¿Estamos perdiendo la capacidad de concentrarnos? La neurociencia explica cómo entrenar nuevamente la atención en la era digital

Concentrarse durante una hora en una sola tarea parece, para muchas personas, una meta cada vez más difícil de alcanzar. Un mensaje en el celular, una notificación del correo electrónico o la tentación de revisar las redes sociales bastan para interrumpir una conversación, una clase o una jornada de estudio. Aunque esta experiencia se ha normalizado, la ciencia advierte que no se trata de una simple falta de disciplina: el cerebro está respondiendo a un entorno saturado de estímulos que compiten permanentemente por nuestra atención.
En un mundo donde la economía digital disputa cada segundo de concentración, la capacidad de mantener el foco se ha convertido en una habilidad estratégica para el aprendizaje, la productividad e incluso la salud mental. La buena noticia es que, al igual que un músculo, la atención puede fortalecerse.
Un cerebro diseñado para concentrarse, pero entrenado para distraerse
La multitarea suele asociarse con eficiencia, pero la evidencia científica apunta en la dirección contraria. La American Psychological Association (APA) sostiene que cambiar constantemente de una tarea a otra reduce el rendimiento, incrementa los errores y exige un mayor esfuerzo cognitivo. Investigaciones de la Universidad de Stanford también muestran que quienes realizan múltiples tareas digitales de manera simultánea presentan mayores dificultades para filtrar información irrelevante y mantener la memoria de trabajo.
Para James Robles, director del Instituto de Neurociencias de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), el problema no es que el cerebro haya perdido la capacidad de concentrarse, sino que el entorno digital lo ha acostumbrado a responder de forma permanente a nuevos estímulos.
«La atención es un recurso limitado. Cada vez que interrumpimos una tarea para atender otra, el cerebro debe invertir energía en volver a enfocarse, y ese proceso tiene un costo cognitivo».
Robles explica que el cerebro humano evolucionó para responder a cambios en el ambiente como un mecanismo de supervivencia. Sin embargo, las plataformas digitales aprovechan ese mismo sistema mediante notificaciones, recompensas inmediatas y contenidos diseñados para captar nuestra atención durante el mayor tiempo posible.
«La multitarea genera una ilusión de productividad, pero en realidad fragmenta la atención y disminuye la calidad del aprendizaje y del desempeño».
Cuando la distracción afecta mucho más que el estudio
Las consecuencias van más allá del rendimiento académico. La dificultad para sostener la atención también repercute en el trabajo, las relaciones interpersonales y el bienestar emocional.
De acuerdo con Gloria Mark, investigadora de la Universidad de California en Irvine y autora del libro Attention Span, las interrupciones constantes elevan los niveles de estrés, aumentan la fatiga mental y reducen la capacidad para resolver problemas complejos. Tras una interrupción, una persona puede tardar más de veinte minutos en recuperar completamente el nivel de concentración previo.
Para la psicóloga María René Durán, docente de Unifranz, esta realidad también modifica la manera en que aprendemos.
«La atención no depende únicamente de la voluntad; también está influenciada por el descanso, la motivación, las emociones y el ambiente en el que nos desenvolvemos».
La especialista señala que el exceso de estímulos digitales dificulta la consolidación de la memoria, porque el cerebro necesita períodos de concentración sostenida para transformar la información en aprendizaje significativo.
Esta preocupación también ha sido recogida por la UNESCO, que advierte sobre el impacto de las distracciones digitales en los procesos educativos y recomienda promover entornos que favorezcan el aprendizaje profundo, el pensamiento crítico y la autorregulación del uso de la tecnología.
Entrenar la atención también es aprender
Aunque el panorama puede parecer desafiante, la neurociencia coincide en que la atención es una capacidad entrenable.
Según Robles, pequeñas modificaciones en la rutina pueden generar cambios importantes.
«La concentración se fortalece cuando reducimos las interrupciones, trabajamos con objetivos claros y permitimos que el cerebro complete ciclos de atención sin estímulos constantes».
Entre las estrategias recomendadas por los especialistas se encuentran desactivar notificaciones innecesarias, establecer períodos específicos para revisar mensajes, trabajar en bloques de tiempo, realizar pausas activas y cuidar hábitos como el sueño, la actividad física y la alimentación, factores estrechamente relacionados con el funcionamiento cerebral.
La psicóloga María René Durán añade que también es importante recuperar espacios de atención plena.
«No se trata de eliminar la tecnología, sino de aprender a utilizarla de manera consciente para que sea una herramienta y no una fuente permanente de distracción».
Una competencia para toda la vida
En un escenario donde la inteligencia artificial automatiza tareas y la información circula a una velocidad sin precedentes, la capacidad de concentrarse adquiere un nuevo valor. Ya no es solo una habilidad útil para aprobar un examen o cumplir una jornada laboral, sino una competencia que permite aprender con mayor profundidad, tomar mejores decisiones y construir relaciones más significativas.
Paradójicamente, cuantos más estímulos ofrece el mundo digital, más valiosa se vuelve la capacidad de detenerse, pensar y mantener la atención en aquello que realmente importa. Como coinciden los especialistas, la concentración no está desapareciendo; simplemente necesita volver a entrenarse para responder a los desafíos de una época que parece haber convertido la distracción en la norma.