¿Puede una empresa ser rentable y resolver al mismo tiempo un problema social?

Una empresa puede buscar rentabilidad y, al mismo tiempo, responder a necesidades de su entorno. La discusión sobre este modelo gana espacio en América Latina, donde surgen iniciativas que combinan actividad económica con objetivos sociales y ambientales.
Un ejemplo desde la formación empresarial se encuentra en los proyectos integradores desarrollados por estudiantes de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz). Uno de ellos es la Clínica Empresarial, un servicio de asesoría gratuita en áreas contables y financieras dirigido a pequeñas y medianas empresas de Santa Cruz.
Luz Estrella Canido, directora de la carrera de Auditoría Financiera y Control de Gestión de Unifranz, explica que el proyecto trabaja directamente con emprendedores para analizar su situación financiera y plantear alternativas. “El aporte que realizamos con la Clínica Empresarial es significativo porque trabajamos directamente con los emprendedores que son la columna vertebral de la economía local”, señala. La docente añade que el objetivo es proponer soluciones concretas que ayuden a mejorar la rentabilidad y competitividad de estos negocios.
La experiencia muestra una de las formas en que la universidad puede vincular la formación profesional con problemas económicos concretos: los estudiantes aplican conocimientos técnicos sobre situaciones reales y, al hacerlo, generan propuestas que pueden beneficiar a empresas y comunidades.
Cuando la rentabilidad incorpora un propósito
El debate va más allá de la responsabilidad social empresarial tradicional. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señala que la innovación social puede contribuir a resolver desafíos sociales mientras genera beneficios económicos. El organismo define este campo a partir de la creación y aplicación de nuevas ideas —productos, servicios o procesos— y de nuevas formas de interacción y colaboración.
Esto significa que el impacto social no necesariamente está separado del negocio. Una empresa puede encontrar oportunidades precisamente en necesidades que todavía no tienen una respuesta adecuada, siempre que consiga desarrollar una solución sostenible.
La OCDE propone, además, un marco de tres etapas para fortalecer este tipo de iniciativas: comenzar con la experimentación, escalar las soluciones que demuestran resultados y generar condiciones para mantener su impacto en el tiempo.
América Latina experimenta con empresas de triple impacto
El cambio también puede observarse en la expansión de las Sociedades de Beneficio e Interés Colectivo (BIC). Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), a finales de 2024 existían más de 5.000 sociedades BIC en América Latina y el Caribe.
Estas empresas incorporan objetivos económicos junto con compromisos de impacto positivo en la sociedad y el medioambiente. El modelo también exige mecanismos para acreditar ese propósito mediante reportes públicos y modificaciones en sus estatutos.
Colombia, Ecuador, Perú, Uruguay y Panamá cuentan con legislaciones o normativas específicas para las sociedades BIC. Para la CEPAL, esta expansión representa un nuevo paradigma empresarial que busca superar una visión centrada únicamente en la rentabilidad.
Pero tener un propósito social no garantiza por sí mismo que exista impacto. La medición de resultados se convierte en un elemento central.
En diciembre de 2025, la CEPAL informó que solo el 24,5% de las sociedades BIC tenía sus informes de impacto al día. Felipe Correa, investigador de la CEPAL y autor principal del estudio sobre estas empresas, señaló que la elaboración de informes de impacto y la modificación de los estatutos son requisitos fundamentales para el reconocimiento formal de una sociedad BIC.
El desafío para los nuevos profesionales
La discusión también alcanza a las universidades. Si las empresas necesitan responder simultáneamente a desafíos económicos, sociales y ambientales, los profesionales deben desarrollar capacidades que vayan más allá del conocimiento técnico de una carrera.
Los proyectos integradores de Unifranz plantean precisamente esa conexión con el mundo real. La institución señala que sus estudiantes trabajan sobre problemas de empresas y municipios y desarrollan habilidades como resolución de problemas, trabajo en equipo y toma de decisiones.
En el caso de los estudiantes de Turismo y Hotelería, por ejemplo, un proyecto de desarrollo turístico para San José de Chiquitos fue aprobado por autoridades municipales y planteó alternativas para fortalecer el turismo local y generar oportunidades para los habitantes de la zona.
La experiencia práctica permite así trasladar la discusión sobre impacto social desde el concepto hacia problemas concretos: cómo mejorar la gestión de una pequeña empresa, cómo fortalecer una actividad turística o cómo aumentar la competitividad de un sector.
La pregunta, entonces, no es necesariamente si una empresa debe escoger entre ganar dinero o generar impacto. El reto consiste en construir modelos capaces de hacer compatibles ambos objetivos.
La evidencia analizada por la OCDE muestra que la innovación social puede atender problemas colectivos y, al mismo tiempo, generar beneficios económicos. (OECD) La experiencia latinoamericana con las sociedades BIC apunta en una dirección similar: incorporar el impacto social y ambiental dentro de la propia estructura empresarial.
En ese escenario, la empresa del futuro no será únicamente aquella que consiga vender más, sino también la que pueda demostrar qué valor económico, social o ambiental genera con su actividad.