La economía de los datos: por qué nuestra información personal se convirtió en un recurso estratégico

Cada búsqueda, compra en línea, ubicación compartida, reproducción de contenido o interacción en redes sociales puede generar información. Aislados, esos datos parecen pequeños fragmentos de la vida cotidiana; procesados en grandes cantidades, pueden convertirse en insumos para tomar decisiones, personalizar servicios, diseñar productos o dirigir publicidad.
Por eso, los datos se han convertido en uno de los recursos estratégicos de la economía digital. El desafío ya no consiste solamente en producir información, sino en saber quién la recopila, para qué la utiliza, cómo la protege y qué decisiones pueden derivarse de ella.
“Los datos son la materia prima de la inteligencia artificial”, explica Cristina Aranda, consultora especializada en digitalización, Big Data e inteligencia artificial, quien participó como invitada en el VII Foro Internacional de Innovación Educativa de Unifranz. La especialista también plantea la necesidad de conocer el origen de los datos y garantizar el respeto a la propiedad intelectual.
¿Por qué los datos tienen valor económico?
Los datos permiten identificar patrones. Una plataforma de comercio electrónico puede analizar qué productos consulta una persona; una aplicación puede estudiar sus hábitos de uso; una empresa puede observar el comportamiento de sus clientes; y un sistema de inteligencia artificial puede utilizar grandes volúmenes de información para encontrar relaciones que serían difíciles de detectar manualmente.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señala que los datos alimentan buena parte del ecosistema de tecnologías digitales y generan un valor considerable, aunque también plantean riesgos relacionados con la privacidad y la seguridad.
La información, además, puede utilizarse para mejorar procesos. En salud, por ejemplo, los datos pueden contribuir a investigación y análisis; en transporte, ayudar a planificar recorridos; en comercio, identificar tendencias; y en educación, permitir conocer patrones de aprendizaje.
La economía digital, por tanto, no se basa únicamente en aplicaciones o dispositivos. También depende de la capacidad de recopilar, almacenar, analizar y convertir información en conocimiento útil.
El problema aparece cuando se pierde el control
Que los datos tengan valor económico plantea una pregunta fundamental: ¿qué ocurre con la información personal una vez que se entrega a una plataforma?
La OCDE advierte que la privacidad es una preocupación para la mayoría de las personas en los entornos digitales. En su Digital Economy Outlook 2024, señala que 56% de las personas encuestadas evita determinados sitios web, aplicaciones o redes sociales debido a preocupaciones relacionadas con la privacidad. También advierte que los datos pueden ser utilizados de maneras que las personas no anticipaban al momento de entregarlos.
En el ámbito de la inteligencia artificial, el problema puede aumentar. Las herramientas capaces de procesar texto, imágenes, documentos y voz hacen que la información personal pueda terminar formando parte de procesos tecnológicos que el usuario no comprende completamente.
Alejandro Rodríguez, docente de Ingeniería de Sistemas de Unifranz, advierte que existen numerosos riesgos cuando una persona entrega información a sistemas de IA, incluso cuando esos datos permiten obtener respuestas más precisas.
«La recomendación básica es evitar introducir información sensible, documentos confidenciales, contraseñas, datos bancarios o información de terceros en herramientas cuyo tratamiento de datos no se comprende».
Datos personales: de la privacidad al derecho
El debate no es únicamente tecnológico. También es jurídico.
Fabricio Góngora Flores, docente de Derecho de Unifranz, sostiene que “el ser humano hoy vive permanentemente expuesto”, debido a que una parte importante de sus actividades queda registrada en bases de datos físicas y digitales. Para el académico, esta realidad obliga a replantear la manera en que se enseña y ejerce el derecho a la privacidad.
Estos mecanismos reflejan una transformación mayor: la protección de datos dejó de ser un asunto exclusivo de especialistas en informática y abogados. También requiere ciudadanos capaces de comprender qué información entregan y qué consecuencias puede tener hacerlo.
¿Qué papel juega la inteligencia artificial?
La IA aumenta el valor de los datos porque puede procesar grandes cantidades de información y encontrar patrones con rapidez. Pero también introduce nuevos desafíos: sesgos, errores, falta de transparencia, propiedad intelectual y utilización de información personal.
Aranda señala que uno de los desafíos centrales consiste precisamente en conocer el origen de los datos y garantizar un uso responsable de la información.
La discusión adquiere además una dimensión ambiental. UNCTAD advierte que la expansión de la economía digital tiene una creciente huella ambiental y plantea la necesidad de avanzar hacia una economía digital más circular, con productos duraderos, reutilización y reciclaje.
Así, hablar de datos implica mucho más que hablar de servidores. Se trata de discutir cómo se genera valor en una economía donde la información se ha convertido en un insumo fundamental.
La alfabetización digital como nueva competencia
En este escenario, comprender los datos se convierte en una competencia transversal. No todos necesitan convertirse en científicos de datos, pero sí deberían poder reconocer qué información comparten, entender las políticas básicas de privacidad y cuestionar cómo los algoritmos utilizan sus datos.
La formación profesional también está cambiando. El Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum identifica la inteligencia artificial y Big Data entre las habilidades de crecimiento más rápido hacia 2030, junto con redes, ciberseguridad y alfabetización tecnológica.
Esto explica por qué las universidades tienen un papel que va más allá de formar especialistas tecnológicos. También necesitan desarrollar calidad académica vinculada con ética, pensamiento crítico y comprensión de los efectos sociales de la tecnología.
En esa línea, Unifranz incorpora contenidos relacionados con datos, inteligencia artificial, Big Data, seguridad informática y ciencia de datos en distintas propuestas de formación tecnológica.
La economía de los datos, finalmente, plantea una paradoja: cuanto más digital se vuelve la vida cotidiana, más importante resulta comprender aquello que ocurre detrás de cada clic. La información puede generar innovación y valor, pero ese potencial depende de que su uso esté acompañado por seguridad, transparencia, responsabilidad y criterio humano.