Estado, empresa y academia: la alianza clave para la empleabilidad

La empleabilidad ya no puede entenderse únicamente como la posibilidad de conseguir un primer trabajo. En un mercado laboral marcado por los cambios tecnológicos y la transformación de las competencias, mantenerse vigente exige aprendizaje y actualización permanentes.
Este fue uno de los temas centrales del panel “Cómo construir alianzas sostenidas entre universidad, empresa y Estado para asegurar la empleabilidad a lo largo de la vida”, realizado en el marco del FIIE (Foro Internacional de Innovación Educativa), evento organizado por la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz).
El encuentro reunió a Lucía Sossa, directora ejecutiva de Pacto Global Red Bolivia, como moderadora; Daniella García, exviceministra de Educación Alternativa y Especial; Pedro Sáenz, vicerrector de Unifranz y director del Observatorio Nacional del Trabajo; Marcelo Mendoza, en representación de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno; Paola Justiniano, directora de Great Place to Work Bolivia, y Blanca Caballero, presidenta de la Asociación Nacional de Institutos Técnicos, Comerciales, Industriales y de Ciencias de la Educación Privados.
Sossa planteó que el desafío consiste en superar los acuerdos meramente declarativos. “Ya no estamos en esta narrativa del por qué es bueno sentarnos, dialogar, sino estamos en la narrativa del cómo hacerlo”, afirmó.
Para la representante de Pacto Global Red Bolivia, las alianzas deben pasar de la firma de convenios a acciones concretas que permitan responder a los cambios del mercado laboral.
Formación para toda la vida
Pedro Sáenz sostuvo que la empleabilidad a lo largo de la vida comprende mucho más que acceder a un empleo. Incluye la capacidad de incorporarse a una organización, mantenerse vigente, aportar soluciones y reconvertirse frente a los cambios.
También planteó una transformación en la manera de entender el papel de la educación superior. “Las universidades no necesariamente deben formar para conseguir empleo, sino que deben formar profesionales que sean capaces de generar oportunidades para otras personas”, señaló.
Blanca Caballero coincidió en que la formación debe acompañar a las personas durante toda su vida laboral. La aparición de nuevas tecnologías, explicó, puede volver obsoletos conocimientos adquiridos previamente y obliga a los trabajadores a regresar periódicamente a los espacios de formación.
Sin embargo, advirtió que la construcción de este sistema no depende únicamente del Estado, las empresas y las instituciones educativas. También requiere considerar al propio trabajador y desarrollar una cultura de aprendizaje continuo.
Daniella García identificó precisamente la falta de conexión entre los diferentes actores como una de las principales brechas. “No hay una conexión, una articulación entre Estado, empresa privada y los centros de formación”, afirmó.
Ante ello, propuso impulsar aprendizajes cortos, flexibles y adecuados a las demandas del mercado, mediante herramientas como las microcredenciales. La formación, señaló, debe ser dinámica porque también lo son el trabajo y las necesidades de las organizaciones.
Del diálogo a la acción conjunta
La discusión también evidenció obstáculos normativos y la necesidad de actualizar las reglas que rigen la formación. Caballero señaló que la normativa actual puede limitar la flexibilidad de las instituciones y dificultar el desarrollo y reconocimiento de microcertificaciones.
Asimismo, cuestionó la escasa inversión de muchas empresas en la formación de sus trabajadores y llamó a fortalecer la cultura de desarrollo del capital humano.
Desde la academia, Sáenz destacó el valor de contar con información para orientar las decisiones. El compromiso del Observatorio Nacional del Trabajo, afirmó, es generar evidencia útil para que organizaciones e instituciones públicas puedan actuar sobre datos y no sobre suposiciones.
Marcelo Mendoza planteó, por su parte, que la respuesta debe ser colectiva. Propuso fortalecer los observatorios de empleo, promover prácticas preprofesionales mediante alianzas con empresas e instituciones públicas y consolidar programas permanentes de educación continua.
“La empleabilidad a lo largo de la vida no depende exclusivamente de las capacidades individuales. Es el resultado de un esfuerzo colectivo”, remarcó.
El consenso del panel fue claro: garantizar la empleabilidad requiere pasar del diálogo a una articulación sostenida. Estado, empresa y academia deben compartir información, identificar brechas y construir mecanismos conjuntos para que la formación responda, de manera continua, a las transformaciones del mundo laboral.