¿Cómo afectan la falta de sueño y la ansiedad a los adolescentes? Una investigación en El Alto encuentra una relación

La calidad del sueño y la ansiedad en adolescentes afecta el rendimiento académico de los estudiantes. Una investigación realizada con estudiantes de secundaria de El Alto encontró una correlación positiva moderada entre ambas variables: a mayores niveles de ansiedad, se observó una tendencia hacia una peor calidad del sueño.
El estudio también reveló que más del 75% de los estudiantes evaluados tenía una mala calidad de sueño y que el 25,6% presentaba ansiedad severa. Sin embargo, los investigadores no encontraron una relación estadísticamente significativa entre estas variables y el rendimiento académico.
Los resultados fueron presentados en el V Congreso Nacional Científico de OWSD Bolivia, realizado del 26 al 28 de agosto de 2026 en La Paz. El evento reunió investigaciones en distintas áreas de la ciencia, entre ellas Medicina y Salud.
¿Qué encontró la investigación en estudiantes de El Alto?
La investigación analizó a estudiantes de tercero y cuarto de secundaria de la Unidad Educativa Técnico Humanístico Vicente Donoso Torrez B, en El Alto, entre febrero y junio de 2026.
El universo estaba compuesto por 580 estudiantes. Los investigadores seleccionaron a 203 alumnos de tercero y cuarto de secundaria y realizaron un censo. Luego de aplicar los criterios de inclusión, exclusión y eliminación, la población final quedó en 199 estudiantes. Para obtener los datos se utilizaron el Índice de Calidad de Sueño de Pittsburgh (PSQI), la escala de Hamilton para ansiedad y los promedios académicos.
Los resultados fueron contundentes en dos variables: más del 75% de los participantes presentó mala calidad de sueño y el 25,6% registró ansiedad severa. En cuanto al rendimiento académico, el 60,8% obtuvo un resultado considerado regular, con promedios entre 51 y 75 puntos.
¿La ansiedad afecta el sueño?
Los datos del estudio apuntan a una relación entre ambas variables.
El coeficiente de Pearson obtenido entre calidad de sueño y ansiedad fue de 0,64, lo que corresponde a una correlación positiva moderada. En términos sencillos, los estudiantes con mayores niveles de ansiedad tendieron a presentar una peor calidad de sueño.
Samantha Isabel Peñafiel Chuquimia, estudiante de sexto semestre de Medicina e integrante de la investigación, explica que este fue uno de los principales hallazgos.
“A mayores niveles de ansiedad existe una calidad de sueño más deficiente en estos estudiantes”, señala.
Pero existe una precisión importante: el estudio no encontró una correlación lineal significativa entre calidad de sueño y rendimiento académico, cuyo coeficiente fue de -0,12, ni entre ansiedad y rendimiento académico, con un coeficiente de -0,09. Por tanto, los resultados no permiten afirmar que dormir mal o presentar ansiedad provoque directamente un menor rendimiento académico.
¿Por qué los adolescentes duermen mal?
La investigación identificó factores que van más allá de las exigencias académicas. Entre los elementos observados aparecen problemas familiares, dificultades económicas, presión social y el uso del celular antes de dormir.
“Principalmente hemos observado que no es una presión de rendimiento académico, sino más bien problemas ya psicosociales como problemas en casa, problemas económicos o presión social”, explica Peñafiel.
Esta observación coincide con el enfoque de organismos internacionales. La OMS señala que durante la adolescencia factores como la pobreza, la violencia, la presión social y otras adversidades pueden aumentar la vulnerabilidad frente a problemas de salud mental. Además, identifica los hábitos saludables de sueño como parte de los factores protectores durante esta etapa.
La APA también advierte sobre la relación entre tecnología y descanso. Sus recomendaciones para adolescentes señalan que deberían dormir al menos ocho horas y que el uso de tecnología durante la hora previa a acostarse está asociado con alteraciones del sueño.
¿Qué significa esto para las familias?
El estudio plantea que observar solamente las calificaciones puede ser insuficiente para detectar dificultades que afectan el bienestar adolescente. Un estudiante puede mantener un rendimiento académico regular mientras presenta problemas persistentes de sueño o niveles elevados de ansiedad.
La OPS considera la salud adolescente un componente fundamental del desarrollo y advierte que muchos hábitos adquiridos durante esta etapa pueden convertirse en problemas de salud en la vida adulta.
Por ello, prestar atención a cambios persistentes en los horarios de sueño, cansancio durante el día, irritabilidad, preocupación excesiva o dificultades para desconectarse de dispositivos puede ser un primer paso para conversar con el adolescente y, cuando corresponda, buscar orientación profesional.
¿Qué recomiendan los investigadores?
A partir de los resultados, el equipo propone ampliar la investigación e incorporar nuevos factores asociados con la mala calidad del sueño y los niveles elevados de ansiedad.
“Recomendamos que para la próxima puedan ampliar la población y asimismo busquen otros factores asociados a esta mala calidad de sueño y niveles altos de ansiedad”, señala Peñafiel.
La investigación presentada en el V Congreso Nacional Científico de OWSD Bolivia no ofrece una explicación única para el bienestar de los adolescentes. Más bien, aporta evidencia local para una conversación que también ocurre a escala internacional: dormir, manejar la ansiedad y desarrollarse en un entorno seguro son dimensiones estrechamente vinculadas con la salud durante una etapa decisiva de la vida.