro mediante la neurociencia, incorporar la inteligencia artificial como un mentor en el aula y fortalecer la educación emocional.
«Nosotros usamos la inteligencia artificial como un mentor. Les entregamos una tableta a los estudiantes y la IA los desafía; no les hace la tarea, aprende junto con ellos», explicó.
Esa experiencia, afirmó, ha demostrado que la tecnología puede convertirse en una aliada cuando se integra dentro de un modelo pedagógico centrado en el estudiante.
«Si uno conjuga la neurociencia, la inteligencia artificial y la educación emocional, la IA deja de ser ese terror imparable y pasa a ser una herramienta para crear oportunidades en la vida de los estudiantes», sostuvo.
El nuevo perfil del docente
Uno de los mensajes más contundentes de Román fue que el verdadero cambio no está en la tecnología, sino en el rol que desempeñan los profesores. A su juicio, el modelo tradicional, basado en clases magistrales y transmisión de contenidos, ya no responde a la manera en que aprenden las nuevas generaciones.
«El colegio como esa fábrica donde los niños iban a recibir conocimientos de forma pasiva ya no funciona. El alumno tiene que ser el protagonista del aprendizaje y el profesor deja de ser el que más sabe para convertirse en un guía», afirmó.
Ese cambio exige comprender cómo funciona el cerebro y diseñar experiencias donde los estudiantes participen activamente.
«El cerebro aprende cuando está involucrado, emocionado, comprometido y experimentando. Eso es completamente distinto a dictar cátedra», explicó.
Román incluso planteó que los docentes deberán desarrollar nuevas habilidades para captar la atención de sus estudiantes.
«Los profesores tenemos que ser un poquito payasos. Tenemos que motivar y entretener, porque el respeto ya no se gana solamente con el autoritarismo; se gana con el cariño, la admiración, el vínculo y la motivación», expresó.
Al mismo tiempo, aclaró que esa cercanía no sustituye el dominio disciplinar. «Para hacerle buenas preguntas a la inteligencia artificial hay que saber mucho. El profesor tiene que seguir siendo un buen matemático, un buen biólogo o un buen historiador. Si no sabe, tampoco sabrá cómo aprovechar la tecnología», indicó.
Finalmente, hizo un llamado a transformar también la formación docente. «Hay que invertir tiempo, esfuerzo y recursos en formar a los profesores. Están seteados por la universidad y por su propia experiencia como alumnos. El cambio cultural que necesitamos es muy profundo», concluyó.
Las reflexiones de Ricardo Román se sumaron a uno de los debates centrales del FIIE 2026: cómo integrar la IA sin perder de vista el sentido humano de la educación. Más allá de las herramientas tecnológicas, el desafío planteado durante el encuentro fue rediseñar la enseñanza para formar personas capaces de pensar críticamente, aprender de manera autónoma y utilizar la IA como un complemento de su inteligencia, no como un sustituto. En ese escenario, el docente deja de ser un transmisor de contenidos para convertirse en el principal arquitecto de experiencias de aprendizaje que preparen a las nuevas generaciones para un futuro en permanente transformación.