Del diagnóstico a la oportunidad: cómo acompañar a un estudiante neurodivergente

Acompañar a un estudiante neurodivergente no significa reducir las expectativas académicas. Significa identificar las barreras que pueden dificultar su aprendizaje y buscar nuevas formas de enseñar, participar y demostrar conocimientos.
La neurodivergencia reúne distintas formas de funcionamiento y desarrollo neurológico. Entre ellas se encuentran condiciones como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y el trastorno del espectro autista (TEA). Sus características, necesidades y fortalezas pueden variar ampliamente entre personas, por lo que no existe una estrategia única que funcione para todos los estudiantes.
Desde esta perspectiva, la educación inclusiva propone pasar de una mirada centrada únicamente en el diagnóstico a otra que también observe el entorno, las necesidades individuales y las oportunidades de participación.
“Actualmente, hay -por decirlo así- una ‘pandemia’ de ‘TEAS’ y nosotros como academia tenemos que actualizarnos para abordar estos casos, También se deben preparar los padres de familia”, informó James Yhon Robles, director de la carrera de Psicología la Universidad Privada Franz Tamayo – Unifranz Santa Cruz.
TDAH y autismo son parte del desafío educativo
La dimensión del desafío también puede observarse en los datos disponibles. Un análisis global basado en el Global Burden of Disease 2021 estimó que en 2021 había alrededor de 46,9 millones de casos de TDAH entre personas menores de 20 años, con una prevalencia estimada de 1,78%. Las cifras varían según la metodología y los criterios utilizados, por lo que no existe un único porcentaje que describa a toda la población.
En el caso del autismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que -en 2021- aproximadamente 1 de cada 127 personas en el mundo era autista. La organización advierte que la prevalencia reportada varía considerablemente entre estudios y que en muchos países de ingresos bajos y medianos todavía existen vacíos de información.
Estos datos no deben utilizarse para definir a una persona por su diagnóstico. Su valor para la educación está en mostrar la necesidad de contar con comunidades educativas preparadas para responder a diferentes formas de aprender y participar.
¿Cómo acompañar a un estudiante neurodivergente en el aula?
El acompañamiento educativo debe partir de la persona y de las barreras que encuentra, no de una lista rígida asociada a un diagnóstico. Algunas estrategias pueden ser útiles cuando responden a necesidades concretas:
• Organizar las instrucciones y presentarlas de manera clara y secuencial.
• Dividir actividades complejas en pasos más pequeños.
• Anticipar cambios de rutina, evaluaciones o dinámicas de clase.
• Incorporar apoyos visuales cuando faciliten la comprensión.
• Ofrecer tiempos y modalidades de trabajo adecuados a la actividad.
• Diversificar las formas de demostrar conocimientos, cuando sea pedagógicamente pertinente.
• Establecer expectativas claras y mantenerlas altas, ajustando los apoyos y no el potencial del estudiante.
La clave está en personalizar los apoyos. Una herramienta que ayuda a un estudiante puede no ser necesaria para otro, incluso cuando ambos compartan un diagnóstico.
Unifranz lleva la neuroeducación al debate académico
Unifranz impulsa espacios de análisis sobre la relación entre cerebro, aprendizaje y educación. Las IX Jornadas de Neuroeducación e Innovación, organizadas por el Instituto de Neurociencia de Unifranz, reúnen conferencias, paneles, talleres prácticos, estudio de casos y espacios de discusión para conectar el conocimiento científico con situaciones concretas de los entornos educativos.
La neuroeducación plantea comprender mejor cómo se desarrolla y funciona el cerebro para tomar decisiones pedagógicas más informadas. En el caso de la neurodivergencia, esto supone avanzar de una mirada centrada exclusivamente en la dificultad hacia otra que identifique capacidades, necesidades y oportunidades.
“La neuroeducación es un boom. Lo que hacemos es un estudio desde la psicología, la psicopedagogía y otras ciencias. Estas van analizando para que el procesamiento sea mayor, para que tanto las estrategias técnicas y -las tácticas de la enseñanza-aprendizaje puedan guiar al docente”, agregó Robles.
De la dificultad a la oportunidad: una nueva pregunta para la educación
Acompañar a un estudiante neurodivergente no consiste en bajar la exigencia ni en aplicar una receta. Consiste en crear condiciones para que pueda participar, aprender y demostrar lo que sabe.
Por eso, la pregunta educativa puede cambiar. En lugar de comenzar con ¿qué dificultad tiene este estudiante?, el desafío es preguntarse: ¿qué podemos cambiar en el entorno para que pueda aprender y demostrar todo lo que es capaz de hacer?.
Ese cambio de perspectiva convierte a la inclusión en una tarea compartida entre estudiantes, docentes, familias, instituciones y sociedad.
“El desarrollo en la educación, va muy lento. No hay políticas, si hay desarrollo tecnológico. La ley y la sociedad nos deben acompañar en este proceso”, concluyó Robles.