Fisiología de altura: una realidad que transforma la formación médica en La Paz 

Estudiantes de la carrera de Medicina, en Unifranz La Paz.

Vivir de forma permanente a más de 3.600 metros modifica la respuesta del organismo a la hipoxia y obliga a interpretar la salud con parámetros propios de la altura. Comprender esos cambios es clave para evaluar mejor a los pacientes y formar médicos preparados para el contexto de la ciudad de La Paz, en Bolivia.

La Paz se encuentra aproximadamente a 3.650 metros sobre el nivel del mar. A esa altitud, el porcentaje de oxígeno en el aire sigue siendo cercano al 21%, pero la presión barométrica es menor. Como resultado, disminuye la presión parcial de oxígeno disponible para el organismo y aparece la llamada hipoxia hipobárica, una condición que activa respuestas respiratorias, circulatorias y hematológicas.

Vivir permanentemente en altura modifica la forma en que el cuerpo transporta y utiliza el oxígeno. En ciudades como La Paz pueden presentarse cambios en la ventilación, la circulación y la producción de glóbulos rojos. Por eso, la atención médica debe considerar la altitud, el tiempo de residencia, los antecedentes clínicos y los valores de referencia propios de poblaciones de altura.

“Nosotros, como paceños, estamos adaptados a la altura. Nuestra fisiología es distinta a la de las personas que viven a nivel del mar”, explica Gabriel Mendoza Castillo, médico patólogo y docente de la carrera de Medicina de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), sede La Paz. 

La afirmación muestra una diferencia clínica importante,: no es lo mismo evaluar a una persona que asciende temporalmente desde el nivel del mar que a alguien que ha vivido durante años bajo una exposición crónica a la hipoxia.

¿Qué ocurre con el oxígeno cuando vivimos en altura?

Una revisión reciente sobre aclimatación a corto plazo en gran altitud describe cambios respiratorios, cardiovasculares, metabólicos, autonómicos y hematológicos desencadenados por la disminución de la presión barométrica y de la presión parcial de oxígeno. La magnitud de estas respuestas depende tanto de la altitud alcanzada como del tiempo de exposición.

La disminución de la presión barométrica reduce la presión parcial de oxígeno inspirado. El organismo responde aumentando la ventilación y activando otros mecanismos para mantener el suministro de oxígeno a los tejidos. En personas que llegan desde zonas bajas, parte de esta respuesta corresponde a un proceso de aclimatación que se desarrolla durante días, semanas y meses; en poblaciones residentes de altura también intervienen factores individuales y genéticos.

“Nuestra respiración es mayor y más profunda. Por la diferencia que existe en la presión barométrica del aire, entra menos oxígeno a nuestros pulmones y tenemos que hacer un mayor esfuerzo al respirar”, señala Mendoza.

En términos fisiológicos, el punto clave es que el aire no pierde su proporción de oxígeno; lo que cambia es la presión con la que ese oxígeno está disponible. Esa diferencia condiciona la saturación arterial y explica por qué el cuerpo necesita ajustar la ventilación y el transporte de oxígeno.

¿Por qué aumentan los glóbulos rojos al vivir en altura?

Un estudio del Instituto Boliviano de Biología de Altura en 1.934 jóvenes sanos residentes a 4.000 metros determinó rangos de hemoglobina y hematocrito específicos para población de gran altitud, precisamente porque los valores de referencia construidos en zonas bajas no pueden trasladarse de forma automática a todos los residentes de altura.

Uno de los cambios más conocidos en habitantes de altura es el incremento de la masa de glóbulos rojos y de la concentración de hemoglobina. Esa respuesta puede favorecer el transporte de oxígeno cuando la disponibilidad ambiental es menor. Sin embargo, no todas las personas responden de la misma manera y los valores considerados normales deben interpretarse según la altitud y la población. Estudios realizados en Bolivia han mostrado precisamente la necesidad de utilizar rangos hematológicos adaptados al contexto de altura.

“Tenemos más glóbulos rojos porque son los que transportan el oxígeno. Al existir menos oxígeno y menor presión atmosférica, el organismo produce más eritrocitos”, explica el especialista de Unifranz.

Cuando el aumento de eritrocitos es excesivo, puede elevar la viscosidad de la sangre y formar parte de cuadros de mala adaptación crónica a la altura. La literatura científica diferencia entre una elevación moderada y fisiológica y la eritrocitosis excesiva, que puede asociarse con enfermedad crónica de montaña y otras complicaciones.

¿Por qué la altura cambia la evaluación de un paciente?

La interpretación clínica también cambia según la enfermedad de base. Una revisión de 2026 sobre sistema cardiovascular y exposición a gran altitud analiza cómo la hipoxia hipobárica puede influir en enfermedad coronaria, arritmias e hipertensión, y subraya que aún existen vacíos de evidencia sobre poblaciones que viven permanentemente a gran altitud.

En quienes viven de manera permanente en altura, la interpretación clínica también debe considerar factores ambientales y de estilo de vida. El tabaquismo, la contaminación del aire, la calidad del sueño y otras enfermedades pueden modificar la respuesta respiratoria y cardiovascular. 

“No es lo mismo una persona que viene de otro lugar, llega a la altura y se adapta durante unos meses; a diferencia de nosotros, que vivimos toda nuestra vida aquí, desde que nacemos”, afirma Mendoza.

La diferencia entre una exposición temporal y una residencia prolongada es central. La aclimatación describe los ajustes que aparecen tras el ascenso; la vida permanente en altura incorpora además respuestas sostenidas y, en algunas poblaciones, características adaptativas acumuladas durante generaciones. Aun así, existe una amplia variabilidad entre individuos, por lo que no todos los residentes presentan las mismas respuestas ni los mismos riesgos.

¿Por qué la fisiología de altura es clave para ejercer Medicina en La Paz?

La necesidad de usar referencias contextualizadas también aparece en estudios locales. Una investigación realizada en jóvenes nacidos y residentes de La Paz y El Alto registró una altitud media cercana a 3.673 metros y concluyó que la capacidad de ejercicio submáximo estimada mediante la prueba de caminata de seis minutos era menor que la referida a nivel del mar.

Para Mendoza, conocer estas particularidades permite interpretar mejor las enfermedades y evitar que parámetros construidos, principalmente, a partir de poblaciones de nivel del mar se apliquen de manera automática a quienes viven en los Andes.

“Nuestra fisiología en la altura es muy distinta a lo que señalan los libros y los textos, porque nuestras condiciones son diferentes. Los estudiantes tienen que aprender esta fisiología para comprender las enfermedades y los tratamientos en nuestra población”, sostiene el docente.

La idea no implica que los principios médicos cambien, sino que determinados valores fisiológicos, respuestas a la hipoxia y contextos clínicos necesitan interpretarse a la luz de la altitud. Esa lectura contextual es relevante en ciudades como La Paz y El Alto, donde una gran parte de la población desarrolla su vida cotidiana por encima de los 3.500 metros.

¿Cómo ayudan los casos clínicos a interpretar la fisiología de altura?

En educación en salud, el aprendizaje basado en casos busca conectar conocimientos con situaciones clínicas concretas. Una revisión realista publicada en 2026 sobre aprendizaje basado en casos identificó que factores institucionales, de implementación y del propio estudiante influyen en resultados como participación, desempeño y razonamiento clínico.

La formación médica requiere, por tanto, conectar la teoría con escenarios semejantes a los que los futuros profesionales encontrarán durante su ejercicio. En la carrera de Medicina de Unifranz, el análisis de casos clínicos y la simulación permiten integrar conocimientos, discutir decisiones y practicar procedimientos en entornos controlados antes de enfrentarse a situaciones reales. La universidad ha documentado el uso de casos clínicos y simuladores como parte de su modelo de aprendizaje práctico.

“Nos enfocamos en una visión real, en que los estudiantes estén preparados para las condiciones en las que viven y puedan responder a ellas a partir de casos clínicos”, explica Mendoza.

Bajo el enfoque de Aprender Haciendo, la fisiología de altura deja de ser únicamente un contenido académico y se convierte en una herramienta clínica: ayuda a comprender al paciente, interpretar sus signos y antecedentes dentro del entorno en el que vive y tomar decisiones con mayor pertinencia.

En una ciudad situada a cerca de 3.650 metros, formar médicos capaces de reconocer cómo la altura modifica la fisiología permite acercar la educación médica a la realidad cotidiana de su población. Entender esa relación entre ambiente, organismo y enfermedad es parte de una atención más contextualizada y de una práctica clínica mejor preparada para los desafíos locales.