¿Estamos perdiendo la capacidad de concentrarnos? La Psicología analiza el impacto de la hiperconectividad

La atención no está desapareciendo, pero sí está cambiando. La hiperconectividad ha acostumbrado al cerebro a responder con rapidez a múltiples estímulos, aunque mantener el foco durante periodos prolongados puede volverse cada vez más desafiante.
“La hiperconectividad no destruye la atención, lo que hace es reconfigurarla”, explica Vania Gismondi, directora de la carrera de Psicología de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) sede La Paz.
Ese proceso implica una adaptación constante. El cerebro aprende a cambiar de contexto, procesar información con mayor rapidez y filtrar estímulos, algo útil en entornos digitales, pero más exigente cuando una actividad requiere concentración sostenida.
“Cada cambio de estímulo tiene un costo cognitivo y también emocional”, advierte Gismondi. A nivel mental pueden aparecer pequeños lapsos de baja atención y, en lo emocional, sensaciones de inquietud o agitación.
Comprender estos cambios se vuelve cada vez más relevante para la formación de los futuros profesionales en Psicología. Fenómenos como la hiperconectividad o la fragmentación de la atención exigen especialistas capaces de analizar cómo influyen en la conducta, los procesos cognitivos y el bienestar emocional, así como de plantear respuestas acordes con las nuevas dinámicas sociales.
La expectativa de recibir un mensaje también puede interferir con una tarea. Incluso sin una nueva notificación, permanecer pendiente del celular divide recursos mentales que podrían concentrarse por completo en una sola actividad.
“La multitarea casi nunca es realmente simultánea”, señala la especialista. Cuando dos acciones requieren atención consciente, el cerebro alterna entre ambas y eso puede reducir la precisión, aumentar los errores o hacer que una tarea demande más tiempo.
Una clase virtual es un ejemplo cotidiano. Responder un mensaje mientras se escucha una explicación puede generar la sensación de estar haciendo ambas cosas a la vez, aunque parte del contenido deje de procesarse con profundidad.
“El consumo constante de contenidos breves hace que entrenemos al cerebro para mantener momentos muy cortos de atención”, explica Gismondi. Esa exposición puede hacer que actividades más largas resulten menos atractivas o difíciles de sostener.
Una lectura, una clase, una película o un video extenso requieren una permanencia distinta frente al estímulo. Cuando predomina el consumo rápido de contenido, sostener el interés durante más tiempo puede convertirse en un esfuerzo mayor.
El impacto también puede trasladarse al aprendizaje. La información recibida de forma fragmentada puede quedarse en un nivel superficial, dificultando la comprensión, la memoria y la consolidación de nuevos conocimientos.
A ello se suma la procrastinación. Interrumpir el estudio para revisar redes, mensajes o videos fragmenta los tiempos de trabajo y puede generar la sensación de haber dedicado muchas horas a una tarea sin avanzar realmente en profundidad.
“Una señal importante es sentir la necesidad de tener siempre el teléfono cerca”, señala la académica. Revisarlo de manera automática, incluso sin haber recibido una notificación, puede mostrar hasta qué punto la conectividad se ha incorporado a los hábitos cotidianos.
“La atención se puede volver a entrenar”, sostiene Gismondi. La recomendación no es eliminar abruptamente la tecnología, sino incorporar de manera progresiva momentos sin interrupciones, como dejar el celular lejos durante una comida, una sesión de estudio o una película.
“La hiperconectividad no es buena ni mala en sí misma; todo depende de cómo la usamos”, afirma. Desde la carrera de Psicología de Unifranz, estos fenómenos también se analizan mediante el modelo de Aprender Haciendo, que permite a los estudiantes observar situaciones reales, comprender sus efectos cognitivos y emocionales y prepararse para acompañar los desafíos de una sociedad cada vez más conectada.
El modelo “Aprender Haciendo” de Unifranz es una metodología educativa centrada en la experiencia práctica y la resolución de problemas reales. Además, conecta a los estudiantes directamente con el mundo profesional desde el inicio de sus carreras. Así, los estudiantes desarrollan habilidades clave y aumentan su empleabilidad, mediante proyectos, simulaciones y vinculación con empresas, preparando así profesionales más seguros y capaces de generar un impacto en la sociedad.
El profesional de Psicología de Unifranz está preparado para comprender a las personas, promover el bienestar y contribuir a la salud mental desde una visión científica, humana e innovadora.
Se combinan herramientas de evaluación e intervención psicológica con enfoques clínicos contemporáneos, tecnologías digitales e investigación aplicada para generar cambios positivos en individuos, organizaciones y comunidades. Su formación le permite liderar procesos de transformación y desarrollo humano con ética, empatía y pensamiento crítico.