Gastronomía boliviana: identidad, innovación y economía creativa para generar desarrollo 

Gastronomía boliviana: identidad, innovación y economía creativa para generar desarrollo 

La gastronomía boliviana puede convertirse en una cadena de valor capaz de conectar productores, transformadores, comercializadores, cocineros y consumidores. Para lograrlo, la identidad territorial, la investigación y la articulación entre actores pueden transformar productos y saberes locales en nuevas oportunidades de desarrollo económico.

Esta mirada fue planteada por Sumaya Prado, comunicadora social, exviceministra de Gastronomía de Bolivia y exgerente general de Gustu, durante el IV Foro Internacional de Economía Creativa, organizado por la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) el 17 y 18 de septiembre de 2026 en Cochabamba. El encuentro abordó, entre otros temas, la economía creativa, la gastronomía, los clústeres y nuevos modelos de negocio.

¿Cómo puede la gastronomía generar desarrollo económico?

La gastronomía puede generar desarrollo cuando deja de entenderse únicamente como la preparación y comercialización de alimentos y se analiza como una cadena de valor.

Esa cadena comienza en la producción, continúa con la transformación y comercialización de los productos y llega hasta la cocina y el consumidor. En cada etapa existen conocimientos, capacidades y oportunidades económicas que pueden articularse.

Para Prado, la economía creativa implica precisamente reconocer aquello que diferencia a cada territorio, generar redes y convertir esa identidad en nuevas oportunidades.

“Tenemos que mapear territorios, sus capacidades, sus potencialidades y su identidad”, sostuvo Prado, al señalar la necesidad de identificar también productos y experiencias con potencial comercial.

En Bolivia, donde la diversidad de productos, conocimientos y tradiciones gastronómicas constituye parte de la identidad de sus territorios, esta idea es importante.

La identidad gastronómica como valor económico

Un producto local puede adquirir mayor valor cuando, además de sus características alimentarias, incorpora una historia, un territorio, conocimientos tradicionales y una forma particular de producirlo o consumirlo.

Desde esta perspectiva, la identidad no es solamente un elemento cultural. Este factor también puede convertirse en un componente de diferenciación para productos, experiencias gastronómicas y destinos.

La experiencia de Gustu ha trabajado sobre esta conexión entre gastronomía, productos nacionales y patrimonio alimentario. El restaurante señala como parte de su misión la revalorización y difusión de la riqueza cultural y del patrimonio alimentario nacional.

Desde la academia, Jessica Espinoza, directora de la carrera de Gastronomía y Artes Culinarias de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) Santa Cruz, destaca que esa identidad también está presente en los ingredientes que llegan a la cocina.

“En realidad el plato que consumen nuestros comensales es el último eslabón de la cadena. Nosotros partimos en la creatividad de un plato desde la tierra, lo que producimos en la tierra, qué es lo que saca el productor o el que lo comercializa, y nosotros ponemos de manifiesto el entrenamiento gastronómico y la creatividad para crear nuevos platos”, explicó Espinoza.

La mirada permite ampliar la comprensión de un plato: detrás de una preparación existen productores, materias primas, conocimientos, prácticas culturales y decisiones creativas.

¿Qué papel cumplen los productos locales en la gastronomía boliviana?

Los productos de cada región pueden funcionar como elementos de diferenciación y como punto de partida para desarrollar nuevas propuestas gastronómicas.

“Cada uno de nuestros departamentos tiene insumos emblemáticos que son los que nos acompañan en la creación de platos, que por supuesto están ligados a nuestras tradiciones, a nuestra cultura, a nuestra idiosincrasia”, afirmó Espinoza.

Esta relación entre territorio, producto y gastronomía también forma parte de iniciativas recientes de investigación y salvaguardia del patrimonio alimentario en Bolivia.

En mayo de 2026, UNESCO informó sobre los avances del proyecto Food Atlas, que documenta experiencias gastronómicas del país como parte del patrimonio cultural vivo. La segunda fase del proyecto contempla, entre otros casos, el ají y el maní de Chuquisaca y la pesca del pueblo Weenhayek.

La documentación de estos saberes permite no solo preservar conocimientos, sino también comprender mejor el vínculo entre alimentos, comunidades, territorio e identidad.

Del producto al clúster: ¿por qué es importante trabajar en cadena?

El siguiente desafío es la articulación. Productores, transformadores, comercializadores, cocineros, instituciones educativas, empresas y consumidores necesitan espacios que permitan conectar sus capacidades.

En este contexto, los hubs y clústeres gastronómicos pueden convertirse en mecanismos para articular actores, compartir conocimiento, desarrollar productos y generar nuevas oportunidades de negocio.

El reto consiste en evitar que los distintos eslabones trabajen de manera aislada. Una cadena de valor funciona mejor cuando existe comunicación entre quienes producen, quienes transforman, quienes comercializan y quienes crean experiencias para el consumidor.

La gastronomía, además, puede conectarse con otros sectores de la economía creativa, como el turismo, la cultura, el diseño, la comunicación y el entretenimiento.

La gastronomía boliviana, desde esta perspectiva, no termina en el plato: comienza mucho antes, en el territorio y en quienes producen sus alimentos, y continúa después de la mesa a través de la cultura, el turismo, la economía y la identidad.