Dormir bien también es salud: cómo cuidar el sueño para vivir mejor y prevenir enfermedades

Cuidar el sueño no es un lujo, es una necesidad biológica clave para la salud física y mental. Especialistas advierten que dormir bien impacta en el rendimiento, la memoria, el sistema inmunológico y hasta en la prevención de enfermedades como el Alzheimer.
María, estudiante universitaria, pensaba que dormir cinco horas era suficiente. Entre clases, redes sociales y trabajos, el descanso quedó en segundo plano. Con el tiempo, el cansancio constante, la falta de concentración y la irritabilidad comenzaron a afectar su rendimiento académico. Fue recién tras una consulta médica que entendió algo esencial: cuidar el sueño también es cuidar la salud.
“Dormir no es perder el tiempo, es una función vital del organismo. Durante el sueño el cuerpo se recupera, el cerebro procesa la información y se regulan funciones esenciales”, explica Lizeth Quispe, docente de la carrera de Medicina en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
¿Cuántas horas debemos dormir?
Las necesidades de sueño varían según la edad. En la infancia, el descanso es clave para el crecimiento y la maduración cerebral, mientras que en la adultez influye directamente en la salud integral.
Recién nacidos requieren entre 14 y 17 horas de sueño, los niños en edad escolar entre 9 y 11 horas, y los adultos entre 7 y 9 horas por noche. En los adultos mayores, el rango recomendado es de 7 a 8 horas.
“En bebés y niños se libera mayor cantidad de hormona de crecimiento durante el sueño profundo, lo que explica por qué necesitan dormir más. A medida que envejecemos, cambian los ritmos circadianos y la producción de melatonina”, señala Quispe.
Beneficios de dormir bien
El sueño cumple un rol fundamental en múltiples funciones del organismo. Dormir bien mejora la función cerebral, fortalece el sistema inmunológico y favorece la reparación de tejidos.
“Durante la noche, el cerebro organiza la información y consolida la memoria. Por eso, una buena calidad de sueño se traduce en mejor aprendizaje y concentración”, afirma la especialista.
Además, el descanso adecuado permite que el cuerpo produzca más células de defensa, lo que ayuda a combatir enfermedades. También interviene en la regulación del metabolismo y el equilibrio hormonal.
Las consecuencias de no descansar lo suficiente
Dormir mal o poco tiene efectos inmediatos y a largo plazo. El cansancio diurno, la dificultad para concentrarse y el mal humor son algunas de las señales más comunes.
A nivel físico, la falta de sueño debilita el sistema inmunológico, aumenta el riesgo de sobrepeso y puede derivar en problemas cardiovasculares como hipertensión.
“El déficit de sueño impacta directamente en el rendimiento académico y laboral. Las personas presentan menor atención, memoria y capacidad de respuesta”, advierte Quispe.
Sueño y Alzheimer: una relación que preocupa
La ciencia ha encontrado una relación importante entre la falta de sueño y el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.
Durante el sueño profundo, el cerebro elimina desechos metabólicos, como la proteína beta-amiloide. Cuando una persona duerme poco, este proceso se ve afectado.
“Se ha observado que dormir seis horas o menos se asocia con mayor acumulación de beta-amiloide, una proteína vinculada al desarrollo del Alzheimer”, explica Quispe. Esta acumulación puede afectar la memoria y el funcionamiento cognitivo con el tiempo.
Cómo cuidar el sueño
Adoptar hábitos saludables es clave para mejorar la calidad del descanso. Mantener horarios regulares, evitar el uso de pantallas antes de dormir y crear un ambiente adecuado son medidas efectivas.
“Cuidar el sueño significa darle al cuerpo las condiciones necesarias para recuperarse. No solo mejora la calidad de vida diaria, también ayuda a prevenir enfermedades metabólicas y cardiovasculares”, enfatiza la docente.
Reconocer a tiempo los trastornos del sueño y buscar ayuda profesional también es fundamental para evitar complicaciones mayores.
Dormir bien no debería ser una meta difícil de alcanzar, sino una prioridad diaria. En una rutina cada vez más exigente, recuperar el valor del descanso puede marcar la diferencia entre sobrevivir al día o vivirlo plenamente.