El futuro de la educación exige aprender durante toda la vida y anticiparse al cambio

El futuro de la educación exige aprender durante toda la vida y anticiparse al cambio

La inteligencia artificial, la transformación del trabajo y la velocidad con la que se produce nuevo conocimiento están obligando a replantear una pregunta fundamental: ¿cómo debe ser la educación para preparar a las personas para un futuro que todavía no conocemos? Para Verónica Ágreda, rectora nacional de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), la respuesta pasa por abandonar modelos diseñados para una realidad que ya cambió y construir sistemas educativos capaces de anticiparse.

La reflexión cobra actualidad con su participación en el Congreso de Futuros RIBER | Chile 2026, que se desarrollará el 7 y 8 de octubre en Santiago, organizado por la Red Iberoamericana de Prospectiva y la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile. El encuentro abordará los futuros de Iberoamérica hacia 2050 e incluye entre sus ejes la innovación educativa en educación superior, además de inteligencia artificial, transformación social y metodologías para la exploración de futuros.

¿Cómo será la educación del futuro?

Ágreda ha planteado que pensar el futuro educativo implica mucho más que incorporar nuevas herramientas digitales. En una reflexión sobre los cambios provocados por la inteligencia artificial, sostuvo que “la educación del futuro estará profundamente marcada por la inteligencia artificial generativa, que promete revolucionar no solo la forma en que aprendemos, sino también lo que aprendemos”.

La afirmación conecta con una transformación que ya está ocurriendo. La UNESCO analiza el impacto de la inteligencia artificial en la educación desde una perspectiva centrada en las personas y advierte que, junto con las oportunidades de personalización y acceso al conocimiento, existen riesgos relacionados con desigualdad, privacidad, ética y gobernanza.

En ese escenario, el desafío no es simplemente enseñar a utilizar IA, sino formar personas capaces de comprenderla, cuestionarla y emplearla responsablemente. Un reciente marco de la OCDE y la Comisión Europea sobre alfabetización en IA plantea precisamente la necesidad de desarrollar conocimientos, habilidades y actitudes que permitan evaluar críticamente los resultados de estos sistemas y utilizarlos de manera ética y creativa.

Del título profesional al aprendizaje permanente

Uno de los cambios más profundos está relacionado con la duración de la formación. El modelo tradicional supone estudiar durante los primeros años de la vida, obtener un título y trasladar ese conocimiento al mercado laboral. La velocidad tecnológica está haciendo cada vez más difícil sostener esa lógica.

“La educación dejó de ser la educación básica, técnica o universitaria que termina a los 23 o 25 años”, afirmó Ágreda al presentar los ejes del VII Foro Internacional de Innovación Educativa de Unifranz, realizado este año, “La propia tecnología nos está exigiendo volver a formarnos para seguir vigentes en un mercado laboral completamente volátil”. 

La perspectiva coincide con las recomendaciones recientes de la OCDE sobre educación y aprendizaje permanente, que plantea la necesidad de aprender, desaprender y reaprender durante diferentes momentos de la vida. Su análisis sostiene que ampliar las oportunidades educativas no es suficiente: también se necesitan competencias, recursos y condiciones que permitan sostener el aprendizaje a lo largo de la vida.

La IA cambiará el trabajo, pero también lo que significa estar preparado

La transformación educativa está estrechamente vinculada con el mercado laboral. Ágreda lo resume en una frase que condensa uno de los principales desafíos de las universidades: “El problema no va a ser que el trabajo me lo quite la inteligencia artificial; el problema va a ser que me lo quite quien sabe utilizar inteligencia artificial”.

La afirmación no plantea una sustitución automática de las personas por máquinas, sino una transformación de las competencias necesarias para desenvolverse en entornos donde la IA será una herramienta cotidiana. La OCDE, en su análisis sobre las competencias en la era de la IA, señala que la transformación tecnológica está modificando las necesidades del mercado laboral y plantea fortalecer la alfabetización en IA, las competencias digitales, el pensamiento crítico y las oportunidades de actualización y reconversión profesional.

En este contexto, la educación superior también necesita flexibilizar sus estructuras. Microcredenciales, formación continua, modalidades híbridas y trayectorias educativas más adaptables aparecen como alternativas frente a carreras y programas concebidos para un mundo laboral menos dinámico.

Pensar el futuro para construirlo

La visión de Ágreda sobre educación está vinculada con una concepción más amplia de la prospectiva. En el marco de iniciativas de exploración de futuros de RIBER, la rectora sostuvo: “Pensar a largo plazo con enfoque sistémico nos permite integrar a jóvenes y comunidades en la construcción de escenarios posibles y deseables”. 

Esta perspectiva resulta especialmente relevante para la educación porque anticipar no significa predecir exactamente qué ocurrirá. Significa analizar tendencias, imaginar escenarios alternativos y tomar decisiones en el presente considerando sus consecuencias futuras. La propia OCDE aborda el futuro de la educación desde esta lógica, al señalar que los sistemas educativos necesitan utilizar evidencia e imaginación para innovar y prepararse para escenarios cambiantes.

Ágreda ha llevado esta idea también al debate educativo boliviano. Durante el VII Foro Internacional de Innovación Educativa, planteó que “el desafío de nuestras instituciones consiste en liderar estos cambios con responsabilidad, visión y, sobre todo, con sentido de ética”.

La propuesta quedó incorporada en el Nuevo Contrato Educativo hacia 2030, construido durante el FIIE 2026, que plantea entre sus prioridades el aprendizaje verificable, políticas educativas capaces de anticipar el futuro, alfabetización tecnológica, educación STEM+ y arquitecturas flexibles de aprendizaje a lo largo de la vida.

Una universidad más abierta, flexible y humana

La prospectiva educativa, por tanto, no consiste únicamente en imaginar aulas automatizadas o universidades dominadas por algoritmos. También implica decidir qué aspectos de la experiencia educativa deben fortalecerse precisamente porque las máquinas no sustituyen la dimensión humana del aprendizaje.

En esa línea, Ágreda sostiene que “la universidad del futuro será más abierta, más flexible, más colaborativa, más internacional, más digital y más humana”. 

La frase sintetiza una transformación que coloca al estudiante en el centro y desplaza el foco desde la transmisión de información hacia el desarrollo de capacidades para interpretar, crear, colaborar y resolver problemas. La UNESCO también advierte que el avance de la IA debe mantenerse dentro de un enfoque centrado en el ser humano, con garantías de privacidad, equidad, seguridad y uso ético.

En el Congreso de Futuros RIBER | Chile 2026, esta discusión se inscribe en una conversación mayor sobre cómo construir futuros posibles y deseables para Iberoamérica hacia 2050. La educación aparece allí no solamente como un sector que debe adaptarse a los cambios, sino como una de las herramientas para anticiparlos y orientar las decisiones que definirán las próximas décadas.

Por eso, la pregunta sobre el futuro de la educación no se limita a cómo serán las universidades dentro de 10, 20 o 30 años. También obliga a preguntarse qué personas, capacidades y sociedades se quieren construir desde hoy. Como ha resumido Ágreda en su visión prospectiva: “El desafío de nuestro tiempo consiste en construir ese futuro”.