Economía creativa en Bolivia: el reto de convertir talento en empleo y desarrollo

Una idea puede convertirse en una canción, una película, un videojuego, una experiencia turística o una aplicación capaz de venderse a miles de kilómetros de donde fue creada. Cuando ese talento encuentra mercado, deja de ser únicamente una expresión creativa y también puede convertirse en empleo, ingresos y desarrollo.
“La creatividad crece mucho más rápido que el comercio tradicional. Y eso para mí es bastante fuerte”, afirmó Eliana Prada, especialista en Economía Creativa de la División de Competitividad, Tecnología e Innovación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), durante su participación en el IV Foro Internacional de Economía Creativa (FIEC) de la Universidad Privada Franz Tamayo, Unifranz.
Su afirmación pone sobre la mesa una oportunidad para nuestro país. Bolivia, con un vasto patrimonio cultural, gastronomía, festividades, talento y una creciente actividad tecnológica todavía enfrenta el desafío de transformar ese potencial en mayor actividad económica.
¿Qué es la economía creativa y por qué importa para Bolivia?
La economía creativa es el conjunto de actividades que transforma la creatividad, la cultura, el conocimiento y la propiedad intelectual en bienes y servicios con valor económico. Para Prada, su importancia no se limita a preservar cultura e identidad, porque también puede generar empleo, diversificar la economía y abrir nuevos mercados.
El BID estima que las industrias culturales y creativas generan alrededor de US$124.000 millones al año en América Latina y el Caribe, equivalentes al 2,2% del PIB regional, y cerca de 1,9 millones de empleos. Las cifras ayudan a dimensionar un sector en el que la creatividad, además de su valor cultural, forma parte de la actividad productiva.
De consumidores a creadores
La digitalización amplió las posibilidades de las industrias creativas, ya que software, música, contenidos audiovisuales, diseño y videojuegos pueden circular y encontrar audiencias más allá de sus mercados locales. Prada utilizó el fenómeno cultural de Corea como referencia para plantear un desafío a América Latina: conseguir que otras regiones también consuman aquello que aquí se crea.
“¿Cómo podemos dejar de ser grandes consumidores para ser creadores? Ya tenemos el potencial. La materia prima la tenemos”, sostuvo la especialista. Para Bolivia, identificó tres oportunidades: medir el aporte de las industrias creativas, potenciar el turismo cultural y creativo y fortalecer el desarrollo tecnológico, ámbito en el que destacó el potencial del software y los videojuegos. Además, señaló que es necesario una mayor articulación entre ecosistemas tecnológicos como los de Cochabamba y La Paz.
Sin datos, el potencial creativo permanece invisible
Bolivia todavía enfrenta el reto de medir sistemáticamente cuánto empleo, producción e ingresos generan sus actividades culturales y creativas. Sin esa información resulta más difícil sustentar políticas públicas, atraer inversión y abrir alternativas de financiamiento para el sector.
“Lo que no se mide, no se financia. Ni se puede defender tampoco”, enfatizó Prada. Para la especialista, fortalecer instrumentos como la Cuenta Satélite de Cultura -sistema de medida estadística que calcula el valor económico de las actividades culturales y su peso dentro de la economía general de un país- permitiría dimensionar el sector y demostrar con evidencia su aporte económico, especialmente frente a una informalidad que mantiene parte del trabajo creativo fuera de las estadísticas.
Medir también puede cambiar la conversación pública, porque conocer cuántos empleos genera una actividad o cuánto aporta a la economía permite tomar decisiones con mayor evidencia. Cultura y creatividad pueden así entrar en las discusiones sobre productividad y desarrollo no solo por su valor simbólico, sino también por su impacto económico.
Cuando la cultura también mueve la economía
Estas oportunidades fueron abordadas en la conferencia magistral “Economía creativa y desarrollo: el nuevo mapa de oportunidades para Bolivia y la región”, presentada por Prada en el IV FIEC de Unifranz, desarrollado en Cochabamba. “Bolivia tiene un patrimonio vivo con una escala económica descomunal”, sostuvo al explicar las posibilidades que surgen cuando cultura, creatividad y actividad productiva se conectan.
El Carnaval de Oruro fue uno de sus ejemplos, pues una expresión cultural de esa magnitud moviliza también turismo, gastronomía, hotelería, transporte, música, artesanía y otros servicios. Reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, permite observar cómo el patrimonio puede generar movimiento económico alrededor de los territorios que lo mantienen vivo.
La oportunidad está en conectar ese patrimonio con modelos sostenibles capaces de generar valor sin desprenderse de su identidad. Esto supone que el crecimiento económico también considere a las personas y comunidades que preservan, producen y transmiten esas expresiones culturales.
Del talento creativo a un negocio con mercado
Que exista creatividad tampoco garantiza que una idea pueda sostenerse económicamente, porque entre la inspiración y el mercado existe un proceso de gestión. Para Andrea Cisneros, directora de la carrera de Ingeniería Comercial de Unifranz El Alto, una propuesta necesita conocer a su consumidor, validarse y construir un modelo de negocio sostenible, acompañado por capacidades financieras, comerciales y de posicionamiento.
Ese proceso también exige un nuevo perfil profesional, capaz de conectar el talento creativo con las herramientas necesarias para llevarlo al mercado. “El nuevo profesional necesita combinar creatividad con pensamiento estratégico y empresarial. Debe saber investigar mercados, identificar tendencias e insights, construir marcas, utilizar herramientas digitales, desarrollar estrategias de comercialización, analizar datos, gestionar proyectos y comprender los procesos de internacionalización”, explica Cisneros.
Cuando el objetivo es competir fuera del país aparece un desafío adicional: conectar la identidad y el valor cultural de un producto con las necesidades de consumidores globales sin perder aquello que lo hace auténtico y diferenciador. Cisneros añade a esa mirada las nuevas tendencias de sostenibilidad ambiental y social, que también empiezan a formar parte de las decisiones empresariales y comerciales.
Una hoja de ruta para la economía creativa boliviana
El talento por sí solo no resuelve el desafío, por lo que Prada plantea avanzar en la medición, fortalecer políticas públicas y marcos regulatorios, articular al Estado con empresas y academia, y desarrollar alternativas de financiamiento para los emprendimientos creativos. “Sin medición ni formalización, el potencial no se vuelve política ni ingreso”, sostuvo durante su exposición.
Videojuegos, audiovisual y música aparecen entre los sectores con importantes perspectivas de crecimiento en América Latina, mientras Bolivia suma fortalezas vinculadas con software, turismo creativo, gastronomía, cultura y patrimonio. El reto está en generar las condiciones para que ese talento encuentre mercado y pueda traducirse en productos, empresas y empleos.
Datos, financiamiento, formación y conexiones pueden marcar la diferencia entre una buena idea y una actividad capaz de crecer y cruzar fronteras. La pregunta que dejó Prada resume el desafío para Bolivia: si la materia prima ya existe, ¿cómo pasar de consumir creatividad a producirla, fortalecerla y exportarla?