Fatiga crónica: causas, estrés y salud mental detrás del cansancio que no desaparece

Fatiga crónica: causas, estrés y salud mental detrás del cansancio que no desaparece

El cansancio extremo que persiste durante meses y no mejora con el descanso puede ser mucho más que agotamiento. El Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), también conocido como encefalomielitis miálgica, es una enfermedad compleja en la que convergen factores médicos, psicológicos, anímicos e incluso el estrés crónico, afectando de forma significativa la vida de quienes la padecen.

Aunque aún no existe una causa única que explique su origen, la evidencia apunta a un trastorno multifactorial en el que intervienen infecciones previas, alteraciones inmunológicas y metabólicas, predisposición genética, traumas físicos o emocionales y un deterioro progresivo del bienestar psicológico. Esta combinación hace que el diagnóstico sea difícil y que muchos pacientes deban enfrentar no solo la enfermedad, sino también la incomprensión de su entorno.

El Manual MSD señala que una de las principales características del síndrome es que «la fatiga es inexplicable y dura 6 meses consecutivos o más». A diferencia del cansancio cotidiano, el reposo no alivia los síntomas y cualquier esfuerzo físico o mental puede desencadenar un empeoramiento que incapacita al paciente durante días o incluso semanas.

La doctora Valentina Jordán, médico psiquiatra que participó del VI Congreso Internacional de Neurociencia de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), explica que «es una enfermedad compleja, crónica y de cuyas causas se conoce poco, es muy probable que sea consecuencia de un problema inflamatorio del sistema nervioso central de origen viral o autoinmune, no disminuye si la persona reposa y siempre empeora con el ejercicio. Se asocia también a otras alteraciones o manifestaciones sistémicas generales físicas y neuropsicológicas».

Entre las causas médicas descritas se encuentran antecedentes de infecciones virales como Epstein-Barr o citomegalovirus, alteraciones en la forma en que el organismo produce energía y una predisposición genética observada en algunos grupos familiares. Sin embargo, los especialistas advierten que ninguno de estos factores, por sí solo, explica todos los casos.

Los síntomas incluyen dolor muscular, sueño no reparador, problemas de memoria y concentración, mareos al permanecer de pie e intolerancia al esfuerzo físico. Estas manifestaciones limitan la capacidad para estudiar, trabajar o mantener una vida social activa.

Pero el componente psicológico y emocional también tiene un peso importante. El Manual MSD recuerda que el síndrome «no es simulación», una aclaración necesaria porque la ausencia de pruebas diagnósticas específicas hace que muchos pacientes sean cuestionados sobre la veracidad de sus síntomas. La incertidumbre, la falta de una cura definitiva y las limitaciones funcionales favorecen la aparición de ansiedad, depresión y sentimientos de frustración.

Jordán advierte además que la enfermedad suele coexistir con otros trastornos. «Hoy, sabemos que es una enfermedad heterogénea y multifactorial y que un alto porcentaje de pacientes presentan síntomas psiquiátricos, especialmente de depresión mayor que va en torno del 50 a 80% en estos pacientes. Esto no está implicado en su causa y, por lo tanto, el tratamiento de antidepresivos no cura el síndrome de fatiga crónica, pero sí soluciona otras molestias que el paciente también refiere».

El estrés también influye

Los especialistas coinciden en que el estrés no constituye una causa directa del síndrome, pero sí puede actuar como un factor desencadenante o agravante del cuadro clínico y contribuir al deterioro de la salud física y emocional.

Sirley Miranda, médica y docente de Medicina de Unifranz, explica que «el estrés es una señal de alerta que nos mantiene en vigilia ante cualquier tipo de amenaza que pueda generar daño a nuestra integridad». Sin embargo, cuando esa respuesta permanece activa durante largos periodos deja de ser adaptativa y comienza a afectar distintos sistemas del organismo.

El estrés crónico puede provocar cansancio persistente, insomnio, tensión muscular, dolores de cabeza y dificultades para concentrarse, síntomas que también están presentes en pacientes con fatiga crónica. Además, incrementa el riesgo de ansiedad y depresión, condiciones que pueden intensificar el impacto de la enfermedad sobre la calidad de vida.

El documento también advierte que el estrés sostenido, si no se maneja adecuadamente, puede derivar en enfermedades crónicas y favorecer la aparición de fatiga persistente. Por ello, los especialistas recomiendan adoptar hábitos saludables como la organización del tiempo, la actividad física adaptada, una alimentación equilibrada, espacios de recreación, ejercicios de respiración y un descanso adecuado.

Miranda enfatiza la importancia de buscar ayuda profesional cuando el estrés comienza a afectar diferentes ámbitos de la vida. «Es normal experimentar estrés en distintas etapas de la vida, pero aprender a manejarlo es esencial. Si sientes que el estrés está afectando varias áreas de tu vida, es importante consultar con un psicólogo. Los profesionales pueden brindar herramientas personalizadas para enfrentar situaciones de manera efectiva y mejorar el bienestar general», afirma.

Actualmente no existe una cura definitiva para el síndrome de fatiga crónica. El tratamiento se orienta a controlar los síntomas mediante un abordaje multidisciplinario que combina seguimiento médico, apoyo psicológico, terapia cognitivo-conductual, manejo gradual de la actividad física y validación de la experiencia del paciente.

La Mayo Clinic resume este desafío al señalar que «la encefalomielitis miálgica puede desencadenarse por una combinación de genética, infecciones y trauma físico o emocional». Comprender la enfermedad desde esta perspectiva integral resulta clave para favorecer un diagnóstico oportuno y mejorar la atención de quienes conviven con una condición que, aunque invisible, puede ser profundamente incapacitante.