Una emergencia con su perrita llevó a una estudiante a crear una app para monitorear su salud

Ver a una mascota convulsionar sin saber qué hacer puede convertirse en uno de esos momentos que quedan para siempre. Eso le ocurrió a Melanie Villca cuando Betty, su perrita, sufrió de hipocalcemia -ataques por falta de calcio tras tener a sus cachorros-. La preocupación por no poder identificar a tiempo lo que estaba ocurriendo terminó convirtiéndose en una pregunta: ¿podría la tecnología ayudar a conocer mejor el estado de salud de una mascota?
“A partir de esa preocupación nació la idea de utilizar la tecnología para monitorear sus signos vitales y poder buscar ayuda médica especializada antes de que la situación se agrave”, afirma Melanie, dueña de Betty y estudiante de Ingeniería de Sistemas e Innovación Digital de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) El Alto.
Así nació Vet Pet, un proyecto que combina Internet de las Cosas (IoT), programación y gestión digital de información clínica. Una gran forma de transformar una experiencia personal en una solución tecnológica.
¿Cómo funciona Vet Pet?
En Bolivia, la protección de los animales no depende únicamente del vínculo afectivo que existe entre una mascota y su familia. La Ley 700 para la Defensa de los Animales contra Actos de Crueldad y Maltrato establece obligaciones relacionadas con su protección y bienestar, incluida la atención médica cuando sea necesaria.
El cuidado cotidiano también requiere observar cambios que pueden pasar inadvertidos. Una mascota no puede explicar que siente dolor, que su temperatura cambió o que su ritmo cardíaco presenta una alteración. Contar con información continua puede aportar elementos útiles para detectar comportamientos fuera de lo habitual y facilitar la atención veterinaria.
Vet Pet fue pensado para apoyar ese proceso. El dispositivo se coloca mediante una pechera equipada con sensores y registra datos como la temperatura y la frecuencia cardíaca, y estos datos pueden ser gestionados digitalmente para que el propietario tenga un mayor control sobre la salud de su mascota.
“El dueño no necesita conocer cómo funcionan los sensores, sino simplemente consultar la información que proporciona la aplicación y contar con datos más claros y continuos sobre el estado de su mascota”, asegura Melanie.
Para el personal veterinario, disponer de registros actualizados puede complementar la evaluación realizada durante una consulta y ayudar a identificar posibles anomalías fisiológicas.
Una idea que todavía está creciendo
Vet Pet se encuentra en fase de prototipo. Melanie continúa trabajando en su desarrollo con la perspectiva de incorporar nuevas funciones, sensores y herramientas de análisis que permitan ampliar sus posibilidades.
La intención es que, una vez alcanzado un nivel adecuado de desarrollo y validación, pueda convertirse en una solución accesible para las familias y eventualmente estar disponible mediante plataformas de aplicaciones como Play Store u otras alternativas.
El proyecto también plantea una posibilidad de crecimiento: conectar los datos obtenidos con herramientas que faciliten su análisis y puedan convertirse, en el futuro, en apoyo para la atención veterinaria.
Aprender haciendo para resolver problemas reales
Para Melanie, construir Vet Pet significó llevar los conocimientos adquiridos durante la carrera a una situación que conocía de cerca.
Durante el proyecto tuvo que pasar por distintas etapas, desde el análisis y diseño hasta la programación, construcción, pruebas e integración del sistema.
“Esta experiencia también me ayudó a desarrollar habilidades para identificar problemas, buscar soluciones, probarlas y mejorarlas, preparándome para enfrentar situaciones reales como futura ingeniera y demostrando que la tecnología puede generar un impacto clínico y social”, dice la autora.
Esa experiencia forma parte de la metodología de Aprender Haciendo que se desarrolla en Unifranz mediante proyectos integradores. Los estudiantes trabajan sobre necesidades concretas y ponen en práctica conocimientos de programación, análisis de datos, inteligencia artificial, robótica y otras áreas para desarrollar soluciones.
Gustavo Montaño, doctor en Educación y vicerrector Nacional de Unifranz, explica que estos proyectos “se activan mediante el trabajo cooperativo, con propuestas de solución a problemáticas propias de la vida profesional, orientados hacia la innovación y el impacto social, fomentando la creatividad de los estudiantes y brindándoles la oportunidad de aplicar la teoría a situaciones reales”.
La estudiante reconoce que el proceso también transformó su manera de entender la profesión. “Esta forma de aprender haciendo me permitió llevar los conocimientos adquiridos en la universidad a un problema real, entendiendo que la ingeniería no consiste solamente en aprender teoría, sino en aplicar esos conocimientos para crear soluciones”, señala.
En el caso de la joven estudiante, una experiencia personal terminó convirtiéndose en su proyecto académico. Su perrita Betty fue el motivo para comenzar y la tecnología, el camino que encontró Melanie para intentar cuidar mejor a otros animales.