FIEC 2026 busca conectar clústeres creativos que pueden llevar el talento al negocio

El IV Foro Internacional de Economía Creativa de Unifranz plantea pasar del diagnóstico de la economía creativa a la construcción de redes, modelos de negocio y oportunidades para el desarrollo territorial.
Un diseñador gráfico, un restaurante, una productora audiovisual, un hotel, una empresa tecnológica, un artesano, una universidad y un colectivo cultural pueden parecer actividades independientes. Pero cuando comienzan a compartir conocimiento, tecnología, clientes, infraestructura y proyectos, pueden convertirse en un clúster creativo.
Esa es una de las ideas que desarrollará el segundo eje del IV Foro Internacional de Economía Creativa, Panoramas y Modelos de Negocio por Clústeres. El evento es organizado por la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) y se desarrollará el 17 y 18 de septiembre de 2026, en Cochabamba.
El encuentro busca conectar talento, conocimiento, tecnología y oportunidades para transformar el potencial creativo en innovación, emprendimiento y desarrollo territorial.
La pregunta que atraviesa este eje es concreta: ¿cómo pasar del diagnóstico de la economía creativa a oportunidades y modelos de negocio aplicables al territorio?
¿Qué es un clúster creativo?
Un clúster creativo es una red territorial que conecta empresas, emprendimientos, instituciones, universidades y profesionales vinculados con las industrias culturales y creativas para generar innovación, nuevos negocios y cadenas de valor.
No se trata simplemente de reunir empresas de un mismo sector. La clave está en conectar capacidades diferentes para producir valor en conjunto.
Un diseñador puede trabajar con un restaurante, una productora audiovisual puede promocionar un destino turístico, una universidad puede aportar investigación, una empresa tecnológica puede desarrollar herramientas para comercializar esas experiencias.
La lógica es sencilla: una capacidad aislada puede generar valor; varias capacidades conectadas pueden transformar un territorio.
Para Rolando López, vicerrector de Unifranz Cochabamba, esa conexión debe partir de una comprensión amplia de la economía creativa.

«La economía creativa es una economía basada en la creatividad de la gente y en la cultura de los pueblos», sostiene.
El desafío, por tanto, consiste en que esa creatividad encuentre caminos hacia el mercado, la tecnología, el financiamiento y otros actores del ecosistema.
Cochabamba ya tiene una base creativa
El desafío no parte de cero. El Censo de Economía Naranja de Unifranz, realizado a través del Instituto de Progreso Económico Empresarial (IPEE), identificó 2.260 unidades económicas creativas en el municipio de Cochabamba y estimó alrededor de 94.200 empleos vinculados al sector, de los cuales 23.550 son directos.
Los datos muestran que existe una masa crítica de emprendimientos, profesionales y actividades sobre la cual se pueden construir nuevas conexiones. La cuestión es qué hacer con ella.
El reto está en pasar de un conjunto de iniciativas que muchas veces funcionan de manera independiente a redes capaces de generar productos, servicios, experiencias y negocios con identidad territorial y proyección internacional.
Gastronomía, turismo, diseño y tecnología: las piezas empiezan a conectarse
Uno de los sectores con mayor presencia dentro de la economía creativa cochabambina es la gastronomía. El diagnóstico realizado por Unifranz identificó a esta actividad como la de mayor peso dentro de las unidades económicas creativas censadas.
Pero la gastronomía puede ser mucho más que una actividad aislada. Puede conectarse con el turismo, el diseño, la producción audiovisual, la tecnología, el patrimonio, el marketing y la gestión cultural.
Una experiencia turística puede incorporar gastronomía. Un restaurante puede convertir su identidad en una marca territorial. Un diseñador puede desarrollar su identidad visual. Una productora puede contar su historia. Una plataforma tecnológica puede ayudar a comercializar la experiencia. Ahí aparece el clúster, en las conexiones.
Cochabamba cuenta además con un activo territorial reconocido internacionalmente. La UNESCO la incorporó en 2017 a la Red de Ciudades Creativas en el ámbito de la Gastronomía, reconocimiento que vincula su identidad gastronómica con iniciativas de desarrollo, innovación y cooperación.
La propia UNESCO plantea entre sus líneas de acción la articulación de los actores de la cadena gastronómica y el fortalecimiento de oportunidades empresariales vinculadas con la creatividad. Por eso, el Eje 2 del FIEC 2026, Panoramas y Modelos de Negocio por Clústeres, plantea avanzar desde la identificación de las capacidades existentes hacia la construcción de oportunidades concretas.
De la marca al territorio
El concepto de clúster obliga a cambiar la escala de la conversación. Ya no se trata solamente de preguntarse qué puede vender un emprendimiento, sino qué puede construirse cuando varios emprendimientos e instituciones trabajan alrededor de una identidad, una capacidad o una oportunidad territorial.
Ese será uno de los desafíos del panel «¿Qué oportunidades de negocio abre el clúster creativo territorial?», que reunirá a Rolando López, Alex Paredes, Viviana Saavedra, Olimpia Peñaloza y Sumaya Prado, con la moderación de Juan Carlos Viscarra. Los participantes forman parte de la agenda oficial del IV Foro Internacional de Economía Creativa.
La discusión buscará responder una pregunta que resulta especialmente relevante para emprendedores, empresas, instituciones y profesionales: ¿Cómo pasar de tener talento a construir una actividad económica sostenible?