Desarrollo de pensamiento crítico impulsa un mejor uso de la inteligencia artificial

La inteligencia artificial (IA) es una herramienta cotidiana para estudiantes, docentes y profesionales. Desde resumir textos hasta generar ideas o resolver dudas, su capacidad para ahorrar tiempo es innegable. Sin embargo, su crecimiento también plantea una pregunta cada vez más importante: ¿cómo aprovechar sus beneficios sin dejar de pensar por cuenta propia?
Especialistas coinciden en que el verdadero desafío no es evitar la IA, sino aprender a utilizarla con criterio.
Mario Ariel Quispe, Jefe de Enseñanza y Aprendizaje (JEA) de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz) y especialista en innovación educativa, destaca que la IA es una realidad que debe integrarse a los procesos de formación.
“La IA llegó para quedarse, no se puede negar su existencia ni mucho menos su uso por parte de estudiantes, docentes, directivos, etc. Tiene bastantes ventajas en cuanto a la reducción de tiempo en labores operativas o en la planificación de procesos”, afirma el académico.
La IA es una aliada del aprendizaje, sin embargo, cuando se convierte en un atajo para copiar respuestas sin analizarlas, puede debilitar habilidades como el razonamiento, la argumentación y la toma de decisiones. En cambio, si se emplea para explorar diferentes perspectivas, contrastar información y enriquecer el aprendizaje, puede fortalecer el pensamiento crítico.
De la misma manera, Quispe advierte que su uso debe tener límites claros. «Tiene bastantes ventajas en cuanto a la reducción de tiempo en labores operativas o en la planificación de procesos, sin embargo, en el ámbito educativo, desde los niveles básicos hasta la educación de postgrado, debe asumirse a la IA como una aliada y una herramienta, más que la respuesta a cualquier solicitud, tarea o actividad de aprendizaje», explica.
En la práctica, esto significa que la IA ayuda a ordenar ideas, proponer ejemplos, resumir información o plantear distintas miradas sobre un tema, pero la interpretación, la evaluación y las conclusiones deben seguir siendo responsabilidad de cada persona.
El pensamiento crítico fortalece las decisiones y el aprendizaje
Para Carmen Aguilera, docente de la carrera de Psicología de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), desarrollar esta capacidad resulta esencial en una época donde la información circula a gran velocidad.
“El pensamiento crítico es parte fundamental del rendimiento académico y profesional, es la capacidad de tener una forma de pensamiento hacia objetivos planteados y analizados, dominando el pensamiento o sometiéndolos a estándares intelectuales. Es ‘enseñar a pensar’ y evaluar la información, de forma sistémica y objetiva”, destaca la académica.
La especialista añade que el pensamiento crítico conduce a conclusiones fundamentadas, que se someten a pruebas basadas en criterios y estándares pertinentes. “Este enfoque garantiza que las decisiones y soluciones no solo sean innovadoras, sino también relevantes y aplicables en diferentes contextos”, agrega.
Por ello, los expertos recomiendan pensar primero y consultar después. Elaborar una idea inicial antes de acudir a la IA activa el razonamiento propio y evita depender completamente de las respuestas generadas por la tecnología. También es útil pedir a la IA que presente contraargumentos, identifique posibles errores o cuestione una postura, en lugar de limitarse a ofrecer una respuesta directa.
El uso responsable impulsa la autonomía intelectual
Otra recomendación clave consiste en verificar siempre la información con fuentes confiables. Aunque las herramientas de IA son cada vez más precisas, aún pueden cometer errores o presentar datos inexactos. Contrastar la información, analizar distintas perspectivas y explicar con palabras propias lo aprendido permite consolidar un aprendizaje más profundo.
Quispe subraya que el verdadero impacto de la tecnología depende del uso que las personas hagan de ella.
«Es crucial que la comunidad educativa se involucre de forma crítica en el análisis de los efectos de la tecnología digital, evitando partir de apriorismos que carecen de apoyo en la evidencia. Además, los beneficios educativos de la tecnología parecen radicar no tanto en cuánto se utilizan, sino en cómo se utilizan. La tecnología siempre será una aliada en los diversos campos del conocimiento, pero no puede reemplazar el raciocinio ni el sentido humano», sostiene el académico.
Reservar momentos para escribir, resolver problemas o analizar situaciones sin apoyo tecnológico también fortalece la autonomía intelectual. La IA puede acelerar tareas mecánicas, ampliar perspectivas y detectar puntos ciegos, pero el juicio final siempre debe permanecer en manos de las personas.
La regla de oro sigue siendo la misma: la inteligencia artificial puede ampliar nuestras capacidades, pero el pensamiento crítico, la creatividad y las decisiones seguirán siendo una responsabilidad exclusivamente humana.