Empleo juvenil: sin experiencia no hay oportunidades

Empleo juvenil: sin experiencia no hay oportunidades

Ingresar al mercado laboral se ha convertido en una carrera cuesta arriba para miles de egresados universitarios. A pesar de contar con formación académica, la falta de experiencia práctica y un sistema que prioriza trayectorias previas por encima del potencial generan una barrera que limita el acceso al primer empleo y evidencia la necesidad de actualizar la legislación laboral.

“La exigencia de entre 1 y 5 años de experiencia previa constituye una barrera de entrada estructural que debemos atender de manera coordinada entre Estado, empresas y universidades”, señala Ronald Bedregal, director de la carrera de Ingeniería Económica en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).

El problema se refleja en las propias convocatorias laborales, donde los recién graduados enfrentan requisitos imposibles de cumplir. Desde el Observatorio Nacional del Trabajo, Bedregal advierte que “sin mecanismos que faciliten el tránsito de la formación académica al empleo, los egresados seguirán enfrentando dificultades para competir en un mercado que privilegia la práctica sobre el conocimiento teórico”.

A esta situación se suma el uso extendido de pasantías de corta duración, muchas veces no remuneradas y sin reconocimiento formal. “Muchas veces no son pagadas… concluyen en dos o tres meses y no se contabilizan como experiencia laboral”, explica Bedregal, quien insiste en la necesidad de una normativa que otorgue valor real al trabajo dirigido y evite que los jóvenes queden atrapados en un ciclo de inestabilidad.

En este contexto, la discusión sobre una nueva legislación cobra relevancia. Regular las pasantías y el trabajo dirigido permitiría reconocer estas experiencias como parte del historial laboral, garantizar condiciones mínimas y facilitar una transición más justa hacia el empleo formal.

Aprender haciendo: la experiencia como ventaja competitiva

Frente a este escenario, el enfoque de “aprender haciendo” surge como una alternativa concreta para reducir la brecha entre universidad y empleo. La incorporación de prácticas reales durante la formación académica permite a los estudiantes desarrollar competencias aplicadas y enfrentar con mayor preparación las exigencias del mercado laboral.

“Aprender haciendo es esencial, porque permite que los estudiantes desarrollen competencias reales, graduarse con una mentalidad resolutiva y con experiencias que los preparan para integrarse con éxito al mundo laboral”, sostiene Erick Gustavo Montaño, vicerrector académico nacional de Unifranz.

Este modelo, impulsado por la universidad, busca que los estudiantes no solo adquieran conocimientos teóricos, sino que también acumulen experiencia antes de egresar. La participación en proyectos con empresas, pasantías estructuradas y actividades prácticas permite construir un perfil más competitivo en un mercado que exige resultados desde el primer día.

La evidencia respalda este enfoque. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los egresados que cuentan con experiencia práctica durante su formación logran insertarse en el mercado laboral hasta un 30 % más rápido que aquellos que no la tienen.

Además, la experiencia no se limita al ámbito formal. Actividades como ferias académicas, proyectos universitarios o participación en sociedades científicas también contribuyen a desarrollar habilidades valoradas por los empleadores, como liderazgo, comunicación y trabajo en equipo.

En este contexto, la transformación del sistema no depende de un solo actor. La actualización de la legislación para regular pasantías, el fortalecimiento de la formación práctica en las universidades y la apertura del sector empresarial para valorar el potencial juvenil son pasos necesarios para construir un mercado laboral más inclusivo.

La experiencia, hoy convertida en un filtro de exclusión, puede transformarse en una etapa formativa clave si se le otorga el reconocimiento y la estructura adecuada. El desafío está en convertir esa primera oportunidad en un derecho real y no en una barrera para toda una generación.