Estado, universidades, empresa y sociedad; el pacto que necesita la educación boliviana al 2030

Estado, universidades, empresa y sociedad; el pacto que necesita la educación boliviana al 2030

Los resultados de aprendizaje, las brechas en comprensión lectora y matemáticas, y las nuevas demandas del mercado laboral obligan a replantear el modelo educativo boliviano. Para Carlos Dabdoub, vicerrector de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) Santa Cruz, el desafío no consiste solo en actualizar contenidos, sino en construir una hoja de ruta compartida que forme ciudadanos capaces de responder a los problemas del futuro.

«El objetivo central que tenemos que buscar es este primer contrato social por la educación. Una alianza que trascienda el ámbito académico y convoque a todos los actores con capacidad de transformar el sistema educativo», afirma Dabdoub.

Antes de 2030, Bolivia tendrá que responder a ¿cómo formar a una generación capaz de resolver problemas que todavía no existen con un sistema educativo que ya muestra señales de agotamiento? La respuesta, sostiene Dabdoub, es construir un nuevo contrato social donde Estado, universidades, empresas y sociedad civil definan juntos el rumbo de la educación.

La propuesta, debatida en el VII Foro Internacional de Innovación Educativa (FIIE 2026),  plantea una visión distinta a las reformas tradicionales. En lugar de concentrar las decisiones únicamente en el Estado o en las instituciones educativas, plantea la construcción de una tetra-hélice, un modelo de gobernanza que articule a todos los actores involucrados.

El FIIE 2026 fue organizado por Unifranz y reunió a especialistas nacionales e internacionales para debatir los desafíos de la educación hacia 2030. El horizonte propuesto invita a definir desde ahora las alianzas, prioridades y decisiones que determinarán cómo aprenderán y cómo enfrentarán el futuro las próximas generaciones de bolivianos.

Una alianza para el futuro

«Tenemos que conseguir aliados y desarrollar lo que yo llamo la tetrahélice, donde la universidad, la academia en general, juntamente con los gobiernos nacional, departamental y municipal, la empresa privada y la sociedad civil organizada podamos pensar y desarrollar lo que quisiéramos para la educación del año 2030», explica.

El propósito de esa articulación es avanzar hacia un sistema educativo que responda con mayor rapidez a las necesidades sociales y productivas del país. De esa forma, indica la autoridad académica, se encontrarán los objetivos para hacer del modelo educativo en Bolivia uno más flexible, más humano y que pueda resolver los problemas cotidianos del día a día, de la región y del ciudadano.

La necesidad de un cambio, agrega, parte de los diagnósticos nacionales. Estos continúan mostrando debilidades en áreas fundamentales para el desarrollo del país, especialmente en comprensión lectora y matemáticas, competencias consideradas esenciales para desenvolverse en una economía basada en el conocimiento.

El ministro de educación de Bolivia, Ricardo Erick Sanjinés Chávez, durante su exposición en el FIIE 2026, señaló que el Observatorio Plurinacional de Medición de la Calidad Educativa identificó un panorama crítico del aprendizaje. En tercero de primaria, según datos de la institución, siete de cada 10 estudiantes no comprenden plenamente lo que leen y ocho de cada 10 no logran resolver problemas matemáticos. La situación se agrava en sexto de primaria, donde ocho de 10 presentan dificultades de comprensión lectora y nueve de cada 10 no alcanzan el nivel esperado en matemáticas ni desarrollan el razonamiento científico básico.

El diagnóstico también evidencia un fuerte rezago en secundaria. Solo tres de cada 10 estudiantes comprenden lo que leen y apenas tres aprueban simultáneamente Matemáticas, Física y Química. Según el ministro, estos niveles revelan una acumulación de déficits de aprendizaje. 

«A partir de un diagnóstico que nos ha mostrado el Ministerio de Educación, el cual evidencia los bajos índices de desarrollo en escolaridad, educación, comprensión y matemática, es necesario mirar hacia el futuro», señala.

Para Dabdoub, responder a este escenario implica abandonar la lógica de soluciones aisladas y construir estrategias de largo plazo que integren a todos los sectores involucrados en el desarrollo regional.

En ese contexto, destaca la experiencia que comienza a consolidarse en Santa Cruz con el impulso al territorio STEM, concebido como un espacio para articular ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas con las necesidades del entorno productivo y social.

«No cabe la menor duda de que tenemos que buscar nuevas formas. Una de ellas, que considero muy importante, es que, una vez consolidado en Santa Cruz el territorio STEM, podamos desarrollar diferentes estrategias involucrando, por supuesto, a todas las instituciones de la región», afirma.

Más allá de una discusión sobre currículos o metodologías, la propuesta sitúa el debate en un plano más amplio: el tipo de sociedad que Bolivia quiere construir durante la próxima década. En esa visión, la educación deja de ser una responsabilidad exclusiva de las escuelas y universidades para convertirse en un proyecto colectivo, donde el conocimiento, la innovación y la formación del talento se conviertan en una política compartida.