Habilidades humanas: por qué siguen siendo clave para el éxito profesional

Habilidades humanas: por qué siguen siendo clave para el éxito profesional

La inteligencia artificial, la automatización y los cambios constantes del mercado laboral están modificando las tareas y las competencias que necesitan los profesionales. En ese contexto, el conocimiento técnico sigue siendo indispensable, pero necesita complementarse con habilidades humanas como comunicación, colaboración, pensamiento crítico, adaptabilidad, liderazgo y capacidad para resolver problemas.

El Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum estima que el 39% de las habilidades centrales de los trabajadores cambiará o quedará desactualizado entre 2025 y 2030. El informe ubica entre las competencias más relevantes el pensamiento analítico, la resiliencia, la flexibilidad, la agilidad, el liderazgo y la influencia social.

“Las personas de éxito tienen que hacer énfasis en las habilidades blandas o habilidades de poder, porque son esas las que ahora necesitamos y requieren que les pongamos todo nuestro esfuerzo y atención”, sostiene Ariel Mario Quispe, de la Jefatura de Enseñanza Aprendizaje (JEA) de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz).

¿Qué son las habilidades humanas o power skills?

Las habilidades humanas son capacidades cognitivas, sociales y emocionales que permiten relacionarse con otras personas, adaptarse a situaciones nuevas, colaborar, tomar decisiones y resolver problemas. También se conocen como habilidades blandas o soft skills, aunque en los últimos años se utiliza con mayor frecuencia el término power skills para destacar su peso en el desempeño profesional.

A diferencia de una herramienta o conocimiento técnico específico, estas capacidades pueden utilizarse en diferentes sectores, cargos y contextos. Por eso adquieren valor cuando las tecnologías y las funciones laborales cambian con rapidez.

¿Qué habilidades humanas buscan hoy las organizaciones?

El World Economic Forum identifica el pensamiento analítico como la competencia central más demandada por los empleadores encuestados en 2025. También aparecen resiliencia, flexibilidad, agilidad, liderazgo, pensamiento creativo, empatía, escucha activa, curiosidad y aprendizaje permanente.

LinkedIn, por su parte, encontró en su análisis de habilidades en crecimiento de 2025 que comunicación, pensamiento estratégico y adaptabilidad aparecen de forma recurrente entre los mercados analizados. El resultado refuerza una idea: las competencias tecnológicas y humanas no compiten entre sí, sino que se complementan.

La comunicación convierte conocimiento en acción

Saber resolver un problema no siempre es suficiente. En el trabajo también es necesario explicar una idea, argumentar una decisión, escuchar a otras personas, coordinar tareas y adaptar un mensaje a distintos públicos.

“Las habilidades blandas nos ayudan a saber relacionarnos con los demás, tener comunicación efectiva y asertiva para crear cohesión, sinergia en el equipo de trabajo, a fin de enlazarlas con las habilidades técnicas para lograr los objetivos de la institución o de la empresa”, explica Gustavo Montaño, doctor en Educación y vicerrector académico de Unifranz.

La comunicación también influye en la calidad del trabajo colaborativo. Equipos con conocimientos técnicos sólidos pueden perder eficacia si existen dificultades para coordinar prioridades, manejar desacuerdos o compartir información.

El trabajo en equipo exige colaboración y responsabilidad

Las organizaciones dependen cada vez más de equipos interdisciplinarios. Un proyecto puede reunir perfiles de tecnología, finanzas, marketing, diseño, salud o gestión, por lo que colaborar implica aprender a trabajar con lenguajes, prioridades y perspectivas diferentes.

“Muchas empresas e instituciones no logran sus objetivos porque no poseen grupos o personas que están comprometidas con lo que hacen”, sostiene Montaño.

El compromiso se relaciona con asumir responsabilidades, cumplir acuerdos, aportar al objetivo común y saber pedir apoyo cuando es necesario. Estas conductas no dependen únicamente del conocimiento técnico y se desarrollan mediante práctica y retroalimentación.

Adaptarse también significa aprender a resolver problemas nuevos

La OECD Skills Outlook 2025 identifica la resolución adaptativa de problemas entre las capacidades importantes del siglo XXI. Se refiere a la posibilidad de alcanzar objetivos en situaciones dinámicas en las que no existe un método de solución disponible de inmediato.

Esto requiere definir el problema, buscar información, elegir recursos, probar alternativas y ajustar la estrategia según los resultados. En un entorno laboral cambiante, la capacidad de revisar una decisión puede ser tan importante como ejecutar correctamente un procedimiento conocido.

Pensamiento crítico y tecnología deben avanzar juntos

La expansión de la inteligencia artificial aumenta la disponibilidad de información y automatiza algunas tareas, pero también eleva la necesidad de interpretar resultados, verificar fuentes y evaluar consecuencias.

Un profesional puede utilizar herramientas de IA para investigar, generar opciones o acelerar procesos, pero necesita criterio para decidir qué información es confiable, qué alternativa tiene sentido y qué responsabilidad implica una decisión.

Por eso, el pensamiento crítico funciona como puente entre la tecnología y la acción profesional: permite cuestionar resultados, reconocer límites y tomar decisiones fundamentadas.

Las habilidades humanas se desarrollan con experiencia

Estas competencias no se adquieren únicamente leyendo sobre liderazgo, comunicación o trabajo en equipo. Se fortalecen cuando una persona participa en situaciones que exigen practicarlas.

“Si deseas tener éxito en el mundo actual, es importante desarrollar tus power skills. Hay muchas maneras de hacerlo, incluyendo tomar cursos, leer libros y participar en actividades extracurriculares”, explica Ariel Villarroel, integrante de la Jefatura de Enseñanza Aprendizaje de Unifranz.

Proyectos, voluntariados, sociedades científicas, emprendimientos, actividades extracurriculares, prácticas y experiencias de trabajo en equipo crean oportunidades para recibir retroalimentación y reconocer qué habilidades necesitan fortalecerse.

La universidad puede crear espacios para practicar estas competencias

La formación universitaria puede contribuir cuando combina conocimiento disciplinar con situaciones en las que el estudiante necesita comunicar, coordinar, decidir y resolver problemas.

Los proyectos integradores son un ejemplo de esta lógica. Al trabajar sobre problemas concretos, el estudiante no solo aplica conocimientos técnicos; también distribuye tareas, explica decisiones, gestiona tiempos, enfrenta desacuerdos y presenta resultados.

“Conocimiento teórico, las habilidades prácticas y humanas, en la etapa de su formación, una cualidad que en Unifranz se denomina proyectos integradores”, destaca Montaño.

¿Por qué las habilidades humanas fortalecen la empleabilidad?

La empleabilidad depende de la capacidad de aplicar conocimiento en entornos reales. Una organización necesita profesionales que sepan ejecutar tareas, pero también aprender, comunicarse, adaptarse y colaborar cuando cambian los objetivos o aparecen problemas imprevistos.

LinkedIn señala que, además de las competencias relacionadas con IA, pensamiento estratégico, comunicación y adaptabilidad aparecen de forma recurrente entre las habilidades de crecimiento más rápido en distintos países.

Esto no significa que las habilidades humanas garanticen por sí solas el éxito profesional. Su valor aparece cuando se combinan con conocimientos técnicos, experiencia y aprendizaje continuo.

El éxito profesional depende de una combinación de capacidades

En un mercado laboral atravesado por cambios tecnológicos, el perfil profesional más sólido no es únicamente el que domina una herramienta. Es el que puede aprender una nueva, interpretar la información que produce, colaborar con otras personas y tomar decisiones responsables.

Las habilidades humanas permiten trasladar conocimiento entre contextos y mantener la capacidad de actuar cuando las condiciones cambian. Por eso comunicación, pensamiento crítico, adaptabilidad, liderazgo, colaboración y resolución de problemas forman parte de una preparación profesional que no termina con el título. La tecnología seguirá evolucionando. El reto de la formación profesional es lograr que las personas también puedan evolucionar con ella.